
El FBI buscó a Hitler en la Argentina
En 1945, el servicio de inteligencia norteamericano consideró posible que hubiese llegado a las costas del Sur en submarino
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Un paquete de 731 documentos del Federal Bureau of Investigation, recientemente liberado del secreto, prueba que los servicios de investigaciones norteamericanos sospecharon que Adolf Hitler había sobrevivido a la caída de Berlín en mayo de 1945 y conseguido huir a la Argentina a bordo de un submarino.
Según los documentos, el FBI consideró posible esta versión durante al menos cuatro años, y hasta movilizó en la búsqueda a sus agentes en Buenos Aires y en Montevideo.
Las sospechas más fuertes con relación a la Argentina eran que Hitler y un grupo de sus allegados más íntimos habían arribado a las costas del golfo de San Matías, en Río Negro, desplazándose después a una estancia en la zona de la cordillera, y que hasta había visitado a amigos alemanes en La Falda, Córdoba.
Uno de los documentos clave, fechado el 21 de septiembre de 1945, recoge el testimonio de un ciudadano argentino residente en Los Angeles, California. Aunque el nombre del testigo fue tachado por la censura norteamericana, se lee en él su versión de que el jefe del Tercer Reich llegó al golfo de San Matías dos semanas y media después de la caída de Berlín, ocurrida entre el 1º y 2 de mayo de 1945.
Según este testimonio, dos submarinos habrían llegado de noche a las costas del golfo, y Hitler habría desembarcado de la segunda de las naves junto a dos mujeres, medio centenar de soldados y un médico. Del primer submarino, se dice que desembarcaron otro médico y más soldados.
Aunque hoy la versión no es más que una hipótesis excitante, fantástica e inverificable, lo cierto es que submarinos nazis sí llegaron clandestinamente a la Argentina después de terminada la Segunda Guerra. Y hasta es posible que algunos de ellos lo hayan hecho en el lugar detectado hace 53 años por el FBI.
Ese lugar es un sitio remoto llamado caleta de Los Loros, en medio de la costa que forma el golfo de San Matías, y allí, bajo sus aguas, podría estar la respuesta a un misterio que lleva más de medio siglo sin resolverse.
La caleta
Por el camino de la costa que va desde Viedma hacia San Antonio Oeste, la caleta de Los Loros se ve como una laguna calma, inmensa y triangular. Desde el mar, la entrada está marcada por un médano alto a la derecha y la barranca acantilada de la punta Mejillón a la izquierda. Durante la pleamar tiene una profundidad de seis metros, y queda arenosa y vacía en las horas de bajamar. Hay dos riachos que desembocan en ella y fue, desde siempre, un refugio engañoso para capear temporales.
A su alrededor la vegetación es rala, y los días sin viento son un milagro. Aquí nunca hay turistas y los pocos pobladores de la zona viven campo adentro, alejados de la playa.
Frente al médano alto que marca la entrada este de la caleta, a unos 800 metros de la línea de playa en bajamar, durante años se vieron restos de una nave. Aparecían y desaparecían entre las olas, y hasta principios de los años ochenta, en los días de marea baja y viento norte, los vecinos de Viedma y San Antonio llegaban hasta allí para verlos. "Vamos a ver el submarino", decían, pero sólo tenían la certeza que da el rumor.
En realidad, las versiones sobre la existencia de un submarino alemán hundido frente a caleta de Los Loros, datan de mediados de los años cincuenta. Uno de los primeros en verlo fue Mario Chironi, un piloto civil que durante años sobrevoló los médanos que rodean la caleta.
"Volando sobre ella vi los restos del submarino varias veces. La primera vez fue en 1957 y después, en los años siguientes. La verdad es que no me interesaba otra cosa que ver si se podía desguazar y hacer algún negocio vendiendo el fierro. Pero sí, el submarino está ahí y hasta hace poco, a veces, se lo podía ver desde la playa".
Quien dice haberlo visto desde la playa, justamente, es Vidal Pereyra, un español de 64 años, jubilado de la empresa alemana Lahusen. "En marzo de 1980 vinieron unos amigos y me dijeron: "Hay viento norte, vamos a ver el submarino". Cuando llegamos a la playa se veía perfectamente la proa; estaba varado a unos 200 metros de donde llegaba el agua. Después no lo vi más, pero mucha gente de por aquí conoce la historia, y hasta creo que hay fotografías...".
La foto
Eduardo Frías es veterinario y, a esta altura, fotógrafo más que aficionado. Hace 12 años que integra un fotoclub coordinado por Marcelo Ochoa, y casi ocho que fotografió, al este de la caleta, lo que podrían ser los restos del submarino. ¿O de "los submarinos", como cita el paper del FBI?
"Era un día de bajamar extraordinaria y alquilé una avioneta para ver si los encontraba. Quien me había hablado de los submarinos y me había dicho dónde estaban era Carlos Taborda, presidente del Consejo Provincial de Educación. Estábamos sobrevolando la zona y de pronto los vimos. Los fotografié, seguimos un poco hacia San Antonio, dimos la vuelta, y cuando regresamos el mar ya había crecido, la luz había cambiado y no los vimos más".
