
El Expreso Alegría, con paseos para el verano
El tren recorre un circuito de 1300 m
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Este verano, la alegría volvió a marchar sobre rieles en el Parque Avellaneda. Se trata del antiguo trencito inaugurado en 1936, que por falta de mantenimiento había dejado de funcionar hace nueve años.
El pequeño Expreso Alegría, tal como se lo llama, volvió a surcar los 1300 metros de rieles que atraviesan el parque, con sus tradicionales paseos de verano. Parte desde la estación Clemente Onelli y propone un recorrido por los edificios y rincones más significativos del lugar: la casona de los Olivera, el Jardín de la Meditación, el antiguo natatorio, la calesita, el tambo, la muestra de esculturas al aire libre y la gran variedad de especies de árboles, arbustos y aves que habitan ese espacio verde.
La señal sonora que indica la partida de la formación se oye los miércoles y los sábados, entre las 15 y las 19. También los domingos, pero con horario extendido, entre las 10 y las 19. El boleto está al alcance de todos: es gratuito y sólo hace falta presentarse en la improvisada boletería y declarar la voluntad de abordar ese viaje hacia le historia de Parque Avellaneda.
La obra de recuperación incluyó la construcción de un galpón para su guarda y de una vereda perimetral. También se colocó nueva iluminación y se renovó el tendido ferroviario, con tres desvíos manuales para su ingreso y egreso. Además, se instalaron desagües en lugares centrales de su trayecto y se compactó el suelo para atenuar los efectos de las lluvias intensas que obligaban a interrumpir el servicio.
Este expreso es parte de los recuerdos de la infancia de muchos vecinos del parque y de la zona de Flores, aunque en sus comienzos recorría el Jardín Zoológico de la ciudad. Allí fue tendido este breve ramal infantil, luego de que el Concejo Deliberante, autorizó por entonces a construir un pequeño ferrocarril.
Sólo en 1929 se lo trasladó al parque Avellaneda, donde fue inaugurado oficialmente en 1936 y denominado Expreso Alegría.
En los años 50, el aumento en la cantidad de pasajeros que lo elegían como paseo obligó a cambiar las dos locomotoras por unas diésel de origen británico construidas por Ruston & Hornsby. Se necesitaban locomotoras más potentes y coches de pasajeros con mayor capacidad. Fueron los años dorados del trencito. Su característica principal fue la falta de techo en vagones y en la locomotora.
En las últimas tres décadas, el servicio funcionó con altibajos, y el progresivo deterioro del parque hizo que hacia fines de la década del 90 el trencito dejara de circular, debido a ciertas falencias en las condiciones de seguridad. Después de nueve años de correr sólo en los recuerdos, los paseos volvieron a hacerse realidad.
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