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Crisis de inmigrantes

Día Mundial del Refugiado: "No tengo a nadie, solo a Dios en el cielo y ahora a ustedes"

Sol Amaya
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19 de junio de 2020  • 19:39

-¿Vienes con alguien?

-No tengo a nadie. Solo a Dios en el cielo. Y ahora a ustedes.

El diálogo ocurrió hace unos años en un colectivo que había salido desde Brasil. En él viajaba Patrick Jean, un joven haitiano en busca de un sueño: poder vivir y trabajar en la Argentina. La conversación que mantuvo, con un grupo de paraguayos que también venían al país a intentar hallar un medio de vida, fue el origen de una amistad que finalmente le permitió llegar a Pilar, en la provincia de Buenos Aires, donde hoy vive a la espera de que se resuelva su solicitud de refugio.

Como Patrick, millones de personas se ven forzadas a dejar sus países de origen. Tal como informó LA NACION, en base a un estudio publicado por la Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur), en la última década, al menos 100 millones de personas sufrieron desplazamiento forzado de sus países de residencia. Estos desplazados se convierten en muchos casos en solicitantes de asilo. Y, si lo logran, adquieren el estatus de refugiados.

En el Día Mundial de los Refugiados, la historia de Patrick refleja la lucha de muchas personas que, obligadas a dejar sus hogares, atraviesan fronteras y obstáculos en busca de una vida digna.

"Salí de mi país a los 17 años, terminé la secundaria allá y trabajé un año como profesor. Yo veía que no iba a poder avanzar, la situación estaba muy complicada. Me fui para Dominicana y allí aprendí a trabajar en muchas cosas", cuenta Patrick, que hoy tiene 40 años. En 2010, cuando Haití sufrió un terremoto que dejó cientos de miles de víctimas y un territorio devastado, supo que ya no podría volver.

Alentado por familiares que habían logrado instalarse en Brasil, Patrick abandonó Dominicana y emprendió viaje. Llegó hasta Ecuador en avión. A partir de allí, comenzaría un viaje por tierra del que prefiere no dar muchos detalles. "Fue una tragedia, chica, vos no te imaginás. Arriesgando la vida, buscando vida. Si sigue vida, seguimos. Si muerto, ahí paró la vida", recuerda. En Brasil consiguió tramitar su documento de identidad y comenzó a trabajar descuartizando carne para exportar en un frigorífico.

Durante tres años estuvo allí, pero luego la situación económica también se volvió difícil y Patrick tomó coraje para iniciar un nuevo camino. "Desde chiquitito siempre escuché hablar de la Argentina. Y yo sabía que Dios me iba a permitir conocerla. Siempre mi sueño era llegar a la Argentina, si no moría en el camino. Es muy maravilloso, acá se puede vivir. No molestar a nadie. Vivo, quiero trabajar", dice. Llegué acá nada más que con la ropita, Dios adelante y mi voluntad de trabajo", sostiene.

Por el momento, y gracias a la ayuda de Gonzalo Lantarón, especialista en temas de inmigración y refugio que se desempaña como director de Migrantes y Pluralismo Cultural del municipio bonaerense de Pilar, pudo tramitar una residencia precaria, mientras espera que se resuelva su solicitud de refugio.

"El motivo de mi pedido de refugio es porque mi país se desarmó. La situación en Brasil también se complicó. Mi motivo es la realidad. Mi situación no está buena. La suerte es que uno está vivo. Necesito trabajar para mejorar la vida", insiste.

Hoy colabora con las ollas populares que se realizan en diferentes barrios de Pilar, muchas de ellas impulsadas por las comunidades paraguayas y bolivianas que buscan ayudar a los vecinos que atraviesan una situación económica difícil, que se complicó aún más con la pandemia.

"En el contexto de la actual crisis, producto de la pandemia y su enorme repercusión en la economía de los países, no queda otra salida que la de una amnistía migratoria, única herramienta política capaz de garantizar y sostener la inclusión real de los miles de Migrantes y solicitantes de refugio que esperan una oportunidad por parte del Estado que les permita salir la exclusión y la precariedad en la que hoy viven, en gran parte por la excesiva burocracia y que no margen para seguir esperando", dice Gonzalo Lantarón, especialista en temas de Inmigración y refugio.

"Por otro lado es fundamental tener una mirada integral, transversal y descentralizada a la hora de gestionar las políticas de migraciones y refugio en la Argentina ya que la legislación es de carácter enunciativa y deja en manos de la voluntad política de Gobernadores e Intendentes el acceso a derechos básicos. Este sentido solo basta ver los diferentes criterios que conviven en los diferentes municipios de la provincia de Buenos Aires: Mientras Municipios como el de Pilar desarrolla políticas y herramientas que hacen foco en la inclusión de los migrantes del distrito otros Municipios a muy pocos kilómetros de distancia sostienen políticas de restricción a derechos básicos como el acceso a la salud Pública, por el simple hecho de haber nacido en otro país. Es en este sentido donde convive la verdadera grieta que degrada nuestro futuro como sociedad", agrega.

"Ahora tengo que ir a ayudar a hacer la leche, la merienda. Yo voy a seguir aunque no tenga documento. Hasta que Dios haga lo que quiera conmigo", dice Patrick, que nunca pierde su optimismo. El joven vive en casa de su novia, una joven paraguaya, en Pilar. "Es mi enamorada. Ella me aguanta, pero si en cualquier momento me echa, me quedo en la calle. Uno no puede hacer nada. Por ahora está muy bien", dice, entre risas.

Sobre el contexto de la pandemia y lo que avizora en el futuro, Patrick dice: "Estoy asustado, má. Todo el mundo está asustado". Pero otra vez vuelve a la carga con su buena energía: "El país va a subir de nuevo, ahora estamos sufriendo entre todos, pero vamos a estar mejor. Se puede vivir en la Argentina".

Por: Sol Amaya

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