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Inclusión

Cómo funciona Aphe, un taller de cocina y serigrafía para personas con discapacidad

Lucía Cullen
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8 de febrero de 2019  • 14:59

Sobre un tablón de madera, Paula Leiva (34) revuelve la mezcla de galletas de avena y Damián Díaz (41) corta la masa de grisines. Santiago Puriccelli (36) los enrolla y los va colocando en la placa para que otro de los operarios los lleve al horno. "¿Qué es lo que me llena el corazón? El hecho de que nuestros clientes disfruten de las recetas que hacemos en equipo. Eso me hace sentir valioso", dice Damián, una de las 30 personas con discapacidad que trabajan en el Taller Protegido de Producción Aphe en la localidad de Bernal .

Aphe es uno de 180 talleres protegidos de la Provincia de Buenos Aires que la Dirección de Discapacidad del Ministerio de Desarrollo Social asiste para promover la inclusión socio laboral de las 5000 personas con discapacidad que participan del programa.

Este emprendimiento -pensado en clave de empresa social- posee tres unidades de trabajo: panadería, serigrafía y ensamblado. Cada área cuenta con dos supervisores. Los trabajadores desempeñan las tareas según sus capacidades y las necesidades del sector.

Roxana y Matías en el sector de panadería
Roxana y Matías en el sector de panadería

El aroma a galletas horneadas se siente desde el salón de serigrafía, contiguo al área de panadería. Martin Crocci (42) y Lucía Grand (32) son los encargados esta mañana de cortar las telas y ponerlas en la máquina estampadora que dejará impreso el sello "Esta bolsa está realizada por trabajadores con discapacidad del taller protegido de Aphe", en cuestión de segundos . Marcelo Cabana (41) lleva todo a la secadora. Una cortina negra y una lámpara adornan el salón que años atrás hacía las veces de una sala de teatro.

La Asociación de Padres de Hijos Especiales (Aphe) fue creada en 1996 por un grupo de padres de personas con discapacidad intelectual leve y moderada, con el fin de brindarles a sus hijos un espacio socio inclusivo una vez que egresaban de la escuela secundaria.

"Inicialmente ofrecía talleres recreativos de teatro y computación de forma itinerante. En 2001 lograron comprar esta sede y en 2005 decidieron ampliar la perspectiva institucional hacia una instancia laboral inaugurando el primer y único Taller Protegido de Producción de Quilmes . Desde entonces trabajamos a diario para fomentar el desarrollo personal y la integración social de los operarios", cuenta Victoria Araujo, actual coordinadora de esta organización sin fines de lucro.

Martín Crocci en el sector de serigrafía
Martín Crocci en el sector de serigrafía

La unidad de panadería, que lleva el nombre de "Sabores Especiales", está liderada por cocineros profesionales que ofrecen capacitación y seguimiento permanente a los trabajadores. El primer día que Damián Díaz ingresó al sector le pusieron una receta de pepas sobre la mesa y le dijeron: "Hacela". Se trataba de su primera experiencia laboral. En ese entonces él tenía 25 años y nunca había tomado una cuchara de madera. "Empezó como un juego y ahora me siento orgulloso de todo lo que fui logrando. Ojala algún día me contraten en una panadería profesional", se ilusiona Díaz, cuya especialidad son las medialunas, pero también cocina masas finas, alfajores, pre pizzas, entre otros productos dulces y salados que produce la marca.

Empezó como un juego y ahora me siento orgulloso de todo lo que fui logrando
Damián Diáz

La cartera de productos se distribuye en restaurantes, comercios, supermercados establecimientos educativos y empresas de la localidad. A su vez la marca ofrece un servicio de catering integral para eventos.

Matías y Analía exhibiendo la cartera de productos de la marca "Sabores Especiales"
Matías y Analía exhibiendo la cartera de productos de la marca "Sabores Especiales"

En la sala de ensamblado, cuelgan unos banderines de colores y suena una música de fondo. En un mueble reposan juguetes, láminas, útiles que producen los operarios. Las mesas están atiborradas de tuercas, tornillos, papeles y pinzas. "Hoy nos encomendaron unas cartucheras pero el trabajo es diverso: desde etiquetado, embolsado, hasta el armado de cajas", dice Juliana Periscian (31), mientras toma el porta lápices que meses atrás fue intervenido por una ONG que trabaja con personas en situación de encierro.

Trabajo en red

Los productos de Aphe son parte de un entramado solidario: La empresa social Red Activos-que funciona como intermediaria entre el sector privado y los talleres protegidos- les encomienda trabajos de empresas que tercerizan parte de su producción, fomentando así tanto políticas inclusivas como la autonomía de las personas con discapacidad. "Esto nos convierte en una marca competitiva porque nos obliga a entregar trabajos de calidad y dentro de plazos determinados. A su vez, también llevamos adelante producciones propias como la confección de eco bolsas que se adaptan a las necesidades del cliente", explica Araujo.

Algunos de los trabajadores, como Damián, que tiene movilidad reducida, vienen acompañados por sus padres y otros llegan por su cuenta desde distintos barrios cercanos. Además de poder desarrollar sus potencialidades, muchos encontraron en Aphe una comunidad. A Leiva la trayectoria en la cocina le reveló su vocación y en ese sector conoció a su pareja. Crocci se incorporó en 2014. "Al mes de que empecé me ofrecieron más del quíntuple de lo que me pagaban acá en otro trabajo. Pero ya había tenido experiencias laborales en empresas y nunca me había sentido tan en casa como en Aphe así que decidí rechazar la oferta", dice.

Trabajadores en el sector de ensamblado
Trabajadores en el sector de ensamblado

A pesar de que la naturaleza de Aphe es constituir una instancia previa y transitoria al mercado laboral, la mayoría de los operarios tienen una larga trayectoria en el lugar. Periscian es parte de Aphe desde hace 12 años. "Al principio fue un desafío pero ahora me gustaría conseguir otro trabajo porque la paga es muy poca para una jornada de 8 horas. Hice un curso de capacitación para el empleo en la UCA y toqué puertas de empresas pero no recibí respuestas. Somos ciudadanos activos, tenemos el mismo derecho de trabajar y recibir un salario digno como cualquier otra persona", expresa.

Tenemos el mismo derecho de trabajar y recibir un salario digno como cualquier otra persona
Juliana Periscian

Aphe recibe un incentivo de parte del Estado, pero su balance contable no le permite aumentar las compensaciones de sus trabajadores, según Araujo. "Cada institución tiene una beca de $1320 por operario y un peculio para el operador de $1100", explica Santiago López Medrano, ministro de Desarrollo Social de la Provincia. A su vez, cada trabajador de Aphe percibe un plus de $500 del Ministerio de Trabajo de la Nación.

A las 16.30, es hora de volver a casa. Los operarios toman sus pertenencias y van atravesando la puerta que según dicen "fue un punto de inflexión en sus vidas".

Como colaborar con Aphe

A través de la compra de sus productos o donaciones. Para mayor información, contactarse por medio de aphetalleres@hotmail.com

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