
Ecocentro, ejemplo de seriedad y optimismo
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PUERTO MADRYN.- Desde los grandes ventanales sobre el mar, podemos imaginar que estamos en Vancouver, Canadá, o en Alaska, o en San Diego, California, en un modernísimo centro de observación de ballenas y de la vida marítima en general. A lo lejos se ven las columnas de spray que arrojan las ballenas al respirar y las inconfundibles aletas que surgen cuando dan algún salto fuera del agua.
El punto de observación es óptimo y las explicaciones de los biólogos más la documentación en computadoras permiten satisfacer cualquier consulta. Uno puede enterarse allí de que casi cada ballena y cada orca están individualizadas con nombres propios, como Alicia, Josefina, Casiopea. O que los petreles son capaces de volar 11.000 kilómetros en 40 días, registrados en una pantalla que tenemos ante nuestra vista. O que cada año vuelven a estas costas elefantes marinos a los que se identifica con nombres como Funes, Rulo o Pavarotti.
Y puede también advertir que esta muestra de civilización y modernismo se encuentra, sin embargo, en la Argentina cuando también nos enteramos de que una gran orca que todos los años se acerca a cazar a la península Valdés muestra su aleta dorsal acribillada por los balazos con que se entretenían desde la costa efectivos militares argentinos un día de mayo de 1976, cuando casi cualquier cosa que se movía debía ser sospechosa. La orca salvó la vida; sin embargo, y pese a sus exilios temporarios, regidos por la naturaleza, vuelve sistemáticamente al mar argentino para ser dignamente apreciada en estos nuevos tiempos en los que la ecología y el respeto van ganando trabajosamente la batalla.
Todo esto está a la vista en el Ecocentro, recientemente abierto en esta ciudad, que constituye un excepcional ejemplo de lo que puede hacerse en la Argentina con voluntad, iniciativa y con relativamente pocos recursos financieros, porque el dinero rinde mucho cuando se lo usa bien.
Así como en el cercano esfuerzo del museo Egidio Feruglio de Trelew, dedicado a los dinosaurios, el Ecocentro se ha transformado en corto plazo en una visita obligada para quienes valoran la naturaleza y en un polo de difusión cultural de primer nivel mundial y con muy pocos equivalentes en el país.
Ejemplo filantrópico
El Ecocentro es un esfuerzo absolutamente privado, fruto de un gesto de filantropía de los ex dueños de la empresa petrolera Isaura.
Cuando esta compañía de origen familiar, nacida en Bahía Blanca en 1925, tuvo que adecuarse a las nuevas condiciones del mercado mundial y vender su parte en Eg3 al grupo Repsol-YPF, su titular, José Manuel Elicabe, decidió dejar un tributo personal a la Patagonia, de la cual se extraen tantas riquezas naturales.
Así nació la idea del Ecocentro, impulsada por su actual presidente, Alfredo Lichter, un biólogo vocacional aunque no recibido, escritor de poemas (ganador del premio literario Fortabat hace tres años) y enamorado del mar patagónico, que trabaja en la gerencia comercial de la empresa Isaura.
Con una inversión de 3,5 millones de pesos, el Ecocentro se levantó al borde mismo del mar, al sur de la ciudad de Puerto Madryn, en un terreno cedido por 30 años por la municipalidad.
El lugar es imponente, porque es una escollera natural en altura que domina la bahía de la ciudad y la lejana península Valdés, visible en el horizonte hacia el Norte.
Ballenas, orcas y delfines pasan por delante, y la luminosidad y el aire puro patagónico invitan a observar indefinidamente los secretos del mar.
Todas las explicaciones posibles están al alcance en las salas interiores del Ecocentro. Con un diseño moderno y creativo, donde se lucen unas ruedas sin fin que permiten visualizar un proceso con imágenes en movimiento con más facilidad que si se manejara un mouse de computadora, cada sala del centro permite conocer detalles de todo tipo sobre la vida inagotable del océano.
Lichter muestra, por ejemplo, un impresionante mapa en relieve sobre las profundidades del Atlántico en comparación con las alturas de los Andes.
Y entrega un dato capaz de sacudir muchas convenciones económicas y productivas: "La superficie y la riqueza del mar continental argentino son muy superiores a las de toda la pampa húmeda. Cuando pensamos que toda la prosperidad argentina se construyó sobre el producto de la pampa húmeda, allí nos podemos dar cuenta de lo que significa la depredación que se ha producido en nuestras costas".
