Crecen las quejas por la autorización de 500 puestos en Parque Lezama
Funcionan desde la crisis; venden de ropa a herramientas; deterioro del paseo y mucha basura
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Surgió en plena crisis económica, a comienzos de 2002, y no tardó en generar molestias a los vecinos del barrio de San Telmo y también a los puesteros de la feria artesanal, que llevan más de 20 años en el lugar.
Se trata de la feria que rodea el parque Lezama, donde todos los fines de semana se emplazan unos 500 puestos, en los que se venden desde ropa nueva y usada hasta herramientas, revistas viejas y hasta respuestos para bicicletas.
En febrero de 2005, para tratar de ordenarlos, el gobierno porteño les otorgó permisos provisionales y los ha prorrogado indefinidamente.
Días atrás, a partir de un recurso de amparo presentado por los vecinos de la zona, la Secretaría de Medio Ambiente del gobierno de la ciudad de Buenos Aires trasladó unos 50 puestos que estaban colocados sobre la calle Balcarce al 1300 a la esquina de Defensa y Martín García.
Si bien la semana pasada esos puestos estaban ganando terreno sobre la calle Defensa al 1700, la principal arteria de la zona y, por lo tanto, según dijeron los vecinos, ocasionaba molestias a quienes habitan allí. Ayer LA NACION pudo comprobar que, por la mañana, no había puestos sobre la calle Defensa.
Vecinos y comerciantes denuncian que el gobierno porteño reconoce el problema, pero no resuelve la cuestión de fondo: tal vez por que se pregunta qué hacer con unas 500 familias, en su mayoría del conurbano, que no tienen trabajo y viven de la venta, en algunos casos ilegal, en este punto y en otros de la ciudad.
LA NACION intentó comunicarse en varias oportunidades con las autoridades de la Secretaría de Medio Ambiente del gobierno de la ciudad, pero se informó que el único que podía hablar sobre el tema es Marcelo Vensentini, subsecretario de Medio Ambiente, quien está de viaje.
Quieren soluciones
"Son parches. Los funcionarios plantean que están ahí y no se puede hacer nada, y mientras tanto siguen degradando el parque", dice Graciela Fernández, una de las vecinas del barrio, que firmó la acción de amparo para que el gobierno porteño velara por la conservación del Lezama.
En rigor, el funcionamiento de Ferizama, como la llaman los vendedores que la integran, fue aprobado por la cartera de Medio Ambiente del gobierno de la ciudad, mediante una resolución del 4 de febrero de 2005.
Para que los feriantes nuevos abandonaran el centro de la plaza, donde se producían choques con los puesteros de la feria artesanal, se autorizó el emplazamiento provisional de 640 puestos -con permisos renovables por 180 días- sobre Martín García, Paseo Colón, Brasil, Defensa y Balcarce, que circundan el espacio verde. Fue hace un año. LA NACION recorrió anteayer el parque, dominado por los puestos de estructura metálica y toldos verdes, y dialogó con vendedores, artesanos y vecinos, que defendieron su posición.
"No entendemos las quejas de los vecinos. Acá, el 80 por ciento de los puesteros son desocupados que se vienen a ganar un mango sin molestar a nadie", dice Roberto Dercye, presidente de la Asociación Civil Ferizama, la actual concesionaria de la feria. Es que para obtener un puesto, el vendedor debe abonar 3,50 pesos por día a la organización que se encarga de otorgar los derechos de instalación y fiscalizar la mercadería que se ofrece a la venta.
"Esto no es La Salada [por el gran mercado de venta ilegal que funciona en el sudoeste del conurbano]", se defiende Dercye, que asegura que en su feria no se venden CD truchos ni imitaciones de ropa de marca.
Sin embargo, LA NACION comprobó que, en algunos puestos, se ofrecen prendas de reconocidas marcas que, por su bajo precio, parecen inimitaciones.
Para la mayoría de los artesanos, no obstante, Ferizama es un problema porque -según dicen- se trata de competencia desigual: "Hacen reventa y no pagan impuestos. Es competencia desleal", se queja Lilian Ciboti, delegada de la feria artesanal.
Ciboti explica: "Es muy distinto producir las artesanías que vender cualquier otro producto, ya sea nuevo o usado; está bien que trabajen, pero que lo hagan en otro lado para no generar confusión. Esta es una feria artesanal y aspiramos a que la visiten los turistas".
En la otra vereda, Dercye asegura que la feria nueva ofrece otros productos para otro público, conformado mayormente por gente que vive en la zona.
Según él, además, la feria se ha ido reduciendo y adaptando a los cambios solicitados por los vecinos, conforme a lo establecido por el gobierno porteño.
Más quejas de vecinos
Pero los vecinos del parque no piensan lo mismo. "Hay dos baños químicos para más de 500 personas, más la gran cantidad de gente que pasea y compra. ¡Imaginate! Todos no llegan a hacer sus necesidades en esos baños", relata indignada Fernández.
Agrega que los vecinos están lejos de sentir que los puesteros son sus enemigos: "Es cierto que la mayoría es gente que la pasa mal y gana monedas, pero la solución no es que el gobierno porteño les entregue el parque, sino darles otro tipo de respuestas".
"Lezama está abandonado. Los fines de semana dejan desperdicios tirados y se llena de ratas", detalla Miguel Villegas, de 71 años, que vivió toda su vida en San Telmo y jamás vio tan mal el tradicional parque.
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