"El cuento del tío" también viaja en taxi
Los pasajeros, víctimas de trampas
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"Estoy desesperado", dijo el taxista, pocos minutos después de que Emiliano Lafalla subiera al coche, en la esquina de Paseo Colón y Alsina.
"¿Qué pasa?", preguntó el intrigado pasajero.
"A mi hijito de seis años lo tienen que operar en el Hospital Garrahan mañana. Me faltan 300 pesos para poder comprar los medicamentos", sollozó el conductor.
Lafalla, de 31 años, no sabía que estaba a punto de caer en una de las más inauditas trampas que suelen practicarse en algunos de los más de 34.000 taxis que circulan en la ciudad.
Billetes falsos, recorridos más largos de lo necesario, descomposturas mecánicas simuladas seguidas de asalto son las artimañas más comunes, según informó a LA NACION el comisario Raúl Alvarez, jefe de prensa de la Policía Federal.
"Sos casos aislados, pero igualmente hay que tener cuidado, sobre todo cuando se trata de gente mayor, que suele estar desprevenida", dijo Alvarez.
"Me sacó la sensibilidad de adentro", relató Lafalla que, tras parar en un cajero automático, le dio al taxista 150 pesos y le pidió sus datos personales. Poco tiempo después intuyó que algo raro ocurría.
Luego de un trabajo de investigación digno de la CIA, logró enterarse de que no había nadie con ese apellido en el Garrahan y pudo ubicar al chofer, que se disculpó y le devolvió el dinero.
Otro de los "trucos" es digno de un ilusonista: "La persona paga con un billete y el taxista le dice que es falso. Le devuelve un billete apócrifo que tiene guardado y le dice «esto no sirve: págueme o llamo a la policía». O sea que le cambia el verdadero por el falso y después le cobra el viaje", explica Alvarez. Un taxista consultado por LA NACION reconoció que esto suele hacerse con billetes de 10 y de 20 pesos.
El hombre, que no quiso dar a conocer su identidad, también admitió que, cuando los pasajeros son turistas, los conductores pueden optar por el camino más largo y así cobrar más. "Pero la verdad es que desde que tenemos radio taxi estamos todos escrachados", argumentó. Actualmente son cerca de 22.000 los taxis que están monitoreados desde una central.
Otro típico caso de engaño, aunque hoy en vías de extinción, es el denominado "piripipí": un dispositivo que permite digitar el taximetro desde los comandos del auto y hacer que las fichas caigan con más frecuencia de lo normal.
Pero "el cuento del tío" tiene una contracara: "Hace dos meses llevé a una pareja a Martínez. Al llegar, dijeron que se habían olvidado la plata y que subirían al departamento a buscarla. Nunca aparecieron y perdí 23 pesos", cuenta Néstor López, uno de los tantos taxistas que dijo haber sido víctima de un "pagadiós".
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