Di Santo, el fiscal de la polémica
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RIO CUARTO (De nuestros enviados especiales).- Javier Di Santo, fiscal que investiga el homicidio de Nora Dalmasso, llegó a su cargo por concurso, a principios de 2005. "Es un hombre de una sólida formación jurídica", dijo a LA NACION una fuente de los tribunales de esta ciudad, que lo conoce desde que era estudiante.
El concurso para llegar a ser fiscal duró casi un año. Junto con Di Santo, se ganaron un lugar en los tribunales Walter Guzmán, Julio Rivero y Fernando Moine. El único de los cuatro que provenía de la actividad privada era Rivero, que se dedicada al derecho penal. Guzmán, Moine y Di Santo comenzaron su carrera judicial cuando eran estudiantes universitarios. Antes de ser titular de una de las cuatro fiscalías, Di Santo, de 43 años, trabajó en un juzgado en lo correccional, en otro de instrucción y en la Secretaría de la Cámara del Crimen de esta ciudad.
Su padre, Francisco, fue juez de la Cámara Laboral. Su hermano Hernán también es abogado y trabaja como fiscal municipal en esta ciudad. "Se puede coincidir o no con su forma de trabajar, pero de lo que no hay que dudar es de su honestidad y de su capacidad", dijo un funcionario, respecto de la polémica desatada aquí en torno de las decisiones de Di Santo.
Otro hombre de la justicia de Río Cuarto fue crítico de la actuación del fiscal en la causa Dalmasso. Dijo, con reserva de su nombre, que por ejemplo nunca le hubiera entregado tan rápidamente al viudo, Marcelo Macarrón, la casa de Villa Golf Club donde ocurrió el crimen. Dicen quienes conocen a Di Santo que siempre quiso ser un hombre de bajo perfil, pero que el homicidio de Nora Dalmasso lo obligó a estar todos los días con los periodistas y hasta le valió una denuncia de juicio político de los legisladores que responden al gobernador José Manuel de la Sota, que, por el momento, quedó en suspenso.
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