Descubren una virtud extra en una vacuna usada para una enfermedad común: demora el envejecimiento
Es el suero contra el herpes zóster; sin embargo, los expertos sostienen que se necesitan más investigaciones
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Una investigación analizó la conexión entre la vacuna contra el herpes zóster y el retraso del envejecimiento biológico y los resultados revelan que las personas vacunadas muestran perfiles moleculares más saludables y una menor velocidad de deterioro biológico en comparación con quienes no recibieron la dosis.
Se trata del estudio titulado Asociación entre la vacunación contra el herpes zóster y un envejecimiento biológico más lento: evidencia de un estudio de cohorte basado en la población de Estados Unidos, de Jung Ki Kim y Eileen M Crimmins que se publicó ayer en la revista The Journals of Gerontology.
Los autores utilizaron datos del Estudio de Salud y Jubilación de Estados Unidos para medir el impacto de la inmunización en áreas críticas como la inflamación sistémica y el envejecimiento epigenético. Si bien se observaron beneficios claros en la regulación genética y la reducción de la inflamación, el estudio no encontró cambios significativos en la salud cardiovascular o neurodegenerativa.
El análisis se basó en cuestiones específicas como los niveles de inflamación, inmunidad innata y adaptativa, hemodinámica cardiovascular, neurodegeneración y envejecimiento de los genes, así como una puntuación compuesta del envejecimiento biológico.
Los datos analizados asumen que corresponden principalmente a la vacuna Zostavax; dado que analizaron a los vacunados antes de 2017 cuando se aprobó la vacuna Shingrix y señalan que se requiere más investigación para confirmar si estos efectos se replican o potencian con esta vacuna más reciente y eficaz.

El impacto de la vacuna parece seguir un patrón temporal específico: en los primeros tres años, se observan mejoras inmediatas en el envejecimiento molecular (epigenético y transcriptómico). Los beneficios en la inflamación y la inmunidad innata se vuelven más evidentes con el tiempo, lo que sugiere un efecto de inmunomodulación lenta o acumulativa
“Las mejoras epigenéticas, transcriptómicas y en el envejecimiento biológico compuesto general fueron más pronunciadas dentro de los tres años posteriores a la vacunación, y el envejecimiento más lento persistió más allá de este período. Los resultados respaldan la hipótesis de que la vacunación contra el herpes zóster puede influir en sistemas biológicos clave relevantes para el envejecimiento, aunque los efectos parecen ser específicos de cada dominio y varían con el tiempo”, señalaron.
Y agregan: “Se necesitan estudios longitudinales para confirmar estos patrones y explorar las implicaciones para la salud a largo plazo. Este estudio se suma a la evidencia emergente de que las vacunas podrían desempeñar un papel en las estrategias para promover un envejecimiento saludable al modular los sistemas biológicos más allá de la prevención de infecciones”.
Estos resultados posicionan a las vacunas no solo como preventivos de infecciones, sino como posibles moduladores del proceso natural de envejecimiento. Sugieren que podrían funcionar como estrategias de bajo costo para promover un envejecimiento saludable al recalibrar sistemas biológicos fundamentales más allá de la simple prevención de infecciones y también como una herramienta estratégica de salud pública para promover una mayor longevidad y resiliencia física.
A fines del año pasado, otro estudio publicado en la revista científica Nature Medicine mostró que las personas que sufrieron episodios recurrentes de herpes zóster tuvieron mayor riesgo de desarrollar demencia durante varios años a partir del segundo brote de la enfermedad, en comparación con quienes solo tuvieron culebrilla una vez. Y aportó evidencia adicional en esa misma línea sobre la importancia de vacunarse contra el VVZ –el virus causante de la varicela infantil– para ayudar a proteger el cerebro.

El estudio descubrió que las dos versiones que existen de la vacuna —con y sin virus vivos—, reducen esas recidivas de la enfermedad y el riesgo de desarrollar demencia.
Los factores que influyen en la demencia son múltiples y complejos, desde la genética hasta el entorno y las infecciones virales. Y si bien el número de personas que desarrollan la enfermedad va en aumento, existen pocos tratamientos efectivos y no hay formas de prevenirla, más allá de los cambios en el estilo de vida.
La vacuna contra el VVZ ya está dentro de las recomendadas para adultos mayores de 50 años y personas con sistemas inmunitarios debilitados. Algunos médicos aseguran que la evidencia actual ya es lo suficientemente sólida como para que les comenten a sus pacientes que la prevención de la demencia puede ser un beneficio adicional y un motivo extra para vacunarse
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