Cromagnon: afirmaron que las puertas estaban trabadas
Agregaron los bomberos que, al abrirlas, había pilas de cuerpos
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República Cromagnon, invadido de un humo espeso, tóxico, donde no se podía ver a más de 20 centímetros, con pilas de dos metros de alto de cuerpos entrelazados, encimados, enroscados, algunos muertos, otros desmayados, uno encima de otro, se reveló ayer ante el tribunal que juzga a Omar Chabán y a Callejeros por la tragedia del 30 de diciembre de 2004.
Los primeros bomberos que llegaron al lugar dijeron que la puerta alternativa del local, en la que se veían "brazos a dos metros de altura" pugnando por salir, estaba cerrada con candado y las puertas de acceso y salida del frente estaban cerradas desde dentro, excepto una de ellas, con un pasador. Las forzaron para dejar salir a los sobrevivientes.
Tres oficiales de bomberos, que declararon ayer, explicaron cómo actuaron en los primeros minutos del 30 de diciembre, cuando después de las 23 recibieron la alarma. Sólo les avisaron sobre un incendio en un boliche y se encontraron con la tragedia. "La venía corriendo, parecía una peregrinación", recordó el oficial Darío Salgado, a cargo de una dotación del Cuartel Central, que fue el primero que llegó. Junto con el cabo primero Luis Areco, del mismo cuartel, relató que cuando estuvieron frente al local se dirigió a una puerta de emergencia a la que se accedía por el estacionamiento. Era un portón de doble hoja, de tres metros de ancho, que estaba cerrado con un candado.
"Tenía un vaivén de unos 30 centímetros, por donde salían brazos a dos metros de altura", recordó Salgado. Luego fue en busca de una barreta, pero Areco logró abrirla con la mano con la ayuda de unas 20 o 30 personas. Tardaron entre 5 y 10 minutos, tras romper un alambre que fijaba una valla. "Se abre y caen cuerpos desde dentro. Sacamos a las víctimas que estaban en el piso, unas encima de otras", recordó Salgado. Areco completó: "Ninguno de los chicos que estaban en esa pila pudo salir por sus propios medios". Nadie hacía fuerza contra la puerta desde dentro. Nadie la tenía. "Estuvimos a punto de morirnos", recordó Areco. Salgado explicó que hubo bomberos internados en terapia intensiva varios meses. Una vez adentro, al tacto ubicaron los cuerpos y los sacaron.
Adrián López, que estaba de turno en el cuartel IV de Bomberos, de Recoleta, la noche del siniestro, recordó que al llegar a Cromagnon había tanta gente en la plaza Miserere "como en la largada de una maratón".
Su relato fue clave al asegurar que ingresó por la puerta principal, que daba a un hall donde se entraba en el local a través de seis puertas, como las de las salas de cine. Dijo que "sólo una o dos estaban abiertas nada más". Salgado completó su relato. Vio una sola abierta y con el correr de la noche observó que otras fueron abiertas, pero fue necesario forzar un pasador que las mantenía cerradas desde dentro. El detalle es un nuevo elemento perjudicial para Chabán, que sostiene que esas puertas eran la salida de emergencia y no la otra puerta, cerrada también con candado, que él denomina "alternativa".
Cuando entró por el acceso principal vio otra pila de cuerpos de dos metros de altura y, desde el acceso, un chico tiraba agua hacia adentro con una manguera de incendios. De inmediato le sacó la manguera, pues en lugar de apagar llamas, inexistentes en el local, lo que hacía era ahogar a los chicos apilados, desvanecidos, tiznados y agonizantes, que aún vivían.
López destacó la decisión de uno de sus hombres de abrir un boquete en una de las paredes del local, que permitió ventilar el lugar y sacar víctimas, pues la puerta que estaba al lado también estaba cerrada, dijo.
Conmovido, rememoró que tras el incendio se reunió con sus hombres para que cada uno dijera lo que había sentido, pero que "no había muchas palabras" y que recién se descargó al ir al cuartel central. "Se me escapó una lágrima. Justo se venía el 31 de diciembre, que es una fecha muy especial. Esto fue algo de magnitud, como la AMIA o la embajada de Israel. No se trató de un salvamento estándar", relató.
Las defensas trataron de poner el acento en la falta de equipamiento de los bomberos y en la desorganización ante la emergencia. Los testigos admitieron que usaron linternas propias, pero destacaron que usaron equipos de oxígeno y máscaras protectoras. No obstante, el juez Raúl Llanos, que presidió el tribunal, impidió esa línea de interrogatorio, pues las irregularidades del operativo de emergencia son motivo de otro juicio.
Desahogo
- "Cuando volvimos de Cromagnon les dije a mis hombres que se sacaran toda la porquería que tenían dentro. Estábamos acostumbrados a intervenir en incendios, pero nunca estuvimos en una tragedia como ésta. Después fui al Cuartel Central y conversé con otros oficiales. Entonces me desahogué. En ese momento pude irme a casa", dijo el inspector Mario López, uno de los primeros bomberos en llegar al boliche.






