Coronavirus. Una polémica que sigue abierta: ¿habrá inmunidad de rebaño?
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¿90, 70, 60, 45 o 20%? ¿O incluso menos? ¿Con qué porcentaje de la población en contacto comprobado con el nuevo coronavirus se logra que baje la circulación y la cantidad de contagios? La discusión sobre la inmunidad de rebaño, o cualquier tipo de inmunidad frente al Sars-CoV2 es atrapante desde el punto de vista científico (se ven las discusiones y los hallazgos casi en tiempo real) y a la vez tiene un directo impacto en la vida cotidiana de la humanidad.
Al principio de la pandemia, académicos británicos sostuvieron que había que dejar correr el virus entre la población para que se generaran las defensas colectivas. El daño que hizo en la propia Gran Bretaña, con más de 45.000 muertos, y en Suecia, otro país que decidió adoptar la estrategia, llevó a que dieran un paso atrás, y que "inmunidad de rebaño" fuera casi sinónimo de la decisión de dejar morir, sobre todo a los grupos de riesgo.
Sin embargo, como las evidencias mandan, se ha visto que en algunos lugares tras una cierta cantidad de contagios (y en muchos casos, como se vio, con alta tasa de fallecimientos) de momento no se han visto nuevos ataques a escala tan masiva como los primeros. En grandes ciudades la inmunidad comprobada por estudios serológicos resultó pobre: 11% en Madrid, y alrededor del 20% en Nueva York (con pico de 32% en el barrio del Bronx), dos de los más tremendos epicentros de la pandemia. ¿Por qué entonces esas ciudades con tan poca inmunidad total no ven nuevas explosiones de casos como en marzo? ¿Se explica solo por las nuevas conductas adoptadas, como el barbijo y el distanciamiento social, o algo más? La pregunta desvela a los epidemiólogos y a quienes tienen que llevar adelante las políticas sanitarias.
Porque aquí es donde el sistema inmunológico y su particular complejidad meten la cola: los estudios de anticuerpos solo miden una de las dos posibles respuestas de los organismos frente a la infección. Además de esos anticuerpos, "hay pacientes recuperados que tienen linfocitos T específicos y esos son difíciles de medir, lo cual da esperanza de inmunidad,pero hay que ver cuánto dura", sostuvo Gabriel Rabinovich, investigador superior del Conicet experto en inmunología. La duración de esa inmunidad personal desde luego cambia las ecuaciones sobre la inmunidad de las poblaciones; dicho de otro modo, si las personas vuelven a ser susceptibles de contagio, habrá que recalcular.
Mirna Biglione, investigadora principal del Conicet y miembro de la Asociación Argentina de Alergia e Inmunología Clínica, confirma ese plus inmunitario. "Se ha visto que además de la respuesta protectora humoral de anticuerpos, parece que existe una respuesta protectora celular, de linfocitos T, que no se puede medir (con estudios serológicos rápidos)", dijo a LA NACION.
Biglione agrega que investigaciones hechas en España mostraron que del 20 al 40% de personas con infecciones asintomáticas o leves no desarrollaron inmunidad de inmunoglobulina (la detectable), pero sí inmunidad celular. ¿Por cuánto tiempo? No se sabe. De modo que sí da para sospechar que, en Madrid, podría ser mucho más alto que ese escaso 11% medido. "Además hay inmunidad cruzada por otros coronavirus, de los simples resfríos, o incluso del Mers y Sars (los coronavirus mortales); se está investigando", agrega Biglione.
Un trabajo publicado en la revista Science indica que con 43% de infectados se podría alcanzar la inmunidad de rebaño; pero uno de los autores, Tom Britton, de la Universidad de Estocolmo, citado en una nota de la revista Quanta, dice que podría ser aún menor ese número, según las poblaciones de que se tratare. En el mismo artículo se cita a Gabriela Gomes, de la Universidad de Strathclyde, Escocia, que pone ese número en 20%. Sin embargo, esa no es la opinión estándar de los expertos.
Trabajo de campo
Respecto de la Argentina, en particular el dato recogido por el equipo de la investigadora del Instituto Leloir y el Conicet Andrea Gamarnik, presentado por la modalidad pre-print (es decir, aún no publicado en revistas científicas con revisión de colegas), es que en el Barrio Mugica o Villa 31 la cantidad de tests positivos a las pruebas serológicas fue de un inédito 53%, algo que no se obtuvo en las ciudades más castigadas del planeta. En total se hicieron allí 873 pruebas en 10 lugares distintos de una población total de alrededor de 40.000 personas. Según los autores, se respetó la proporción estadística y demográfica, de modo que se puede hacer la inferencia para el total de la villa.
Uno de los investigadores que firman el trabajo de Gamarnik como autor es el propio ministro de salud de la ciudad de Buenos Aires, Fernán Quirós, quien hoy en conferencia de prensa marcó dos cosas. Una, que "la estrategia de buscar la inmunidad de rebaño, que mucha gente se enferme para cortar su transmisibilidad, es equivocada y los países que la intentaron tuvieron que volver a modelos más restrictivos por la evolución natural de la enfermedad tan intensa".
Pero acto seguido agregó que hay una correlación entre ciudades con una serología positiva de más del 10% y una baja en la cantidad de casos. "En ciudades como París o Madrid el descenso en las curvas comenzó cuando tenía anticuerpos entre el 10 y el 20% la población. Hay coincidencia de que cuando se da ese porcentaje la curva ya baja. No digo que la inmunidad sea la causa, sino que describo una situación que se vivió en ciudades de Europa y Asia".
¿Por qué entonces en la villa 31 se llegó al 53% sin problemas? Responde Quirós: "Porque el 10 o 20% es un promedio de las ciudades. Depende del distanciamiento posible en cada lugar. En Nueva York en barrios con más necesidades tuvieron mucha más intensidad de casos". El cálculo que hacen en su cartera es que el total de porteños que tuvieron algún contacto con el virus, con o sin síntomas, con o sin PCR positiva, es del 12 al 14%. De todas maneras, pese a las incertidumbres -y los datos que podrían ser analizados como positivos-, Quirós remarca que aún queda mucho trabajo y hay muchos contagios por día con el consiguiente estrés del sistema sanitario.
Como se dijo, la cuestión no es menor, porque de eso dependen los éxitos de nuevas aperturas comerciales y sociales y el control de la epidemia antes de la fabricación y distribución de la vacuna, que sí efectivamente podría llevar los números a la inmunidad de rebaño estándar.
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