
Cómo es la balsa del Tunante II que fue hallada el domingo
Tiene botiquín de primeros auxilios, raciones de agua y alimento, y otros elementos para aumentar las chances de supervivencia ante un naufragio
1 minuto de lectura'
Tras 50 días de búsqueda, una luz de esperanza se encendió esta semana con el hallazgo de una balsa que luego se comprobó que pertenecía al Tunante II, el velero argentino desaparecido en aguas brasileñas.
La balsa estaba sumergida, próxima a la superficie, en estado bastante degradado, con raspones en su estructura y sin sobrevivientes o cuerpos. Además se encontraron objetos personales de uno de los viajeros.
Este tipo de balsas en general viene acompañada de elementos que permiten aumentar las chances de supervivencia ante un naufragio.
Según explicó Gustavo Bidone, experto en seguridad marítima, en diálogo con C5N, en la balsa hay un botiquín de primeros auxilios, un kit de reparaciones, parches, un aro con cabo para rescatar a los que caigan al agua y pastillas contra el mareo.
Además, hay raciones de alimento y de agua, en general pensadas para durar al menos cuatro días. La balsa cuenta también con un dispositivo de recolección de agua de lluvia.
El hallazgo
La balsa fue recogida el domingo por el barco pesquero brasileño Kopesca I, unas 200 millas al este de la localidad de Tramandaí, en Rio Grande do Sul, a la altura de Porto Alegre. Ayer se confirmó que se trataba de la balsa del Tunante II.
Según indicaron las autoridades argentinas, en el interior de la balsa se encontró la cédula de identidad de uno de los pasajeros, así como billetes de pesos uruguayos y restos de vestimentas.
La desaparición
Los cuatro tripulantes del Tunante II habían zarpado del puerto bonaerense de San Fernando el 22 de agosto con destino a Río de Janeiro, adonde pensaban llegar en 15 días. Habían planeado dejar el velero en Río y regresar a Buenos Aires en avión, para volver a buscar la embarcación durante el verano. Navegaron sin problemas el primer fin de semana, pero tuvieron unos inconvenientes con el velero que los obligaron a recalar en La Paloma, Uruguay. Allí se reabastecieron de agua y alimentos, y reanudaron el viaje el martes 26, aunque el pronóstico del tiempo no era muy bueno.
Por la tarde de ese día, una fuerte tormenta, con vientos de 70 km/h y olas de hasta ocho metros, hizo dar una vuelta de campana el velero y quebró su mástil. Aun en esas condiciones, los cuatro consiguieron superar la tempestad en buen estado y habían quedado a la deriva, según alcanzaron a informar vía teléfono satelital aquella noche.
En la última comunicación con sus familiares, buscaron darles tranquilidad; indicaron que tenían chalecos salvavidas, comida y pastillas potabilizadoras por unos 20 días, y también cañas de pescar.
Desde entonces se inició una intensa búsqueda, hasta el momento sin resultados positivos.





