
Devolvió un celular y ganó en la quiniela
La apuesta había sido su recompensa
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ROSARIO.- Fue honesto, y tuvo una "recompensa divina": ganó 7700 pesos a la quiniela con la apuesta de 30 pesos que le había regalado la encargada de una agencia de loterías por haberle devuelto el teléfono celular que ella había perdido y que él había encontrado en la calle. ¿El número ganador? Los tres números finales del celular.
El "benefactor-ganador" se llama Edgardo y tiene 52 años. Su "benefactora", Mabel Olivera, que trabaja en la agencia de loterías Tedeschi, relató a la agencia Télam que el hombre había encontrado anteayer el teléfono que ella había extraviado a metros del local, en Santa Fe y Ovidio Lagos.
El hombre, que circulaba en su auto, vio el aparato en la calle, lo esquivó, bajó del vehículo, lo levantó y se lo llevó, a la espera de una llamada que le permitiera poder identificar a su dueño. A poco de reanudar la marcha, el aparato comenzó a sonar.
Era Mabel, la propietaria del teléfono, que le dijo: "Lo llamo de Tedeschi; se nos perdió ese teléfono que usted tiene". Edgardo, que es comerciante de la zona oeste de la ciudad y padre de tres hijos, no dudó en afirmar que lo había encontrado y convino de inmediato en pasar por el negocio poco antes del mediodía a devolverlo.
Allí lo recibió Mabel, encargada de la firma, y le obsequió como gratificación una apuesta de 30 pesos para el sorteo nocturno de la Quiniela Nacional del día, que confeccionó con el 665, los tres números finales del teléfono que acababa de recuperar.
Sorpresa
"Estaba nerviosa. Con la emoción me olvidé de pedirle los datos, su nombre y el teléfono", recordó Mabel, tras enterarse por la noche de que las tres cifras apostadas en la boleta que le había obsequiado a Edgardo en un sobre cerrado eran las mismas que habían aparecido en el primer lugar del sorteo elegido. Otras empleadas de la agencia sugirieron la idea de dar a conocer el episodio a una emisora local para que el caso tomara estado público y llegara quizás a conocimiento de Edgardo.
"Yo no me había enterado para nada; ni siquiera me había fijado en los números. Pero Mabel movió cielo y tierra para ubicarme, y de no haber sido por ella tampoco me hubiera enterado", confesó el afortunado.
"No soy apostador; dejé la jugada en mi casa y ni siquiera abrí el envoltorio", dijo Edgardo. Luego, se dirigió a la agencia, donde volvió a ver a Mabel, quien le confirmó el acierto y la ganancia de un premio de nada menos que 7700 pesos.
Mabel consideró que el que Edgardo hubiera ganado la quiniela era "un premio a la honestidad".
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