
El Paseo de la Infanta, más cerca de convertirse en tierra de nadie
Una puja de jurisdicciones lo sumió en el abandono; funciona un solo local
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Veredas rotas y un barrial los días de lluvia rodean los 13 arcos de ladrillos centenarios del ferrocarril General Mitre. Bajo sus puentes, locales con vidrios rotos, telarañas y alguna que otra copa que quedó tirada desde la época en que el lugar era una fiesta. El Paseo de la Infanta, todavía promocionado en algunas páginas de Internet para turistas, está cerca de convertirse en tierra de nadie. Aunque su entorno le garantiza el éxito, problemas de jurisdicciones y trámites burocráticos impiden su florecimiento.
La confitería Bomfim es el único vestigio vivo de aquellos buenos tiempos. Sin embargo, aunque sus mesas estén llenas, no se sabe cuánto tiempo más podrá trabajar. "No renuevan los contratos y con todos los locales cerrados la zona se vuelve cada día más peligrosa", comentó a LA NACION un encargado del local. "La gente viene de día, pero ¿quién se anima a meterse de noche?", se preguntó.
El último local en cerrar fue "1.6, espacio urbano deportivo", a mediados del mes último. Allí se daban clases de gimnasia gratuitas y se vendían bebidas hidratantes. "Como la gente se enganchó con el lugar, algunos profesores seguimos con las clases al aire libre", contó el entrenador físico Christian Saucedo, mientras dos de sus alumnas realizaban abdominales sobre una pirca mojada del Paseo. "Antes tenía 250 alumnos por clase, ahora 25 en toda la semana", comparó.
Según Matías Rosales, empresario de 43 años, es incomprensible la decadencia del lugar: "Este es un espacio privilegiado y algo raro pasa para que esté todo cerrado".
Y no se equivoca Rosales cuando lo califica de privilegiado: su ubicación es estratégica. El Paseo de la Infanta está enclavado en una de las zonas más caras de Buenos Aires, donde reside el mayor porcentaje de la población con más poder adquisitivo del país. Está rodeado por los parques de Palermo, el museo Sívori, el Rosedal, el hipódromo y el Campo Argentino de Polo. Y está flanqueado por dos avenidas que le otorgan un fácil acceso: Libertador y Bullrich.
Sin embargo, según una alta fuente de la Fiscalía en lo Criminal de Instrucción N° 33, en el paseo reina la ilegalidad. "Hay órdenes de desalojo que no se cumplen. Llama la atención que haya un local abierto, porque ninguno tiene habilitación para funcionar", dijeron a LA NACION.
No sabe, no contesta
Según miembros de la Secretaría de Seguridad de la Ciudad, la Jefatura de Gobierno tiene la competencia para habilitar locales comerciales. Por existir una zona gris sobre la jurisdicción, la empresa que tiene la concesión presenta un recurso de amparo cada vez que se niega una habilitación. Aunque el Paseo está dentro del parque 3 de Febrero, el espacio que ocupa, es decir, el terreno que está debajo de los puentes, no pertenece a la Ciudad, sino al Estado nacional, ya que es propiedad de ferrocarriles.
A través de el Organismo Nacional de Administración de Bienes del Estado (Onabe), la Nación entregó el espacio en concesión hasta 2009 a la empresa Panter, que subarrienda los locales. Marcelo Vallarino, uno de los dueños de Panter, contó que, en un intento por lograr una situación en la que todos ganasen, pensó en un proyecto que no se limitara a los arcos, sino que también incluyera las actuales veredas y el estacionamiento, áreas que sí pertenecen a la Ciudad.
Para el proyecto, al que llamó "Arcos de Buenos Aires", contrató al arquitecto Clorindo Testa y al artista plástico Edgardo Giménez, que diseñaron un espacio de recreación física, artística y cultural que se integraría a los nuevos locales. Siempre y cuando se apruebe. "Los responsables nunca dijeron que no, pero tampoco dieron el sí", comentó.
El proyecto, que incluye un anfiteatro para 700 personas, debe ser aprobado por el Onabe y por varias áreas del gobierno porteño. Según fuentes del Onabe, "el proyecto está encaminado a aprobarse. Que no esté la última firma se debe a cuestiones burocráticas". En el gobierno porteño aseguraron que faltan las firmas del jefe de Gabinete y de Aníbal Ibarra. Mientras tanto, crecen las telarañas.
Monarquía y tragedia
- Aunque la mayoría de los porteños recuerda al Paseo de la Infanta por el accidente que terminó con la vida de Marcela Iglesias, la niña de seis años que en febrero de 1996 fue aplastada por una estatua de metal de 270 kilos, que se desplomó sobre la pequeña cuando estaba sentada en los escalones de la entrada de una galería de arte Der Brücke, el lugar tuvo hitos menos trágicos y hasta gloriosos. De hecho, su nombre monárquico alude a la visita, en 1910, de la infanta Isabel Francisca Asís de Borbón para la celebración del centenario de la independencia argentina.





