
Cómo es esta nueva clase social emergente
Son trabajadores o emprendedores que basan su actividad en el conocimiento. Crean formas, diseños y funciones que pueden usarse y transferirse de manera inmediata. Son meritocráticos, abiertos y valoran la diversidad. Algunos sostienen que pueden ser individualistas, pero otros destacan su capacidad para el trabajo colaborativo, clave en lo que también se conoce como wikinomics: la economía basada en la colaboración masiva.
Cuando en un barrio o en una ciudad se concentra una masa considerable de esta nueva clase social -cuya "conciencia de clase" es asumida de manera cada vez más clara-, esa área empieza a generar valor económico a partir de sus creaciones, sean diseños, patentes, software o entretenimiento.
El concepto "clase creativa" fue desarrollado por el intelectual estadounidense Richard Florida en su libro The Rise of Creative Class, de 2002, que rápidamente se convirtió en best seller y dio lugar a más títulos: Cities and creative class (2004) y The Flight of the Creative Class (2007), entre otros.
Florida, director del Martin Prosperity Institute de la escuela de administración Rotman en la Universidad de Toronto, tiene un generoso club de críticos y detractores, integrado principalmente por académicos que cuestionan las conclusiones y metodologías de sus trabajos, y periodistas que lo acusan de inventar un nuevo elitismo. Pero la influencia de aquella mirada -sobre todo en la planificación urbana- llega hasta nosotros y puede verse en Palermo Hollywood o el flamante Parque Patricios tech.
Lejos de aquel aparente elitismo, la creatividad se está democratizando. Y esta clase ya no es un reducto selecto e inmóvil de científicos, ingenieros, profesores universitarios, poetas, novelistas, artistas, diseñadores, arquitectos, investigadores o programadores (como enumeró Florida). Hay una movilidad creativa ascendente que ya se palpa y empieza a verse en todas partes.





