Otro satélite argentino se va al espacio

Será puesto en órbita dentro de 8 días, desde Vandenberg, EE.UU.
Nora Bär
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1 de junio de 2011  

En la punta de un cohete Delta II de casi 40 metros de altura, el SAC-D/Aquarius, el nuevo satélite de teleobservación diseñado y construido por más de 200 investigadores, científicos, ingenieros y técnicos argentinos ya está plegado y listo para ser puesto en órbita dentro de ocho días, tras vencer la gravedad terrestre envuelto en vértigo y ráfagas de fuego.

Este verdadero observatorio del océano, el clima y el ambiente, encerrado en una estructura octogonal de aluminio, lleva a bordo nueve instrumentos (uno norteamericano, dos franceses, uno italiano y cinco construidos íntegramente en el país). Ellos permitirán medir con una precisión sin precedente la salinidad de los océanos, la humedad y temperatura del suelo y los cuerpos de agua continentales, la intensidad de las luces nocturnas, la cobertura de nieve, la precipitación, la velocidad de los vientos, la concentración de hielos y los efectos de la radiación cósmica sobre dispositivos electrónicos. Todo ello entre otros parámetros que los científicos consideran estratégicos para mejorar los modelos climáticos, generar alertas tempranas de inundaciones y sequías, y hasta seguir las huellas de la dispersión de enfermedades. "Esto muestra que la Argentina sigue estando en la frontera de la exploración espacial en el área de observación de la Tierra", afirmó ayer el doctor Conrado Varotto, director ejecutivo de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales, que tuvo a su cargo el desarrollo del proyecto. Y agregó el ingeniero Fernando Hisas, coordinador del programa SAC-D/Aquarius: "Se trata de una misión científica de primer nivel que no sólo es importante para nosotros, sino también para el resto de la comunidad internacional, que está esperando estos datos para terminar de entender el funcionamiento del sistema climático".

Construido en Bariloche por Invap, el SAC-D es el cuarto satélite de una serie que comenzó en 1996, con el SAC-B, siguió en 1998, con el SAC-A, y continuó con el SAC-C (el primer satélite de teleobservación operacional construido en el país y que, con 10 años en órbita, ya lleva más que duplicada su vida útil), lanzado en 2000.

Su concreción señala también un progresivo avance en complejidad tecnológica: "El SAC-D pesa más de 1300 kg, que es más del doble de lo que pesaba el SAC-C. Cada gramo en órbita cuesta mucho, hay que justificarlo muy bien -aclaró Hisas-. Además, paralelamente incrementamos el proceso de integración en el país; es decir, cada vez hacemos una mayor parte de los proyectos localmente".

Para Hisas, la importancia del plan espacial nacional radica no sólo en la producción de conocimiento, sino también en que hace posible el trabajo de científicos y técnicos argentinos en proyectos del más alto nivel internacional y de alta complejidad tecnológica, en los que la confiabilidad y la calidad son claves.

"Uno no puede subir al espacio para reparar un satélite -comentó-. En este proyecto, la participación de la Conae fue del 15 al 20%. El resto fue aportado por universidades, centros de investigación del sistema científico nacional y empresas. Esta cultura es imprescindible para manejarse en el espacio, pero también es valiosa en la actividad industrial y económica, aquí en la Tierra. Muchos de los que participaron de este desarrollo después tal vez tomen parte en empresas o compañías y se llevaran esta cultura consigo. Es importante para que de una vez por todas terminemos con el «lo atamos con alambre» y podamos construir una industria sólida, confiable."

Tal vez una de las pruebas más categóricas del alto nivel de calidad que viene sosteniendo la agencia espacial local radique en el proceso que generó este satélite: el SAC-D nació a partir de una invitación de la NASA a la Conae para que participara de una selección de misiones en la que esta última resultó ganadora.

En esta misión conjunta, cuyo costo estimado ronda los 320 millones de dólares (260 aportados por la agencia norteamericana y 60, por la Conae), la NASA contribuye con el instrumento principal, un radiómetro que mide mínimas variaciones en la salinidad del océano. "Hasta ahora este dato se conocía muy parcialmente, porque se obtenía a través de boyas y embarcaciones -explicó la doctora Mónica Rabolli, coinvestigadora principal de la misión-. Conocer el contenido de sal de mares y océanos es importante para entender las interacciones entre el ciclo del agua, la circulación oceánica y el clima, por lo que esto mejorará nuestra posibilidad de elaborar modelos climáticos a largo plazo."

A bordo también viajan una cámara infrarroja para el monitoreo de fuegos y volcanes, un sistema de colección de datos meteorológicos provenientes de estaciones meteorológicas terrenas, un "paquete de demostración tecnológica" para determinar la posición del satélite y su velocidad y un radiómetro de microondas para determinar velocidad del viento, contenido de vapor de agua y otros datos.

La estación de recepción de datos satelitales de Falda del Carmen, en Córdoba, será la encargada de la operación del satélite y de reunir toda la información que envíe, que luego pondrá a disposición de la comunidad académica, pero también de la actividad económica y del público general.

"Queremos que la información satelital esté a disposición de todos y sea utilizada diariamente -dijo Varotto. Y luego finalizó-: El sueño de mi vida es poder anticipar un terremoto seis meses antes de que se produzca..." El SAC-D, que será lanzado el jueves de la semana próxima desde la Base Vandenberg, en California, contribuirá a hacerlo realidad. Al menos en parte.

La vuelta al mundo en siete días

El SAC-D/Aquarius, que obtendrá datos de todos los mares en siete días, es fruto de una colaboracion internacional que reúne a seis agencias espaciales. La NASA provee el instrumento principal y el lanzamiento. La Agenzia Spaziale Italiana aporta un sensor para determinar perfiles de temperatura, presión y humedad atmosférica. El Centre National d’Etudes Spatiales, de Francia, aporta dos detectores de efectos de la radiación cósmica en componentes electrónicos, y distribución de micrometeoritos y desechos espaciales. La Canadian Space Agency colabora con el desarrollo de una cámara infrarroja. Y el Instituto Nacional de Pesquisas Espaciais de Brasil, ofreció las instalaciones para realizar las pruebas previas al lanzamiento. La Conae se hizo cargo del satélite y de cinco instrumentos.

Por: Nora Bär
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