¿El fin de los tacos? Cada vez más celebridades le dicen no a los zapatos altos
Julia Roberts, Jennifer Lawrence y hasta Sarah Jessica Parker se han desquitado contra esta pieza de la moda que tantos pesares trae a los pies
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“Hacía todo lo que Fred hacía, sólo que al revés y con tacones altos”, explicó durante años Ginger Rogers sobre el trabajo como bailarina y actriz que compartía con su compañero Fred Astaire, en un claro guiño al desbalance de expectativas sobre cada sexo. Si bien Rogers hablaba de algo muy puntual, también se refería a un contexto mayor: se espera que las mujeres sean profesionales comprometidas, madres aplicadas, excelentes amigas, buenas amantes, y encima, que sean sexys; hacer gran parte del trabajo que hacen los hombres pero con tacones altos parece fácil pero no lo es.
De un buen tiempo a esta parte que los tacos altos han dejado de ser sólo zapatos que te elevan unos centímetros por encima del suelo, para convertirse en hitos de la cultura pop frecuentemente asociados con la femineidad, la idea de profesionalismo, ambición, y por supuesto, la sensualidad y sexualidad. Y sin embargo, desde podólogos a estrellas de Hollywood, pasando por fabricantes de zapatos y hasta periodistas contando sus propias experiencias con estas piezas de indumentaria convertidas en herramientas de tortura, se ha denunciado sistemáticamente que los tacos son antinaturales y poco saludables.
Julia Roberts, activista

Sin ir más lejos este año en la alfombra roja del Festival de Cannes la actriz Julia Roberts causó conmoción al aparecer con un hermoso vestido de la firma Armani, descalza. Lejos de ser un desvarío o un plan de marketing, Roberts se tomó esta pequeña libertad para expresar por un lado su oposición a la tiranía de los tacones, y por otro, su solidaridad con un grupo de mujeres que había sido absurdamente excluido de la celebración el año anterior por no llevar zapatos altos (la etiqueta requerida para las mujeres en la red carpet). Si bien los organizadores del festival se lavaron las manos sin comentarios sobre este incidente específico, confirmaron que “es obligatorio para todas las mujeres llevar tacos altos”.
Quizás empoderadas por la propia Roberts, que ya es toda una veterana en esta clase de actos simbólicos de protesta (subió descalza al escenario de los premios BAFTA en el año 2013 y también se ha mostrado sin depilación en las axilas), o simplemente cansadas de tanto dolor de pies, otras figuras criticaron lo injusto de este régimen compulsivo. La actriz británica Emily Blunt, también en el Festival de Cannes del año pasado, manifestó mientras presentaba su film Sicario que “todo el mundo debería usar zapatos bajos”, y Kirsten Stewart, no ajena a las controversias, dijo este año que si alguien le exigiera que use zapatos altos para entrar a un lugar también pediría que los hombres lo hagan. “Las mujeres deberían poder elegir entre la etiqueta que más cómoda le queda, chatas o tacos”.
Hasta las más fanáticas se resisten
Ellas no son las únicas, figuras históricamente asociadas con este calzado, desde Victoria Beckham a la actriz Sarah Jessica Parker -quien marcó a miles de mujeres a fuego con su alter-ego televisivo, adicto a los zapatos- han admitido públicamente que ya no resisten usar stilettos y que sus pies están en recuperación. Otras como Jennifer Lawrence llaman a los tacos altos, “zapatos del diablo”, y modelos como Clara Delevingne confiesan que prefieren no usarlos. Las firmas siguen.

Un estudio reciente realizado por la Asociación Médica Podológica Americana encontró que el 38% de las mujeres afirman que incluso si los tacones les causan incomodidad los seguirían usando, y un 71% admitió tener algún tipo de problema o dolencia asociada con los pies. Pero entonces, si duelen tanto, si ocasionan discomfort, si hasta deforman nuestros pies, ¿por qué los seguimos usando?
¿Mística de poder?
¿Acaso se justifica poner la estética por sobre la salud? ¿O es más que esto? Tal vez como explica la periodista Megan Garber en un extenso dossier acerca de la tiranía de los tacos, las connotaciones culturales de estos objetos de deseo femenino son mucho más amplias: desde dar idea de proficiencia y capacidad ya que se consideran el uniforme por default de toda mujer profesional moderna -mientras que a los hombres sólo les exigen llevar traje y corbata-, a dar idea de estatus económico o funcionar como demarcador social. Inclusive hoy siglo XXI, los tacos parecieran conferir una mística de poder inapelable, con referentes como Beyonce -acaso el epítome de la super-mujer todo poderosa-, al acecho constante del imaginario femenino.
Por otro lado, subyace la cuestión comercial, en especial con el poderío y la influencia que la industria de la moda tiene para establecer cánones de belleza y hacernos desear lo que no necesitamos, o nos hace mal, como en este caso. El mismo artículo reporta que sólo en los EEUU se gastan $3.5 miles de millones al año en cirugías de pie, en la mayoría de los casos señalando como culpables a los tacos. El deseo por llevarlos a toda costa ha generado algunas modas francamente bizarras como la de inyectarse botox en los pies, o dado lugar a toda una sub-rama de la industria especializada en asistir a las mujeres en el difícil “arte de caminar con tacones” con clips virales al mejor estilo Bart Simpson cuando le enseñaba a su hermanita Lisa a caminar, o canales de YouTube con este fin. Insólito pero real.
Al final del día, “tacos sí o tacos no” parece haberse vuelto parte de un debate más grande. Algunos lo señalan como el nuevo tópico en la agenda feminista, cuando se piensa que muchos de éstos son productos creados por hombres para satisfacer, irónicamente, los deseos masculinos aunque sean llevados por ellas. Lo cierto es que cada vez más mujeres, famosas e ignotas, están poniendo en la balanza la comodidad y la salud primero. Mientras tanto, para todas aquellas que se resignan ante el dolor, o bien, que mantienen la esperanza de encontrar un calzado alto y menos nocivo, ya se está investigando la posibilidad, tecnología del calzado mediante, de hacer zapatos de tacón alto que sean utilizables todos los días.
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