La foto que tomó Frías muestra dos figuras alargadas, paralelas entre sí y a la línea de la costa, y cubiertas por el agua. El avión que había alquilado estaba volando a unos 500 metros de la superficie y, según los primeros peritajes, las figuras podrían tener más de 60 metros de largo por unos cuatro de ancho. Parecerían ser elementos ferrosos apoyados en el fondo, y el hecho de que sean dos fue lo que dio pie a la versión de que allí había dos submarinos y no uno solo, lo que parece concordar con el documento del FBI.
La de Frías es la única foto privada existente de restos navales frente a caleta de Los Loros. La imprecisión de la toma -realizada en movimiento, sin una lente adecuada y mediatizada por el acrílico de la cabina de la avioneta- le quita nitidez y calidad a la imagen.
Lo que no le quita, en todo caso, es el carácter de evidencia de que allí hay algo en el fondo del mar, y que sea esto lo que sea, no figura en las cartas náuticas del Servicio de Hidrografía Naval. Para los mapas oficiales, allí no hay restos ni objetos que dificulten o impliquen peligro para la navegación, y después de todo la navegación allí es casi nula.
Ahora bien: ¿qué dice la Armada sobre todo esto?
Los documentos
En los archivos de la Armada Argentina, más modestos que los del FBI, hay unos 70 documentos que hablan de posibles submarinos alemanes llegados a playas argentinas en los días siguientes al fin de la guerra.
La serie se inicia el 22 de mayo de 1945 dos semanas después de la rendición de la Alemania nazi y termina el 25 de septiembre del mismo año. En esos cuatro meses se había vivido una especie de psicosis colectiva con los submarinos, y decenas de testigos entre San Clemente del Tuyú y Comodoro Rivadavia juraban haberlos visto cerca de la costa y hasta desembarcando a sus tripulantes.
Dos de esos documentos en particular son breves, pero interesantes. Están fechados el mismo día, y el primero dice: De la Escuadra de Mar. 18 de julio de 1945. 19.15. C.4063. GR20. Retransmito señal Mendoza diciendo EGA periscopio San Antonio Este. He dispuesto reforzar exploración allí. En el segundo documento se lee: De Escumar a Buques de Escumar. Recibido a 23.00 día 18 de julio. Hidrófonos vigías denuncian submarino atacado con bombas hasta oscurecer. Sin novedad. Posición: proximidades el Fuerte.
La Mendoza era una lancha torpedera de la Armada, movilizada por 12 buques de guerra por las denuncias de avistamientos, y El Fuerte es una zona costera del golfo de San Matías, al oeste de la caleta de Los Loros.
Un tercer documento, fechado el 20 de agosto de 1945, completa la historia: en un memorandum, la embajada de los EE. UU. pide información sobre las andanzas de los submarinos y pregunta "si las tripulaciones han tenido alguna comunicación con personas en el territorio argentino, o cualquier otro contacto con la costa".
La respuesta argentina al pedido fue que de las constancias existentes "no puede deducirse que (...) hayan estado en contacto con la costa argentina o mantenido comunicación con personas del territorio nacional".
Después de eso, un enérgico "Archívese" y fin de la cuestión.
¿Fin de la cuestión?
La sospecha
Cincuenta y tres años más tarde, durante una reunión informal mantenida a fines de abril último entre La Nación y oficiales superiores de la Armada, la posición de esa fuerza fue: "No sabemos nada, pero no lo descartamos".
Para ese momento, el alto mando naval ya había evaluado los informes que los capitanes de navío Diego Milles y Ricardo Leprón, desde el aviso ARA Burruchaga, habían enviado en enero de este año sobre una búsqueda oficiosa realizada en el golfo de San Matías, frente a caleta de Los Loros.
La búsqueda no había dado ningún resultado, y el Burruchaga había sido trasladado al Sur. La noticia de la pesquisa había sido publicada por un diario de Viedma, y el fracaso dio lugar a preguntas ineludibles: ¿Cómo era posible que no se hubiera encontrado nada? ¿Y los testigos que los habían visto? ¿Y la foto del veterinario Frías? ¿Y el documento de la Armada que hablaba del ataque? Y la pregunta que ponía en duda toda la historia: ¿o será que allí no hay ningún submarino?
"Que no los hayan encontrado no significa que no estén", dijo Juan García Belver, buzo profesional y especialista en rescate de naves hundidas. "La primera cuestión es que en el mar, si no se cuenta con una ubicación exacta, la búsqueda se torna casi imposible. Lo segundo es que, después de más de 50 años, es posible que los restos estén diseminados en un área extensa y tapados por la arena. Lo tercero por resolver es la elección de una técnica de rastreo y del instrumental adecuado, como detectores magnéticos y perfiladores de fondo. Hasta tanto no se haga una búsqueda profesional y seria, no se puede descartar nada."
Por ahora sigue la sospecha, y lo único cierto es que allí en el fondo del mar, frente a la solitaria caleta de Los Loros, yace un secreto aún no develado. Las llaves para desentrañarlo quizá no estén tan lejos, y hasta es posible que, hace 20 años, la Armada Argentina supiera más que ahora.
