Condena por el crimen de Zarza
Su ex pareja deberá cumplir una condena de 21 años de prisión
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NEUQUEN.- La Cámara Primera condenó ayer a Nicolás Rinaldi a 21 años de prisión por el crimen de María Alejandra Zarza, una joven embarazada de casi ocho meses que fue asesinada en febrero de 2002.
En fallo dividido, los jueces encontraron a Rinaldi, ex pareja de la víctima, responsable del delito como "partícipe necesario de homicidio simple cometido con dolo eventual".
La de ayer fue la segunda sentencia que se dicta en este caso. En abril del año pasado, la Cámara Segunda, en fallo unánime, había dispuesto la libertad de Rinaldi al considerar que no había pruebas suficientes. El asesinato de Zarza conmovió a Neuquén por la crueldad y por la desaparición del feto. Esa sentencia fue anulada por el Tribunal Superior de Justicia, que, en votación dividida, ordenó realizar un nuevo juicio. Ayer culminó el nuevo proceso y los camaristas Luis Silva Zambrano e Isolina Osti de Esquivel hallaron culpable a Rinaldi.
"La presión familiar por la relación con María Alejandra Zarza y el rechazo del imputado al embarazo de la víctima fueron el motivo que tuvo para entregarla clandestinamente a extraños y borrar todo vestigio del feto", afirmó la jueza Esquivel, según informó la agencia Télam.
En disidencia, el juez Luis María Fernández consideró que no había elementos para condenar a Rinaldi.
Como estaba en minoría y sus pares de la Cámara fijaron una pena de 21 años contra el imputado, Fernández opinó que a Rinaldi, de 29 años, le correspondía entonces una pena de ocho años de prisión.
María Alejandra Zarza, que trabajaba en el Poder Judicial provincial, desapareció el 19 de febrero de 2002 después de reunirse con Rinaldi.
La víctima estaba por recibirse de maestra jardinera y estaba embarazada de siete meses y medio. Rinaldi ponía en duda su paternidad y reclamaba una prueba de ADN. Esa noche, la joven no regresó a su hogar.
Zarza estuvo varios días desaparecida y su cuerpo apareció, semidesnudo, una semana después en la tosquera de una cantera de ripio situada en un barrio de la periferia de esta capital.
El cuerpo de la víctima presentaba marcas de una patada en la pierna y le faltaban los dientes. El feto le había sido arrancado y nunca se lo pudo hallar.
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