
Desde California hasta Buenos Aires en un avión monomotor
El ex embajador Theodore Gildred recreará el viaje de su padre
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WASHINGTON.- Setenta y cinco años después, el empresario y embajador Theodore Gildred recreará la hazaña que lo marcó de chico: como lo hizo su padre, unirá California y Quito, Ecuador, con una avioneta monomotor. Y le añadirá una escala final, Buenos Aires, a donde se espera que arribe el martes próximo, poco después de las 13.
Su padre, un empresario del que heredó su nombre y su afición por la aventura, unió San Diego y Quito el 31 de marzo de 1931, tras 18 días de vuelo y 13 escalas, inspirado en el primer e histórico vuelo entre Nueva York y París que Charles Lindbergh completó solo, en mayo de 1927.
Ahora, "Ted" Gildred repetirá y ampliará el recorrido "de la buena voluntad", acompañado de sus propios hijos, Stephen y el tercer Ted de su familia, y también del nieto de Lindbergh, Eric. "Lindbergh fue quien inspiró a mi padre para que hiciera el viaje a Ecuador. Traer a su nieto con nosotros significa cerrar un ciclo y honrar un sentimiento", explicó el piloto poco antes de despegar, el viernes pasado.
Gildred ya había repetido la travesía de casi 7000 kilómetros en 1981, al cumplirse los 50 años de la gesta de su padre, y esta vez quiere extenderla hasta Buenos Aires, donde él se desempeñó como embajador de los presidentes Ronald Reagan y George Bush (padre) entre 1986 y 1989.
Fortalecer vínculos
"Estoy seguro de que fortalecerá los lazos de amistad entre Estados Unidos y la Argentina", afirmó el actual presidente del Instituto de las Américas que fundó Gildred, Jeffrey Davidow, en la carta que le envió al embajador en Washington, José Octavio Bordón, para informarle del proyecto.
Tras hacer escala en el Distrito Federal de México, Guatemala, Managua y San José de Costa Rica, el monomotor bautizado "Ecuador III" llegará hoy a la ciudad de Panamá, la escala previa a Quito, adonde arribará el viernes y se quedará hasta el lunes. Entonces partirá a Lima antes de llegar el martes a la Argentina.
Su padre se lanzó a los aires en una avioneta Ryan Brougham fabricada ese mismo año, 1931. Y cuando llegó a Ecuador, se quedó allí un tiempo, donde el monomotor sirvió para establecer el primer servicio de correo aéreo del país.
Su hijo ambiciona, en cambio, que algún funcionario argentino le dé la bienvenida cuando arribe al Aeroparque con el monomotor Pilatos PC-12, el martes 4, a las 13.05, según, anticipó a LA NACION una colaboradora del equipo que se quedó en California.
Davidow reconoció que Gildred sueña con un encuentro con el presidente Néstor Kirchner. "Le gustaría tener la oportunidad de ofrecer un mensaje de buena voluntad al señor presidente Kirchner, así como a otros funcionarios de alto rango", explicó.
El propio Gildred afirmó que "se ha progresado un largo trecho desde el vuelo" de su padre, en el comentario más político que lanzó durante todo el proyecto. "Pero mientras la aviación ha avanzado considerablemente, aún hay una tremenda necesidad de hacer todo lo que podamos para mantener y mejorar las relaciones entre Estados Unidos y América latina".
Nacido en México y de ciudadanía norteamericana, Gildred era un empresario inmobiliario que llegó a la embajada en Buenos Aires después de haber asesorado en el área financiera a Reagan, ex gobernador de California y entonces presidente.
"Hoy, que ya no estoy en el cuerpo diplomático, creo que puedo decirlo abiertamente: siento que quizá no le hemos dado la importancia debida a América latina", dijo Gildred al diario californiano La Opinión, antes del viaje.
En Buenos Aires, según anunció su equipo en Estados Unidos, Gildred visitará "viejos amigos" y será el invitado central de un evento especial en la embajada que lo tuvo como anfitrión durante el gobierno de Raúl Alfonsín.
A los 70 años y alejado de la política, Gildred cree que ésta será su última gran travesía, pero que la saga no concluirá con él. "Ahora me toca el turno de traer a mis hijos para que ellos se preparen para celebrar los cien años del primer viaje de su abuelo", dijo.
Su hijo Stephen, de 18 años, ya sueña con el proyecto. "Ese viaje se hará en una nave mucho más moderna y yo la pilotearé. Creo que vendrá más gente de la familia que ya ha mostrado su interés", estimó.
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