
Corazones desatados
El domingo se inicia esta serie de relatos de ficción sobre los fulgores y frustraciones del amor; aquí, un adelanto de estas narraciones imperdibles que encontrará durante enero y febrero en LA NACION Revista
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Fernández, un veterano periodista con cientos de batallas encima, acepta el extraño encargo de una editora enamorada. Ella afirma que los diarios no escriben sobre los sentimientos, y le pide a Fernández que salga a la calle a relevar los enamoramientos, los amores contrariados, los fulgores y desengaños, los odios, las envidias y las amistades quebradas de la gente común.
El periodista irá narrando, semana tras semana, las increíbles vueltas de tuerca del amor y la labilidad de los sentimientos humanos, en esta serie de ficción imperdible de La Nación Revista llamada "Corazones desatados", que comenzará el domingo 8 de enero y que será ilustrada por Liniers.
Adelantamos aquí un pequeño fragmento:
"Se parecía muchísimo a Fernández: tenía cuarenta y pico, padecía la enfermedad de no creer en nada y buscaba refundar su vida. Sin embargo, los diferenciaba algo central: Pacheco se había enamorado de su amante y quería casarse con ella. Gerente de una multinacional, sin hijos, muy lejos de la andropausia, con muchas horas de gimnasio y buena presencia, Pacheco era un buen candidato en el mercado de los hombres solos. Recién separado se dedicó a tener muchos amoríos, pero conoció el amor en los prefacios del divorcio. Cuando éste finalmente quedó firmado en un juzgado civil, el amigo de Fernández sintió los irrefrenables deseos de repetir el error. Le propuso a la señorita Pazos boda, pompa y circunstancia.
Los había presentado el propio Fernández: Pazos era una secretaria ejecutiva de una empresa de servicios, y había vivido en tortuoso concubinato con un escritor de folletines durante más de una década. Luego había roto esa relación, había hecho el duelo y se había puesto siliconas: era una chica de buen ver. Cuando Pacheco la conoció en la intimidad y en la penumbra, y comprobó que había química entre ellos, sintió un pinchazo en el corazón y la quiso para siempre. Ella, sin embargo, tenía buena memoria, y sabía lo que era equivocarse con la pasión y también los frutos amargos que acechan en la convivencia. De modo que se entregó a los fuegos de Pacheco, pero sin quitarse el traje de amianto.
Vivieron realmente un incendio. La ciudad era un mapa de sus paseos, de sus falsas rupturas, de sus fogosas reconciliaciones y de sus juegos de seducción. Todas las mañanas, Pacheco la llamaba desde el auto y le preguntaba:
-¿Cómo viniste vestida hoy, corazoncito?
-Con el vestido azul –le respondía ella.
-Me encanta ese vestido. ¿Y qué trajiste para mí?
-Traje un deshabillé de seda y una sorpresa.
Se buscaban y se encontraban cada día, y a veces amanecían juntos en cualquiera de sus dos casas. Pero ella se iba rápido con cualquier excusa o le pedía que él se marchara porque tenía que hacer un trámite o recibir a su madre, a quien la señorita Pazos no le había contado nunca nada. Pacheco, en cambio, le contaba a todo el mundo que estaba saliendo con "la mujer de su vida" y que buscaba una segunda oportunidad: "¿Sabés lo que quiero, Fernández? Quiero que se encienda de nuevo la luz y que todo comience de vuelta. Todo a estrenar: piel, anécdotas, familias, amigos, paisajes, costumbres. Todo".
A la señorita Pazos esos desbordes la llenaban de fascinación y de miedo, en dosis bastante parejas. Era irresistible ser amada tan torrencialmente, pero también resultaba inquietante que ese huracán arrasara con el confortable castillo que por fin ella había logrado construir, penosamente y día tras día, utilizando los restos maltrechos del anterior naufragio. Cuando las asimetrías del amor se volvieron tan evidentes entre ellos, la secretaria ejecutiva se sintió vulnerable y volvió a terapia. Su psicóloga era una cincuentona de ropa ajustada y cirugía mayor que se había vuelto una verdadera experta en mal de amores. Rápidamente tomó las riendas del carro y le dijo lo que su paciente quería escuchar: Usted ya no puede volver atrás. No intente poseer y así no será poseída"…
No se pierda en La Nación Revista , todos los domingos, "Corazones desatados", una serie de relatos inolvidables donde todos nos vemos reflejados y donde, al final, siempre encontraremos alguna sorpresa.
Fernandez@lanacion.com.ar





