Coronavirus en la Argentina: ¿Cómo es el método israelí que se analiza para la reapertura de las escuelas porteñas?

Aún no está definida la fecha en que los estudiantes porteños podrán volver a las aulas
Aún no está definida la fecha en que los estudiantes porteños podrán volver a las aulas Crédito: archivo
Soledad Vallejos
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6 de junio de 2020  • 15:17

La Ciudad quiere avanzar en la redacción de un protocolo para el regreso a clases. El jueves pasado se hizo la primera de una serie de reuniones de trabajo con distintos expertos para discutir sobre el tema y se compartieron varios modelos de países como Israel, Francia, Estados Unidos y también Uruguay. De todos, confiaron desde la jefatura de gabinete del Ministerio de Educación porteño, que lidera Luis Bullrich, que hay uno que por estos días se está observando en detalle: el esquema israelí, al que consideran como "lo más novedoso que hay dando vueltas".

La regla que propone un grupo de científicos israelíes es conocida como 4-10 , y propone un ciclo de actividad de dos semanas donde la gente sale de sus casas por cuatro días consecutivos para hacer sus actividades, ya sea ir a la escuela o trabajar, y luego entra en un aislamiento de diez días corridos. De esta manera, explican Uri Alon y Ron Milo, profesores de biología computacional y de sistemas en el Instituto de Ciencias Weizmann, en Israel, se puede encontrar una salida provisoria aprovechando una de las propiedades clave del virus, su período de latencia. Es decir, ese lapso promedio de tres días, según afirman los expertos, entre el momento en que una persona se infecta y llega al pico donde puede contagiar a otros.

"La epidemia de Covid-19 nos enfrentó a un gran dilema. Cómo encontrar un equilibrio entre dos males: uno es estar encerrado, con las consecuencias económicas, educativas y sociales que eso conlleva; y la otra es abrirse, arriesgándonos a tener un rebrote del virus. Lo que necesitamos ahora es una solución temporal, de uno, dos o tres meses, donde la economía vuelva a activarse y la gente vuelva a recuperar el equilibrio. Y ahí es donde la idea de poner en práctica una salida intermitente juega un papel importante", dice Milo en un video publicado en YouTube, que dura menos de cinco minutos y donde los científicos explican en detalla cómo funciona este esquema.

"Número mágico"

"Sabemos que cuando una persona se infecta -agrega Alon- tiene un período latente, no contagia el virus por unos tres días". Después, continúa el experto, las chances de contagiar a otro aumentan, y la persona llegará al pico de contagio en su casa, ya en confinamiento. "Eso permite llevar el número reproductivo del virus [conocido como RO y que indica el número promedio de personas infectadas por cada persona enferma] por debajo de uno, y ya sabemos que ése es el número mágico para que disminuya la cantidad de casos nuevos", alienta Alon, que asegura que la fórmula podría aplicarse en una empresa, una escuela, un municipio o un país.

En Austria, por ejemplo, con una población de alrededor de un millón de estudiantes sobre casi un total de 9 millones de habitantes, decidieron reabrir las escuelas el 18 de mayo pasado, adoptando en algunas ciudades una versión particular de la regla: dividieron a los alumnos en dos grupos. Cada uno, de manera alternada y sin coincidir, iba cada cinco días a las aulas por otros 10 que se quedaban en sus casas. Según los expertos, la variable aplicada en las escuelas australianas, la de separar a la población en dos grupos, es un plus adicional que potencia los resultados del modelo. "Se aplica el mismo esquema en semanas alternativas, y así se logra una densidad menor de gente circulando", dice Alon.

Hoy, en el ámbito educativo nacional, casi nadie pone en duda de que cuando llegue el momento de reabrir las escuelas se hará bajo un sistema escalonado, por niveles, y donde se combine la educación presencial con el aprendizaje a distancia, como se impuso sin más remedio desde el 16 de marzo pasado, cuando se suspendieron las clases. Por eso, en el Instituto de Ciencias Weizmann consideran que este es un esquema que puede aplicarse sin inconvenientes en las escuelas. Que los estudiantes asistan por cuatro días consecutivos cada dos semanas, en dos grupos alternativos, y luego usar métodos de educación remota el resto de los días, que se quedan en sus casas. Los creadores de la regla van por más: también sugieren que se podría organizar una agenda para que coincidan los días en que los chicos van a la escuela con los días que sus padres van a trabajar.

Para Milo y Alon, la estrategia cíclica es fácil de explicar y hacer cumplir. Es equitativa y se puede aplicar en distintas escalas, sea una escuela, una empresa, una ciudad, un estado. Además, puede ayudar a disminuir los trastornos psicológicos, como el estrés y la ansiedad causados por el encierro. "Le das a la gente esos cuatro días para tener espacios de aire, y eso ayuda a que la gente adhiera mejor a los días de encierro", sugiere Milo, que insiste que solo se trata de una estrategia de salida transitoria. "A largo plazo buscamos una vacuna, y queremos ganar la batalla contra el virus por completo. Es una combinación de modelos matemáticos y epidemiológicos, que en el mediano plazo puede ser útil como una forma para volver a reactivar la economía, volver a nuestros trabajos, que los estudiantes vuelvan a la escuela", concluyen los expertos en su exposición, que se hizo viral en las redes durante la última semana.

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