Clases: el ingenioso método para cuantificar la disparidad en la apertura de escuelas según el distrito
Un informe del Observatorio de Argentinos por la Educación utiliza una curiosa variable que confirma que, en lo que va del año, los colegios porteños tuvieron mayor nivel de presencialidad que los del conurbano bonaerense
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Luego del cierre total de los colegios durante 2020, cuando se decretó la interrupción de clases presenciales por la pandemia del Covid-19, el regreso a las aulas al inicio del actual ciclo lectivo avanzó de manera dispar según los distritos del país. A mitad de marzo pasado, había muchas escuelas que en la provincia de Buenos Aires seguían cerradas pese a la decisión gubernamental de volver a la presencialidad. En ese momento, la denuncia llegó luego de un relevamiento de Padres Organizados que había registrado, al menos, que 262 establecimientos bonaerenses de gestión estatal continuaban con la enseñanza a distancia. Casi todos los cierres se debían a problemas de infraestructura y obras que habían quedado pendientes.
Ahora, a partir de los datos de consumo eléctrico de las escuelas, un informe del Observatorio Argentinos por la Educación estimó los niveles de apertura en la ciudad de Buenos Aires y en varios distritos de la provincia. “Los datos evidencian que, en lo que va de 2021, las escuelas porteñas tuvieron mayores niveles de apertura que las del conurbano bonaerense”, señala el documento, realizado con autoría de Guadalupe Rojo, del Centro de Estudios para el Desarrollo Humano de la Universidad de San Andrés; Gabriela Catri y Martín Nistal, analistas de datos del observatorio, y Víctor Volman, su director.
El estudio estima los niveles de apertura de colegios en la zona norte de la Capital y algunos municipios del conurbano bonaerense, entre marzo de 2019 y mayo de 2021. La selección de los distritos, aclaran desde el observatorio, se debe a la disponibilidad de datos. “Además del norte de la ciudad autónoma, se analizó el consumo eléctrico de las escuelas de Escobar, Esteban Echeverría, Ituzaingó, José C. Paz, La Matanza, Lomas de Zamora, Malvinas Argentinas, Marcos Paz, Merlo, Moreno, Morón, Pilar, San Fernando, San Isidro, San Miguel y Tigre –enumera el trabajo–. Y, a partir de la información disponible, se clasificó a cada escuela, para cada mes analizado, con un indicador que señala el grado de apertura según cinco niveles: cerrado, casi cerrado, intermedio, casi abierto y abierto”.

Uno de los valores agregados de este análisis radica en el intento de ofrecer una escala gradual sobre la presencialidad escolar, que escapa de la dicotomía apertura/cierre tantas veces cuestionada y más compleja de cuantificar, explican los autores. “Se intentó hacer un relevamiento sistemático basado en una medida relativamente objetiva, lo que cobra particular relevancia frente a la ausencia de información pública”, dicen los investigadores, que decidieron enlazar un mapa dinámico para la consulta abierta.
“Mucho se ha escrito hasta el momento sobre la profundización de la brecha educativa a partir de la pandemia. Por lo tanto, sería de vital importancia entender si hay un patrón en relación con el grado de apertura escolar y los factores socioeconómicos. El problema de la disparidad entre distritos se complejiza si aparece una asociación estadística entre desigualdad social y frecuencia o nivel de presencialidad –advierte Guadalupe Rojo–. La evidencia nacional e internacional ilustra que los daños asociados con el cierre de las escuelas aumentan para la población vulnerable. En condiciones de pobreza, la educación remota no es necesariamente virtual: esto significa que en la mayoría de los casos no se establece conexión entre la escuela y los alumnos, más allá de la entrega de cuadernillos. A los problemas de conectividad y falta de dispositivos electrónicos se suman las dificultades intrínsecas de las condiciones de habitabilidad, hacinamiento y menor presencia de los adultos para acompañar la educación en el hogar”.
Los datos que se desprenden del informe indican que, en 2019, se registraba una apertura generalizada, mientras que en marzo de 2020 el cierre total también era generalizado. “De marzo a julio de 2020, el comportamiento es estable en niveles bajos. En meses posteriores, se observa un incremento, en parte por estacionalidad, hasta diciembre de 2020″, describe el documento, y añade que es a partir del ciclo lectivo actual cuando empiezan a observarse las disparidades. “En mayo de 2021 se observa que solo 4,1% del total de escuelas analizadas estaban abiertas y el 50,8%, cerradas. Además, el 27,4% se encontraron casi cerradas; el 11,8%, con apertura intermedia, y un 5,9%, casi abiertas”, enumera.
