
El kitesurfing, el deporte que levanta olas tanto en el río como en el mar
Son cada vez más los que lo practican; dicen que combina adrenalina y emoción
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Con una simple maniobra de brazos inclinados, en pocos segundos el paracaídas se despliega y, despedido hacia arriba por una intensa inyección de aire, el kitesurfer se lanza... ¡Y a volar!
Inspirado en los conceptos del windsurf, el esquí y el paracaidismo, el kitesurfing conjuga la adrenalina de los deportes extremos y la libertad del contacto con la naturaleza.
Con ayuda de la propulsión del viento -a través de una especie de parapente, o más precisamente de un barrilete (en inglés, kite )- el navegante se desplaza sobre el agua con su tabla de surf a gran velocidad, y da giros y saltos al compás de las ráfagas.
En los últimos años esta disciplina se ha convertido en uno de los deportes de mayor crecimiento en el mundo -sobre todo en Europa- y ahora su práctica hace furor entre los porteños. A tal punto que, periódicamente, cuando las condiciones climáticas lo permiten, los paradores del Ombú, Puerto Tablas, El Molino, Perú Beach, en la localidad de Acassuso, y las playas de Mar del Plata, Villa Gesell y Pinamar se convierten en el epicentro de entusiastas deportistas que deslumbran a los espectadores con sus saltos.
"Hace sólo cuatro años, en Buenos Aires éramos 10 los que practicábamos el deporte, y hoy, más de 300", explicó a LA NACION Gonzalo Diez, uno de los miembros de la comisión directiva de la Asociación Argentina de Kite (AAK) y por supuesto, al igual que la mayoría de sus seguidores, un fanático kiter.
Rápido y a los saltos
Una vez desplegado, el kite alcanza una velocidad promedio de entre 60 y 70 km por hora. Sin embargo, según la opinión de los expertos, lo más importante no es necesariamente la velocidad, sino la posibilidad de realizar maniobras con el cuerpo y de elevarse con saltos espectaculares, que en el caso de los más arriesgados alcanzan los 15 metros de altura.
"Es más fácil que peligroso", coinciden los que lo practican, ya que con una o dos semanas de instrucción la mayoría de las personas con cierto estado físico están en condiciones de surcar las aguas.
"Este deporte, si lo aprendés, te habilita para practicar surf y otros deportes afines", explicó el instructor Francisco Anello, de 27 años. "Es muy divertido y, además, tiene muchísimo futuro", agregó, destacando que en los últimos años el deporte tuvo una explosión en las principales playas turísticas del mundo. En América del Sur, Brasil y Perú mantienen el liderazgo en cuanto a infraestructura y condiciones climáticas óptimas, pero la Argentina figura entre los países mejor posicionados, ya que el campeón mundial 2003 fue Martín Vari, un argentino que desde hace siete años reside en Hawai.
Al igual que en la mayoría de los deportes extremos, el equipo completo que se requiere ( kite, manillar y sistema de líneas, un arnés, traje de neoprene, salvavidas y casco) no es de los más accesibles, dado que su valor promedio oscila entre los 800 y los 1500 dólares, aunque siempre se pueden adquirir equipos usados.
Es difícil expresar lo que este deporte transmite a sus cultores: "es pura adrenalina"; "al saltar, sentís que flotás y perdés gravedad", son algunas expresiones de los fanáticos. "Cuando navegás te expresás, te desafiás a vos mismo y a las fuerzas de la naturaleza", graficó Pablo Gal, un diseñador industrial que desde hace cuatro años lo practica y ofrece asesoramiento para la comercialización de equipos.
Precauciones y costos
- Nadie debe remontar un kite sin conocer su mecanismo de funcionamiento en profundidad.
- Pedir asesoramiento de especialistas para adquirir el equipo apropiado (acorde con capacidad, entrenamiento y peso de la persona).
- Nunca remontarlo cerca de otras personas, costa, cables de alta tensión, muelles o embarcaciones.
- Llevar siempre casco protector para impedir golpes con la tabla o cortes de orejas con las líneas.
- No navegar en condiciones climáticas extremas o con vientos arrachados, con vientos de tierra o en aguas poco profundas.
- Cursos: varían de entre 200 y 350 pesos, y la clase individual, $ 60.
- Dónde practicarlo: paradores El Ombú, Puerto Tablas, El Molino, Perú Beach (Elcano 900 - Acasusso).Mar del Plata, Villa Gesell, Pinamar, Monte Hermoso, Quilmes, Necochea y Chascomús.
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