Y ofrece otro dato inquietante: "Tenemos fotos aéreas nocturnas de los límites de la plataforma continental, adonde vienen a pescar barcos de todo el mundo, que muestran casi una línea permanente de iluminación. Son las luces de extraordinaria potencia que encienden esos mismos barcos pesqueros para confundir a los calamares, que suben en busca de la luminosidad y son atrapados cuando se acercan a la superficie".
Tres jóvenes biólogas que dirigen distintas áreas del Ecocentro -Mariana Martínez Rivarola, Valeria Falabella y María Elena Lizurume- brindan a la vez otro ejemplo de un país mejor.
Ciencia joven
Son ecologistas de trabajo activo en el lugar y no de demostraciones efectistas en la Capital Federal.
Han estudiado en la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco, en Puerto Madryn, cerca de sus objetivos de aprendizaje intelectual y de aplicación práctica al recibirse.
Saben una infinidad de cosas interesantes y las transmiten con modestia y paciencia tanto a visitantes ilustrados del país y del extranjero como a estudiantes de escuelas públicas primarias que vienen del interior de la Patagonia a recibir clases especiales gratuitas y vuelven admirados tras asomarse por primera vez a los secretos del mar.
Falabella, coordinadora científica del Ecocentro, estudia en particular la extraordinaria capacidad de vuelo de los petreles, grandes aves marinas que anidan en la península Valdés pero que salen a comer al mar y buscan, como los barcos pesqueros, los límites de la plataforma continental, en grandes viajes que los llevan mar adentro hasta las Malvinas y desde allí hasta el estrecho de Magallanes antes de volver a sus nidos.
"Y siempre vuelven exactamente al mismo lugar", subraya Falabella, que nos muestra en una pantalla el recorrido que está haciendo en este mismo momento un petrel que lleva un chip electrónico que lo mantiene vinculado con los estudios que se hacen en el Ecocentro.
Martínez Rivarola, originaria de San Antonio de Areco pero radicada en Madryn para estudiar y vivir junto al mar, es la directora educativa del centro y tiene todas las respuestas posibles sobre las ballenas.
Explica por qué cada año aumenta la población de ballenas en Valdés; señala que las ballenas, protegidas hoy por el hombre, salvo las criticadas excepciones de Japón, Rusia y Noruega, no pueden ser resguardadas, en cambio, de los insaciables ataques de los miles de gaviotas que las picotean permanentemente hasta generarles dolorosas heridas en la piel, porque las aves buscan alimentarse con la abundante grasa de los cetáceos.
También sorprende al auditorio con las dimensiones y las medidas gigantescas de las ballenas, con datos asombrosos tales como que cada testículo de una ballena macho pesa 1000 kilos, razón por la cual las flotas balleneras valoraban tanto la esperma de ballena, transformada luego en cosméticos y esencias.
Lizurume (hija del actual gobernador del Chubut) también tiene la pasión del mar y dirige la biblioteca del centro con libros y datos en archivo electrónico en constante aumento.
Allí hay salas especiales para chicos y un mirador en el piso superior, comparable a un faro, desde el cual puede compartirse el placer de la lectura con el de la observación del mar por los ventanales.
Muchos visitantes
La construcción general también merece un elogio especial. En estilo patagónico -simple y luminoso, con los clásicos techos de chapa-, el edificio, diseñado por los arquitectos porteños James Donaldson (responsable del reciclado de las estaciones del Tren de la Costa) y Alejandro Corti, se inserta a la perfección en el entorno y emerge, a la vez, como una muestra de avanzada cultural y ecológica sin nada que envidiar a otros grandes centros científicos del mundo.
En sus cortos 45 días de vida han pasado ya más de 3000 visitantes (que pagan una entrada de siete pesos, o cinco para residentes locales, además de visitas gratuitas para escuelas) y los testimonios de asombro de todos ellos pueden corroborarse en las expresiones entre sorprendidas y admirativas que dejan escritas en el libro de visitas.
Si todo eso puede hacerse con sólo 3,5 millones de dólares, cabe imaginar todo lo que la Argentina podría mejorar si la asignación de enormes recursos públicos siguiera el ejemplo de esfuerzos como éste.
Una excusa para viajar a Madryn
Con una fisonomía típica de la Patagonia, y que los arquitectos se esmeraron en realzar, se levanta en Puerto Madryn el novedoso Ecocentro.
El lugar del emplazamiento no es caprichoso: desde allí los científicos pueden ver y observar en detalle el movimiento de cada animal estudiado o por estudiar.
Ecocentro es un emprendimiento absolutamente privado, tal como lo explicó Alfredo Lichter -en la foto-, biólogo por vocación, poeta por sentimiento y declarado amante del mar patagónico.
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