
Cuando choca la autonomía del paciente y el esfuerzo por salvarlo
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El rechazo a recibir un tratamiento médico por parte de un paciente con su conciencia conservada, mayor de edad y con posibilidades de cura, constituye uno de los desafíos éticos más difíciles de resolver, ya que enfrenta la autonomía del paciente con el esfuerzo de médicos y familiares para intervenir médica (y en este caso psicológicamente) con el objeto ayudarlo a superar una situación de verdadera crisis personal, tal como es el caso de la anorexia.
La anorexia nerviosa y la anorexia/bulimia forman parte de los llamados trastornos psicogénicos crónicos de la alimentación, los que, en sus formas más graves, pueden llevar a la muerte, como ha ocurrido en el caso de la joven Antonella.
Estos trastornos constituyen una verdadera enfermedad, caracterizada por una pérdida autoinducida del peso corporal, producto de una distorsión de la percepción de la imagen corporal, la que se autovalora como excesiva, a pesar de la delgadez extrema a la que se llega, y que se asocia a otros síntomas como depresión, ansiedad, tristeza, pensamientos irracionales y hábitos de autolesiones físicas. Por esto, no resulta lógico aceptar que Antonella sea considerada, como lo expresan las noticias, "en uso de sus facultades mentales".
El derecho a la autonomía del paciente, recientemente consagrado por la ley en la Argentina, forma parte de los cuatro principios morales clásicos de la bioética anglosajona (principialismo), junto con la beneficencia, no maleficencia y justicia. Estos principios, considerados en conjunto, podrían justificar el rechazo de la terapéutica por parte del paciente, teniendo en cuenta la preeminencia que se ha dado a la autonomía sobre los otros, pero considerados por separados, exigen un análisis clínico-asistencial, porque la enfrentan con la exigencia de beneficiar al paciente y al paradigma de la medicina del primun non nocere (lo primero es no hacer daño). Juega aquí, también, un papel importante el principio de responsabilidad del médico, la familia y la sociedad que exigen la necesidad de conciliar los principios en juego con la búsqueda del verdadero bien de la paciente.
En el análisis ético de esta situación debe tenerse en cuenta que se trata de una paciente enferma crónica, pasible de un tratamiento paliativo y curativo ambulatorio, en el que la familia juega un papel importantísimo en la solución del problema.
Falsas creencias religiosas, como las invocadas por el grupo familiar conviviente, han obstaculizado una necesaria "negociación" terapéutica que podría haber ayudado a controlar la situación de Antonella, sin que ello signifique una imposición del tratamiento contra su voluntad.
La libertad debe ser respetada, pero también la vida -supremo valor del ser humano- debe ser conservada. Triste será que en el futuro volvamos a tener una noticia de ésta u otras familias debido a que no pudieron resolverse los conflictos planteados.
Dr. Rafael Pineda
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