El monumento al trabajo se halla en un estado lamentable
Descuido: hasta ayer, Día del Escultor, las rejas que lo protegen estaban abiertas; pintadas, basura y suciedad de perro lo rodean.
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Cuando en 1922 el escultor argentino Rogelio Yrurtia inauguró su monumento "Canto al Trabajo", en la plazoleta de Paseo Colón e Independencia, probablemente no imaginó que en marzo de 2000 muchas de las esculturas que forman parte de su obra tendrían escritas en las nalgas consignas amorosas y nombres de mujeres con líquido corrector.
De seguro tampoco imaginó que la base del monumento, de granito gris, haría las veces de baño para los perros de la zona ni que la plazoleta Coronel Manuel Ugarte, exactamente enfrente de la Facultad de Ingeniería, donde sigue emplazado el monumento, sería una de las más sucias de la ciudad.
Envases de yogur, cucharitas, bandejas de comida rápida, cartones, cajas de pizza, botellas, cartones de vino, latas, rollos de papel higiénico al viento, rollos de cajas registradoras enroscados en los arbustos. Ese es el paisaje que rodea al "Canto al Trabajo", una obra reconocida mundialmente. La cercanía de dos locales de casas de comidas rápidas no ayuda.
Pero hay algo peor: desde hace poco tiempo el monumento está enrejado, aunque la reja no está cerrada con candado.
Los hierros negros se transforman entonces en el corral perfecto para los paseadores de perros, que sueltan a los animales adentro, aseguran provisionalmente la puerta y pueden descansar tranquilos; los perros no se les van a escapar.
Los dos metros de tierra árida que separan al monumento de la reja están llenos de pozos y deposiciones y los bordes de la escultura se han puesto negros de tanto recibir orín.
El candado de Fioravanti
Ayer se celebró el Día Internacional del Escultor, al conmemorarse la fecha de nacimiento del genio italiano Miguel Angel Buonarotti.
César Fioravanti, director del Museo Perlotti, junto con representantes del Museo Casa de Rogelio Yrurtia y una decena de escultores, se acercó al mediodía hasta el monumento para depositar una ofrenda floral como homenaje.
Ante el panorama de total descuido, Fioravanti decidió pasar a la acción. Compró una cadena y un candado y cerró la reja él mismo para evitar el ingreso de perros. Junto al candado dejó un papel con la instrucción: "Para las llaves, comunicarse con el Museo Perlotti, 4431-2825 y 4433-3396".
"Es una vergüenza. Yo soy el primero en decir que las rejas afean los monumentos, pero son para cuidarlos y tienen que estar cerradas, caramba", dijo Fioravanti a La Nación en diálogo telefónico.
Ayer por la tarde la basura seguía acumulándose, mientras dos señoras paseaban a sus perros y una pareja de adolescentes se peleaba en un banco, todos de espaldas al monumento.
Una obra de los años 20
A principios de los años 20, el intendente de Buenos Aires, Torcuato de Alvear, le encargó la obra al escultor argentino Rogelio Yrurtia.
Yrurtia había estudiado en la Sociedad Estímulos de Bellas Artes en el curso de Correa Morales y pocos años antes se había instalado en París, para ejercer en la Academia Julien.
En un primer momento sólo tres hombres arrastrarían la roca de la obra, pero finalmente Yrurtia aumentó el número. Quedaron 14 figuras de bronce de más de dos metros y medio de alto, entre hombres, mujeres y niños.
La composición de masas se ubica en los extremos de la plataforma, uno conformado por la roca y otro por los trabajadores que la arrastran, dando forma a un delicado equilibrio entre el lleno y el vacío. La obra se inauguró en 1922 en el mismo sitio en el que se alza ahora.
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