
El Centro Cultural Recoleta tendrá una residencia para artistas
Albergue: en 15 días se abrirá un "hotel gratuito para las artes", donde podrán alojarse quienes expongan en la institución.
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Buenos Aires se acoplará a la tradición de universidades y centros culturales internacionales de ofrecer programas de artistas en residencia: en poco más de quince días comenzarán a utilizarse las ocho habitaciones-estudio construidas, con ese fin, en un sector del Centro Cultural Recoleta.
Desde Pablo Herkenoff (curador de la Bienal de San Pablo) o Irina Radimova (directora de los Museos del Kremlin) hasta un grupo de artistas de Cuyo, todos pasarán, en los próximos meses, por el nuevo "hotel gratuito para las artes", como lo definió la subsecretaria de Desarrollo Cultural porteña y directora del Centro Cultural Recoleta, Teresa Anchorena.
"Un problema serio cuando queríamos invitar artistas a Buenos Aires era que el presupuesto no nos cubría los gastos de hotel -comentó la funcionaria, entusiasmada, a La Nación -; ahora podemos traer pintores, músicos, críticos y gente de la cultura, y esperar la reciprocidad cuando son nuestros artistas los que viajan." La inversión total de la obra fue de 130.000 dólares y la decoración fue donada por empresas del ramo. El servicio que brindará será equivalente a un hotel de cuatro estrellas, y estará en gran parte a cargo de estudiantes de hotelería seleccionados para realizar allí sus pasantías.
"Esperamos desde jóvenes talentos de las provincias a grandes expertos del exterior, pero por poco tiempo, por ejemplo, mientras duren sus exposiciones", aclaró Anchorena, quien subrayó que su intención es lograr un lugar "integrado, donde los visitantes puedan conocerse con los artistas".
Como en París
El modelo de la funcionaria es el de la Cité des Arts, de París, aunque en una escala más pequeña. Artistas argentinos que residieron en el famoso centro cultural francés se mostraron entusiasmados por la posibilidad de que la Argentina pueda ofrecer facilidades similares.
Uno de los seleccionados fue Jorge Macchi, quien pasó nueve meses en esa famosa institución de la Ciudad Luz. "Es una experiencia extraordinaria, fundamentalmente porque al estar conviviendo con artistas de todo el mundo se relativizan las producciones propias. Uno toma conciencia de cuán atado está a su lugar habitual de trabajo y a partir de eso comienza a liberarse", aseguró, al ser consultado por La Nación .
Macchi ponderó la sana mezcla que se hace de representates de distintas disciplinas artísticas: "Si son todos plásticos, se termina hablando de lo mismo. En cambio, así se enriquecen lo puntos de vista", señaló.
Por su parte, el artista Dino Bruzzone -que también pasó hace unos años por la Cité des Arts- recordó especialmente cómo los huéspedes podían combinar el trabajo cotidiano en los talleres individuales con las reuniones mensuales que organizaba la institución.
"Estos emprendimientos son una gran ayuda para los artistas, cuyo trabajo, si no, es -casi por definición- totalmente solitario", concluyó el joven plástico.




