
El Palacio de los Bichos y del juego
Era viernes, con tiempo lluvioso y mucha humedad, estaba circulando por la calle Escalada, cuando al llegar a su cruce con Emilio Castro, me paró un señor y como siempre digo al subir un pasajero, comienza una nueva historia.
El señor me pidió ir al hipódromo de Palermo, iba a jugar a las maquinitas, pero previamente, como me reconoció que era yo quien escribía en LA NACION y que habitualmente me leía, quiso que, primero, lo llevara hasta la calle Campana en su cruce con el ferrocarril San Martín, en el barrio de Villa del Parque, para ver el Palacio de los Bichos y que le relatara su historia.
Mientras nos dirigíamos hacia allí, el señor me contó parte de su vida, tiene sesenta y nueve años y es de origen español. Me comentó que hace años que trabaja en el rubro gastronómico.
Vino a nuestro país junto a sus padres y hermanos a las cinco años, estudió y cuando tenía veinte se empleó como mozo de un bar.
A partir de allí trabajo muy duramente y se sacrificó hasta lograr tener un mínimo porcentaje en la sociedad del establecimiento. Más adelante con los ahorros obtenidos obtuvo una participación muy reducida en una confitería, incrementando así sus ingresos mensuales y destinando parte de ellos a comprar con los años partes importantes en una pizzería, y llegando a tener quince porcentajes en diversos bares y confiterías.
Don Manuel, me contó que es un hombre agradecido a la vida y a nuestro país, que con esfuerzo personal y empeño logró forjarse un promisorio porvenir. Se casó y tuvo dos hijas: una de ellas es médica pediatra y la otra abogada.
Actualmente tres veces a la semana hace una recorrida por los lugares donde tiene participación societaria, controlando cómo funciona todo y ahora puede darse el gusto de jugar en las maquinitas del Hipódromo, vacacionar tanto en el país como viajar a España y ver a sus parientes lejanos en su terruño de Asturias.
Después de aquellos comentarios y confesiones, llegamos a Villa del Parque. La foto que acompaña la nota nos muestra cómo es el famoso Palacio de los Bichos y del cuál los habitantes del barrio están orgullosos, no sólo por lo que la historia significa, sino también por la trascendencia que le ha dado al lugar.
Paré el auto y tomé una foto. Nos quedamos apoyados en el auto y procedí a contarle la historia del Palacio. Se cuenta que a fines del siglo diecinueve, un comerciante de apellido Giordano, originario de Italia, vino a la Argentina y decidió instalarse en aquel lugar de quintas, junto a su esposa Vittoria y su hija Lucía. En pocos años incrementó su fortuna y era frecuente verlo concurrir al Club El Progreso y al Plaza Hotel a tomar café y copetines.
Aproximadamente por el año 1911, Rafaél Giordano mandó a construir un palacio de cinco pisos, con una importante cúpula que permitía ser visualizado a la distancia y tomado como referencia. Su hija Lucía abandonó la universidad y decidió concurrir al conservatorio de música para aprender a tocar el piano. Allí conoció a un joven que estudiaba violín: se trataba de Ángel, de veintidós años, cuya ambición era recibirse como farmacéutico y dedicarse a dar conciertos de violín.
Cuando el palacio estaba construido, Lucía y Ángel resolvieron casarse y la fiesta se realizó en la propiedad de Giordano.
Luego de la fastuosa fiesta que fue considerada como una de las más importantes de la época, a las cuatro de la mañana los novios debían irse al centro. Dado que en el barrio la mayoría de las calles eran de tierra y como en los días anteriores a la fiesta había llovido mucho, la zona estaba muy anegada y el vehículo que debía trasladar a los contrayentes los esperaba del otro lado del cruce ferroviario y ellos habrían de cruzar a pie hasta el auto.
Los padres y familiares estaban en los balcones del palacio despidiendo a la pareja que comenzó a cruzar las vías, sin advertir que por la baja visibilidad ocasionada por la falta de iluminación, no les permitió percibir la proximidad de una formación ferroviaria y fueron atropellados.
Luego de tan desgraciado suceso, Rafael Giordano resolvió cerrar el Palacio de los Bichos, y llevarse los cuerpos de su hija y yerno a su pueblo natal de Salerno en Italia. El lugar permaneció cerrado por muchos años y el nombre con que se lo identifica se debe a que está adornado con gárgolas y bichos que decoran sus paredes y balcones.
Después de escuchar el relato, Manuel se quedó un rato en silencio y luego me volvió a ratificar su alegría por los años trabajados en la Argentina y todo lo que había podido lograr y darle a su familia. Por eso me comentó que ante esta historia, tenía decidido disfrutar cada momento de su vida.
Volvimos a auto, continuamos el recorrido arribando finalmente a destino, el Palacio del Juego, donde haría unos tiritos, probando suerte. Nos despedimos.
Será hasta nuestro próximo encuentro.
La respuesta de la foto de la semana pasada
Muy bien los lectores que descubrieron la ubicación del edificio mostrado en la foto del lunes pasado. Efectivamente está en los Bosques de Palermo, casi detrás del Planetario Galileo Galilei. La construcción tiene forma octogonal y es una bomba elevadora para la red cloacal principal, igual a otras que hay en el resto de nuestra ciudad.
Felicitaciones a quienes acertaron.
¿Qué lugar de la Ciudad es?; deje su respuesta. El lunes próximo, se revelará la incógnita

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