El Delta y su leyenda "fulminante"
En canoa, con salvavidas y remos, en busca de los misterios
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El remo del hombre que venía de frente era demasiado sutil. Detrás, la luna llena, la noche entrada y las aguas del arroyo El Fulminante, un curso de agua cargado de leyendas que dicen que no es recomendable pasar por allí de noche.
¿La razón? Cuenta la historia argentina que el 4 de octubre de 1877 estalló allí el vapor en el que habían embarcado las tropas confederadas de regreso a casa después de la batalla de Cepeda. El desastre dejó once muertos y arrojó fragmentos de la nave hasta dos kilómetros de distancia. La leyenda local, por su parte, asegura que, por las noches, circulan canoas cuyos tripulantes no hacen ruido al remar, y que no dejan que se les vea el rostro. "Si no saludan, no hay que insistir porque es el espíritu de alguno de los quemados de El Fulminante."
El oportuno relato a bordo de una canoa ocurrió durante la travesía por las aguas del Tigre con luna llena a la que se sumó LA NACION. El narrador es Lucas Míguez, uno de los guías de Selknam, que organiza este tipo de paseos en canoas de madera como las que usaban los onas que habitaban la Patagonia.
La tensión se deshace cuando el hombre, sigiloso, levanta la cabeza y saluda. Listo. Un aparecido menos para el recorrido cargado de espectros fantasmagóricos.
La excursión dura unas tres horas. Y, en su mayoría, la realizan turistas extranjeros. Hay que ponerse salvavidas y remar, mientras Lucas o Juan Manuel Munari cuentan los misterios del Delta.
Cuando alguna lancha se cruza en el camino, las olas golpean el casco de la canoa y la someten a un vaivén que sólo se elude remando más fuerte. Pero salvado el escollo de las pocas embarcaciones con motor, el trayecto es calmo y placentero.
Conocer el Tigre de noche y desierto es una experiencia que no se compara con recorrerlo de día. Las copas de los árboles invertidas al reflejarse en el agua o las pequeñas lechuzas blancas que brillan por la luz plateada son algunas de las postales imposibles de ver en otro momento de la jornada, amén de la luna llena que invita a sacar un palco.
Los impulsores de esta aventura son un grupo de amigos -un antropólogo, un arquitecto, un ebanista y un luthier-, fanáticos de los remos y que un día decidieron instalarse en las islas y construir sus propias canoas de madera.
La propuesta que ellos ofrecen por 20 pesos es un recorrido por ríos y arroyos prácticamente inaccesibles, en canoas de hasta seis personas. El punto de partida es una rampa pegada al Club Hispano, en el extremo opuesto a la Estación Fluvial Delta de Tigre. La excursión bajo la luna es imperdible y el ejercicio de remar por tres horas es algo que hasta el sedentario más caprichoso puede hacer. Eso sí, al volver a casa, caerá desmayado sobre el colchón.
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