El azufre es enemigo de la libido

Hay soluciones para evitar el divorcio
Hay soluciones para evitar el divorcio Crédito: Gentileza Colgate
Amanda Jot
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20 de febrero de 2018  • 18:35

Las recetas naturales para mantenernos a raya de las enfermedades se basan la mayoría de las veces en el consumo de alimentos "peligrosos" para la vida amorosa, no obstante le eché al arroz unos cuantos dientitos de ajo para perfumar su cocción. Mientras hacia la maniobra de pelarlos una sobrinita de 5 años que contemplaba la escena, advirtió, cínica y seria: "te vas a quedar sin novio si comes ese ajo". Me vino un sacudón de conciencia, no están los tiempos para perder ni siquiera la agenda.

Tal parece que el temor al rechazo nos acompaña desde la tierna infancia, que viene impresa en el ADN esa compulsiva necesidad de agradar para ser aceptados por los demás, algo que esta niña nada tonta tiene bien desarrollado. Leo casualmente con atención un artículo del diario español ABC sobre un estudio contundente respecto de la halitosis. El 40% de la población mundial que sufre de mal aliento dice el texto, cuatro de cada diez, y según datos de la Federación Española de Sociedades de Sexología (FESS), el 29% de las mujeres considera que es el principal inhibidor de la libido. Y atenti que esas exhalaciones pestilentes deserotizan más que la falta de erección (al 16%) y la eyaculación precoz (el 12%). Lo mismo sostienen ellos.

No quiero estropearle el febrero a nadie, pero el flagelo data de siglos atrás. Ya en la Edad Media estaba instituido que después de la lepra y la impotencia o el desinterés sexual, la halitosis era un argumento válido para disolver un matrimonio, destaca la nota, muy instructiva por cierto. Las mujeres son las más propensas ya que, pese a ocuparse más que los hombres de su salud bucal, atraviesan profundos cambios hormonales que afectan la reducción de saliva, favoreciendo las bacterias y microorganismos causantes de caries, gingivitis, periodontitis y mal aliento, entre otros desórdenes. El científico Mel Rosenberg, profesor de microbiología de la Universidad de Tel Aviv, lleva dos décadas dedicadas a investigar el diagnóstico y tratamiento. En sus últimos ensayos p robó que en nuestra boca conviven al menos unas 600 especies de bacterias encargadas de descomponer las proteínas de los alimentos consumidos en la dieta y que contienen gases de azufre.

Y el azufre, justamente, no es una "aromática" digna del arroz. Cuestión es que el ajo, por ahora, volvió a la heladera.

Por: Amanda Jot

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