Dibuja ilustraciones brutalmente honestas para luchar contra la anorexia
Christie Begnell, una australiana de 24 años, comenzó a dibujar representaciones visuales de su anorexia mientras estaba internada en una clínica privada
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Luego de una separación escandalosa, que coincidió con problemas familiares, de trabajo y universitarios, Christie Begnell comenzó a notar síntomas de su desorden alimenticio. "El mundo se me venía abajo y los pensamientos sobre suicidio y el odio hacia mí misma empezaron a rondar en mi cabeza", reveló a BuzzFeed. "Empecé a hacer dieta luego de aumentar un poco de peso cuando me separé pero rápidamente se convirtió en una obsesión".
Begnell fue enviada a un psiquiátrico por sus pensamientos suicidas. El psiquiatra que la atendía "no estaba preocupada por mi peso porque todavía estaba en un rango aceptable. Una enfermera me dijo que no parecía anoréxica y en medio de un ataque de pánico me dijo que no tenía un desorden alimenticio, que lo superara". Eventualmente, recibió acceso a una clínica privada a través de su obra social.

En medio del tratamiento tuvo una idea que "la salvó": empezó a dibujar ilustraciones que reflejaban su desorden alimenticio y las recopiló en un libro. En sus dibujos, la anorexia es personificada por un personaje llamado "Anna". Cuenta que fue inspirada por el lenguaje que usan los foros a favor de la anorexia, donde los usuarios tienden a ponerle un nombre a su enfermedad: "Anna está separada de mí. Mi desorden alimenticio también. Anna tiene otros objetivos, otros valores. Identificarla fuera de mí me dio el poder de luchar contra ella. En las profundidades de mi enfermedad era muy difícil saber quién hablaba porque estaba muy inmersa en Anna, pero una vez que me empecé a recuperar me preguntaba '¿quién me habla, Anna o yo?'".

Tener un diario visual la ayudó sobremanera: "La clave es no dejar que lo que pasa en tu cabeza se quede ahí. Mientras más hablamos de nuestros problemas y buscamos ayuda, más nos liberamos de nuestros propios estigmas", afirmó.
"Cuando estaba mal dejaba de comer, ahora si no puedo hablar o no lo puedo procesar, lo dibujo. Luego le llevo mis ilustraciones a mi novio o a mi terapeuta y les pido sus opiniones", concluyó Begnell.


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