La carpeta
Carlos Massey es subprefecto retirado y dueño de una agencia de rescate de buques. Es perito naval en salvamento y buceo, y mientras estaba en Prefectura -entre 1966 y 1979- se vio imprevistamente involucrado en la historia de los submarinos.
En agosto de 1978, Massey estaba en Puerto Belgrano trabajando en los preparativos para reflotar el Conturianis, un buque griego incendiado y hundido frente a Puerto Madryn. Era miembro de un equipo de peritos de Prefectura que habían desarrollado una técnica de reflotamiento novedosa -la inyección de styroporus en el casco hundido- y había sido llamado para hacer la tarea.
"Un día, a fines de agosto, fui convocado a una reunión en la base naval. Yo no sabía para qué era, y cuando llegué me encontré con que tenía que evaluar, con otros peritos, la posibilidad de rescate de dos submarinos alemanes hundidos al final de la guerra. La Armada tenía precisiones sobre su localización, porque un avión Neptuno los había sobrevolado unos siete años antes. Estaban a unos quince metros de profundidad, y a unos ochocientos metros de la costa, casi paralelos entre sí y apenas más separados en las popas. En las fotografías que nos mostraron podían distinguirse las siluetas de las naves y hasta las torretas, que se veían más oscuras."
Según Massey, el hallazgo de la Armada había sido casual: "En realidad, estaban buscando presuntos submarinos soviéticos que se sospechaba que estaban en aguas jurisdiccionales argentinas, y por eso habían mandado al Neptuno, con equipos especiales, a sobrevolar una línea cercana a la costa".
El anuncio lo había hecho un oficial superior de la Marina, quien antes de explicarles el asunto les había ordenado reserva y confidencialidad. "El documento que nos mostró -recuerda Massey- estaba dentro de una carpeta azul que en la tapa tenía el sello de Estrictamente secreto y confidencial . El informe tenía 100 fojas, donde había fotografías de los submarinos, croquis, dibujos y cartas náuticas de la zona. También había informes firmados por un jefe de la fuerza que reproducían la hora exacta del avistamiento, las condiciones en que se había hecho y las coordenadas exactas del lugar donde estaban los submarinos."
Massey no volvió a tener noticias oficiales sobre el reflotamiento que se intentaba, pero después escuchó rumores. Estos decían que la operación se había cancelado ante la sospecha de que los submarinos pudieran estar protegidos por explosivos estables, de alta resistencia y cuyas cualidades permanecían intactas por muchísimo tiempo, aun bajo el agua.
Como se indicó antes, la respuesta a La Nación por altos oficiales de la Armada es que desconocen toda esta historia, y que no tienen conocimiento de la reunión a la que alude Massey.
"No sabemos nada -insisten-, pero no lo descartamos."
El alerta
Un último indicio sobre el conocimiento que algunos jefes navales habrían tenido sobre la presencia de los submarinos en la caleta de Los Loros lo dio el testimonio, en enero de 1997, un capitán de la Marina Mercante.
Diego Ginacca está jubilado desde 1991 y vive, ahora, de la renta de una estación de servicio y de su pensión de ex combatiente. Durante 25 años había navegado buques de abastecimiento petrolero de YPF, y así se habría retirado de no ser por una circunstancia fortuita: en 1981, la empresa lo mandó a hacer un curso en la Escuela de Guerra Naval, y un año más tarde le encomendaron el Campo Durán para que abasteciera a la flota argentina durante la Guerra de Malvinas.
Un día -que tuvo que ser después del 2 de mayo de 1982, porque el General Belgrano ya había sido hundido-, el buque que comandaba Ginacca estaba en el golfo de San Matías, muy cerca de la costa, abasteciendo a la fragata Santísima Trinidad.
Ya se habían conectado las mangueras y la nave estaba en pleno abastecimiento, cuando un helicóptero argentino que controlaba la operación dio un alerta que desató los nervios: "Tiene en su popa compañía".
Según Ginacca, desde el helicóptero se habían divisado las siluetas de los submarinos, y se los había confundido con naves británicas a punto de atacar. Rápidamente se cortaron las mangueras y los buques comenzaron a maniobrar para salir de la zona; sólo una hora después, desde el helicóptero, volvieron a comunicarse con los barcos para decir que no había peligro.
Hoy, retirado de la actividad, Ginacca dice que lo visto desde el helicóptero no eran ballenas ni submarinos ingleses, sino los dos submarinos alemanes que la Armada conocía desde 1971.
Sobre la ubicación exacta, el capitán no recuerda nada: "Estaba atento a las maniobras y no a la ubicación", dice, y lamenta que el incidente no haya quedado registrado en los libros de navegación.
Las investigaciones sobre la presencia de submarinos alemanes, los temidos lobos grises hundidos en aguas patagónicas, no han dicho aún la última palabra. Una reciente expedición financiada por el diario La Mañana del Sur volvió a dar resultados precarios: unas confusas señales magnéticas y difusas imágenes de un video subacuático apenas si excitan la imaginación sin probar nada.
Sea lo que sea lo que haya bajo el agua frente a caleta de Los Loros, el secreto sigue a salvo.
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