
El mismo espíritu, pero no el impacto
El estreno de Cosmos, un viaje personal, por Canal 13, fue uno de los grandes acontecimientos televisivos de 1982. Nada igual se había visto hasta entonces. El documental (habitual sinónimo de la mejor televisión posible) se jerarquizaba como nunca gracias a las innovaciones técnicas del programa, al poder de sus imágenes y a la inigualable capacidad didáctica de Carl Sagan. Tres décadas después, con un largo camino de investigación recorrido y una prodigiosa disponibilidad de herramientas técnicas y científicas, la remake de uno de los mejores ciclos de divulgación científica de la historia televisiva no provoca reacciones similares. ¿Por qué? Lo que tres décadas atrás era único hoy convive con innumerables propuestas que siguen la misma dirección. Hoy contamos con señales enteras de la TV paga consagradas al mismo tema desde todos los ángulos posibles, algo que ni siquiera un lanzamiento como el de anteanoche (emitido en simultáneo por cinco canales) logra compensar.
Lo que sí perdura en el nuevo Cosmos es una buena parte del espíritu original. El televidente vuelve a hacerse las mismas preguntas de 1982 sobre el origen del universo y el minúsculo lugar que ocupamos en él. También sobre el significado del calendario cósmico, uno de los grandes hallazgos de Sagan. Brillaron (a veces de un modo abrumador) los efectos especiales, no llamaron demasiado la atención los segmentos animados sobre Giordano Bruno y conmovió genuinamente el recuerdo que el nuevo presentador, Neil DeGrasse Tyson, hizo de Sagan, su mentor e iniciador a la vez de este gran camino de divulgación, fecundo y multiplicado tres décadas después. También en televisión.






