
Clausuraron una planta industrial que contaminaría
Mal olor: la Municipalidad de Vicente López cerró en forma preventiva un establecimiento de Atanor que emitiría gases tóxicos.
1 minuto de lectura'
La planta de la empresa química Atanor, situada en Munro, fue clausurada preventivamente ayer por la Municipalidad de Vicente López debido a que representaría una posible fuente de contaminación.
La medida cautelar decidida por el intendente Enrique García (UCR) fue tomada a raíz del primer informe elevado a la Comuna por la doctora Norma Vallejo, jefa de la cátedra de Toxicología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y de la Unidad Toxicológica del hospital Fernández.
Vallejo investigó las afecciones que habrían sufrido, presuntamente por las emanaciones de la planta clausurada, varios vecinos que denunciaron a la empresa.
La especialista consideró "que la continuidad de la exposición a las emanaciones de la población que vive en la zona implicaría un riesgo cierto".
"No voy a esperar desgracias para actuar. Esta es una primera medida, vamos a presentar al Concejo Deliberante un proyecto de ordenanza rectora para que, con tiempo prudencial, las industrias de este tipo puedan trasladarse de Vicente López a zonas donde no haya esta gran densidad poblacional que las hace transformarse en verdaderas bombas de tiempo", afirmó el intendente García.
La posición de la empresa
Atanor, por su parte, negó hasta ayer que produjera gases contaminantes o efluentes riesgosos, pero aceptó la medida y se sometió al poder de policía con que cuenta la Municipalidad. La clausura preventiva podría convertirse en definitiva cuando la Secretaría de Política Ambiental de la provincia de Buenos Aires analice la totalidad de las pruebas ofrecidas y termine de estudiar las muestras tomadas.
La firma, que fue vendida en febrero último por el grupo Bunge y Born al empresario norteamericano Denis Alboug, hace pocos días difundió su plan de invertir 40 millones de dólares para producir herbicida de soja y algodón en su planta de San Nicolás.
El destino de su producción, informaron en la empresa, será el mercado de los Estados Unidos, y es una de las principales productoras de formol para el mercado latinoamericano.
Casi vacía
En Munro, por el contrario, no se observan, a simple vista, inversiones tecnológicas y ayer la planta, cuando llegaron los agentes municipales para clausurarla, estaba casi vacía y se veía prolija.
Esta situación contrasta con los videos nocturnos tomados desde las terrazas de los vecinos que muestran el tránsito de camiones, toneles a granel, algunos no rotulados, y una chimenea que ventea gases.
En el decreto firmado por el jefe comunal consta que obran en la Municipalidad actuaciones anteriores por denuncias similares contra la empresa.
Para arribar a la clausura trabajaron diversas áreas y se continuará con un estudio de impacto ambiental; para todo lo actuado la administración no escatimó recursos e inclusive está solventando la atención y medicamentos de la población que se considera afectada.
De acuerdo con los defensores del medio ambiente, el desarrollo debe ser sustentable.
"Las exposiciones crónicas a productos elaborados por la industria química -sostiene el informe médico- dilata las pupilas de los adolescentes y niños, produce broncoespasmos y neumonías, distrofias de uñas y piel, alergias diversas e inespecíficas, erupciones, encefalitis, nefritis, hepatitis tóxicas, retraso madurativo en chicos y otras patologías."
Clara Villamayor y María Florencia Fernández, ambas de un año, los adolescentes Vanesa y Daniel Machuca, las familias Longarini, Rivas, García, Romero y Araya, Cladys Cruz (en grave estado) y Adolfo Ferreyra no son los únicos afectados, sino sólo los que no tuvieron miedo y se decidieron a deambular por hospitales, laboratorios y tribunales para pelear por su salud y sus devaluadas casas, pero suyas.
Después de un largo camino, para algunos de casi once años de reclamos, se abrió una esperanza: la de que en el futuro puedan vivir y dormir tranquilos, aunque para algunos de estos pacientes la situación sea irreversible.
Alivio para los vecinos
"Bendito sea Dios", dijo Graciela Fernández, mamá de María Florencia, de un año, cuando se puso la última faja de clausura a la química. La beba, al parecer como fruto de la contaminación, no puede mover un bracito y su cerebro muestra en las tomografías una nítida mancha.
No todos los vecinos ven la planta como un peligro, piensan que se enferman porque sí. No es el caso de este este grupo que, con una mezcla de angustia y alegría, aplaudió cuando el inspector general de la Comuna, Alejandro Ventureira, terminó el operativo de clausura.
"Nosotros no estamos en contra de Atanor por sólo estarlo, ni de los que trabajan en ella; hay empleados que tienen problemas de salud, pero defienden la fuente de trabajo aun a costa de la vida. No sé si la planta podría trabajar con mejor tecnología y no contaminar. Lo cierto es que está en medio de la población: sentimos los olores en el aire, que a veces viene de las rejillas, explosiones subterráneas y tenemos miedo de no levantarnos al día siguiente", agregó Estela Longarini.