Cada establecimiento analizado fue señalado en un mapa con un color según el nivel de apertura; rojo para cerrado, naranja para casi cerrado, amarillo para intermedio, verde claro para casi abierto y verde oscuro para abierto. En territorio porteño, se puede observar una repetición de puntos en distintos tono de verde y, en menor medida, amarillos, mientras que en la provincia predominan los puntos rojos y naranjas. Esto, según el observatorio, muestra a simple vista las disparidades entre un distrito y el otro.
LA NACION consultó sobre los porcentajes que corresponden a cada nivel de apertura discriminados a uno y otro lado de la General Paz, pero esa información no fue brindada.
“No nos llama la atención los resultados de este nuevo informe, es lo que venimos viendo desde principio de año. Siempre la Ciudad tuvo mejores resultados con la presencialidad efectiva –reconoce Joaquín Gardel, que es realizador audiovisual y uno de los referentes de la agrupación Padres Organizados en la provincia de Buenos Aires–. Numerosas veces hicimos relevamientos. En marzo pasado habíamos detectado que 262 escuelas estaban cerradas, aunque ese informe no incluía a La Matanza, con lo cual el número debería ser mayor. Pero nuestro alcance es limitado”.

Para Verónica Gottau, investigadora del Centro para la Evaluación de Políticas basadas en Evidencia (CEPE) de la Universidad Torcuato Di Tella, la escuela tal como la conocemos hoy fue pensada para la presencialidad, porque el aprendizaje se nutre con la interacción y el estímulo del otro. “No se puede aprender en la soledad de una pantalla. Una escuela cerrada no solo coarta posibilidades de aprendizaje, sino que también deja a los niños y niñas sin un espacio que les es propio. Mis años de docencia me han enseñado que la calidad del vínculo determina la calidad del aprendizaje”, indica.
Encuesta de Padres Organizados
En simultáneo al informe del observatorio, los Padres Organizados de la provincia de Buenos Aires dieron a conocer los resultados preliminares de un nuevo relevamiento sobre la vuelta a la presencialidad que se hizo en 89 municipios bonaerenses, sobre el total de 135. Se entrevistaron 2015 familias, que en su mayoría (77%) mandan a sus hijos a colegios privados con y sin subsidio estatal; el 18% restante estudia en escuelas de gestión estatal. Entre los principales resultados se destaca que el 80% de los alumnos van cuatro o más horas a clases presenciales los días que asisten al colegio. Por otro lado, en el nivel inicial de las escuelas estatales la mayoría asiste tres horas, a diferencia de lo que ocurre en las escuelas privadas, donde la mayoría concurre cuatro horas. “En el nivel primario y secundario, se mantiene la tendencia de cuatro horas en ambos tipos de gestión, con un leve aumento de la participación relativa de quienes asisten tres horas solamente en las escuelas de gestión estatal”, detalla el documento. Agrega que, en cuanto a la cantidad de días de asistencia por mes, una tercera parte va todos los días.
“Un 40% asisten entre 10 y 15 días al mes, siguiendo un protocolo de alternancia de asistencia presencial según semanas, y un 25 % concurren cinco días o menos al mes. Además, se constató que hay siete escuelas que no tienen presencialidad aún”, remata el informe.
Nuria Fortunato es la vocera de PO de San Isidro, y dice que la palabra “inequidad” representa lo que generó la política educativa de la pandemia. “En la provincia hay una enorme disparidad entre los chicos que van a una institución privada sin subvención comparados con el resto. Nuestro lema ahora es cómo se va a planear el año próximo. Hay que saber dónde estamos parados, porque la situación es muy desigual. Después de las vacaciones de invierno se logró un incremento de horas, es cierto, pero sigue siendo intermitente, porque como los cursos siguen divididos en burbujas los chicos no pueden ir a la escuela todos los días”, describe.
Desde el punto de vista del aprendizaje, Flavio Buccino, maestro y especialista en gestión educativa, opina que la pandemia obligó a ser más creativos, y a reenfocar los recursos materiales y humanos para que la vuelta a la presencialidad sea la mejor posible. “Teniendo en cuenta que los cierres complican en mayor medida a los sectores más vulnerables de la sociedad, hay que profundizar en formatos novedosos que todavía no han sido del todo bien aprovechados. Puede convertirse en una fabulosa oportunidad de mejora de la gestión del sistema educativo, avanzando en compromisos entre los diferentes niveles de gobierno: nacional, provincial y municipal”, considera.
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