
Cóndores e historia en el San Martín
Al borde del lago más solitario de la Patagonia, un pequeño museo familiar ilustra sobre los pioneros de la región
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ESTANCIA LA MAIPU, Santa Cruz.- Un suave y extraño sonido que viene de arriba hace levantar automáticamente la cabeza al desprevenido cronista.
Unos 10 metros más arriba, dos enormes figuras aladas brindan la explicación de inmediato. Son dos inmensos cóndores casi estáticos en el aire, que nos miran con curiosidad y que con las puntas de sus alas abiertas producen un aterciopelado "shhh, shhh" por el paso del aire entre las plumas separadas que canalizan el viento.
La imagen es impresionante. Y se repite a cada rato en esos verticales acantilados a unos 1500 metros de altura que rodean el extremo occidental del lago San Martín, uno de los puntos más bellos, lejanos y aislados de la Patagonia austral.
Allí abundan los cóndores casi como en ningún otro lado de la cordillera, con excepción del cercano y no menos solitario lago Belgrano.
La ausencia de personas en la región es la que explica la aparente despreocupación de los cóndores, que se acercan tranquilamente y hasta observan a un costado y a otro con netos movimientos de cabeza antes de alejarse como verdaderos planeadores hacia las alturas.
El lago San Martín sólo fue descubierto en 1877 por el infatigable perito Francisco P. Moreno -que lo bautizó con ese nombre y llamó con hitos de la gesta de los Andes a los principales accidentes geográficos del lugar (Maipú, Chacabuco, Cancha Rayada)-, y hasta comienzos de este siglo no hubo allí ningún asentamiento humano.
Una historia del siglo
La soledad sigue siendo una de las características propias de esta región en la que sólo hay grandes estancias de tanto en tanto, como La Maipú, de la familia Leyenda, antiguos pobladores de la zona, emplazada en un lugar que tiene además un valor histórico digno de ser contado.
Allí se instalaron en 1901, a instancias del perito Francisco P. Moreno, los hermanos ingleses Joseph y Hugh Lively, primeros pobladores del lugar, cuyo asentamiento sirvió para hacer valer la defensa argentina sobre la región ante el arbitraje del rey de Inglaterra, que estableció la frontera definitiva entre la Argentina y Chile.
En el laudo de 1902, el lago San Martín quedó dividido entre su porción vinculada con el Atlántico y la que deriva hacia el Pacífico, que pertenece a Chile, donde se llama lago O´Higgins.
Pero la historia de los hermanos -que eran cuatro, en realidad- tuvo derivaciones dramáticas varios años más tarde, cuando el pionero Joseph Lively, el que había sido invitado por Moreno a radicarse en el lugar, partió a la Primera Guerra Mundial, en 1914. Como muchos pioneros del extremo sur, Lively era hombre de dos patrias, la original y la adoptada, y ante el estallido de la guerra se sintió obligado a cumplir con la defensa de su tierra natal.
Cuando volvió a su estancia, al concluir la guerra, herido pero sobreviviente, Joseph Lively se encontró con que su hermano Hugo había colocado a su nombre la enorme propiedad de casi 40.000 hectáreas.
Sin decir una palabra, Joseph se retiró a una suerte de refugio dentro del mismo campo para no hablar nunca más con su hermano, por lo que consideraba una traición injustificable.
Décadas más tarde, Hugo Lively intentó un acercamiento, pero el hermano ofendido nunca quiso aceptar explicaciones. Prefirió recluirse para siempre con su esposa -no tenían hijos-, sus libros y sus observaciones sobre la región. Cuando Hugo vendió la estancia en 1942 al actual propietario, don Aureliano Leyenda - hijo de una antigua familia de Santa Cruz que poseía el hotel Lago San Martín, donde paraban los viajeros de entonces- , Joseph Lively pidió simplemente seguir viviendo en su pequeño refugio hasta su muerte.
Con dignidad hasta el fin, propuso que, para no vivir de prestado, se haría cargo de producir todos los días el pan necesario para el consumo de la casa principal de la estancia, a la que llegaba cotidianamente a pie, desandando un camino de varios kilómetros.
Adoptado como amigo por Aureliano Leyenda, Joseph Lively -para entonces ya Don José- vivió allí hasta su muerte, sucedida en 1972, a los 98 años. Durante más de 30 años no se movió del lugar, no vio jamás a un médico ni tenía interés alguno en visitar una población urbana.
Cuando la familia Leyenda ordenó las pertenencias que quedaban en su refugio se descubrió lo que era previsible: Joseph Lively había sido un hombre de esmerada educación en Inglaterra. Fotos de su paso por el Brighton College, al sur de Londres, y una notable colección de libros y recortes de prensa de toda su vida demostraban que su mente volaba como los cóndores de la región que tanto le atraían.
También tenía cartas intercambiadas con el perito Moreno, mapas de la época, los titulares de La Prensa y de La Nación de principios de siglo sobre el laudo arbitral de 1902 y un detalladísimo diario de muchos años en el que relataba desde los datos climáticos de cada día hasta observaciones del trabajo con las ovejas, la lucha con los pumas o comentarios sobre la marcha de la Segunda Guerra Mundial.
Magnífico museo
En lo que fue su casa hasta el fin se levanta hoy un pequeño pero interesantísimo museo.
Todos los elementos fueron clasificados y ordenados por María Inés Leyenda, hoy a cargo de la estancia, que abrió las puertas de ese pedazo de historia para los visitantes que llegan al lejano pero paradisíaco rincón de La Maipú.
Hay allí elementos de trabajo, ropas de la época, muchos libros, prismáticos, fusiles, fonógrafos, el avanzado equipo de radio con el cual Lively escuchaba directamente la BBC de Londres y todos los cuadernos con las anotaciones cotidianas.
María Inés Leyenda, que también posee una valiosa biblioteca personal en el casco principal de La Maipú, se encarga de preservar y ordenar todo cuidadosamente. "Armo y desarmo la colección en cada temporada para que todo quede bien guardado durante el invierno", explica.
Huelga decir que los inviernos en el lago San Martín suelen ser extremadamente duros.
Así está descripto en los cuadernos de Lively, verdadero cronista de la región, cuyos testimonios sirven hoy de historia viviente en La Maipú.
Mañana: Luces y sombras del progreso en El Chaltén .
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