El poder del magnate se fundó durante el gobierno de Alfonsín
Habilidad: los fluidos contactos con los comandantes de la Fuerza Aérea le permitieron ganar terreno, sobre todo en Ezeiza.
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El crecimiento fulminante del fallecido Alfredo Yabrán y de su organización en el negocio aeroportuario durante el gobierno de Carlos Menem tuvo su origen a fines de la década del 80. Entonces, los movimientos del empresario gozaron de dos sostenes: fluidos contactos con los comandantes de la Fuerza Aérea e influencia sobre el gobierno del radical Raúl Alfonsín.
En rigor, el vínculo de Yabrán con la aeronáutica fue por medio de los sucesivos jefes de la fuerza, los brigadieres generales Ernesto Crespo, durante el alfonsinismo, y José Juliá, en el menemismo. Juliá fue un delfín de Crespo en un sector de aeronautas que integraban, entre otros brigadieres, Mario Laporta y Juan Carlos Cuadrado, según denunció en 1991 el ex diputado del PJ Franco Caviglia, hoy aliado de Domingo Cavallo.
Diversas fuentes completan el relato de la historia que sigue.
Por aquellos años, Yabrán crecía sólo como empresario postal. Sus correos OCA, Ocasa y otros más pequeños, cuya propiedad nunca reconoció, copaban el mercado merced al control que ejercía sobre Encotel (correo estatal) y sobre el gremio postal.
En 1989, con otra firma, Villalonga Furlong (transporte de cargas), que tampoco admitió como propia, constituyó sociedades mixtas (privadas y estatales) que obtuvieron las concesiones aeroportuarias, en forma directa, del monopolio de depósitos fiscales de cargas aéreas (Edcadassa: 45% de Yabrán; 55% estatal), de rampas (Intercargo) y de free shops (Interbaires). Estas se componían de una proporción accionaria de 80 a 20 en favor de Yabrán.
Un hombre de los aeropuertos
Un hombre gravitó sustancialmente en la génesis del conglomerado de los aeropuertos que operaba en Ezeiza y en otras estaciones del país: el brigadier Rodolfo Echegoyen. Este aviador le sugirió el negocio de los depósitos fiscales de cargas aéreas y colaboró técnicamente en el proyecto desde que fue pasado a retiro en 1988 por Crespo, su enemigo dentro de la Fuerza Aérea.
Previamente, Crespo había intercedido ante su amigo Alfonsín para que Yabrán operara en los aeropuertos con la aeronáutica, pero se opuso sistemáticamente a que Echegoyen ocupara cargos clave en Edcadassa. Echegoyen y Yabrán conservaban una amistad desde 1984. Habían intimado en Entre Ríos, donde el brigadier comandó una guarnición.
Por esa afinidad, Yabrán lo recomendaría ante el presidente Menem para que asumiera en febrero de 1990 como administrador nacional de la Aduana. El magnate postal le hizo la oferta en Pinamar, a fines de enero de ese año. Le dijo: "Tenés que ir a verlo a Aldo Elías al hotel Presidente; él te va a llevar a ver a Erman González. Está todo arreglado".
Antonio Erman González, actual ministro de Trabajo y posible precandidato presidencial, ultramenemista, comandaba entonces el Ministerio de Defensa. La reunión entre González, Echegoyen y Aldo Fuad Elías (en cuya parcela fueron enterrados los restos del empresario entrerriano) fue sólo un trámite formal. Con ese nombramiento y el de Ibrahim Al Ibrahim en Ezeiza, Yabrán imaginó que nada ni nadie entorpecería el negocio.
Cuando Echegoyen comenzó a descubrir actividades no previstas en los depósitos fiscales comenzaron sus problemas con Yabrán, recuerdan sus íntimos. El brigadier se puso a investigar contrabando de drogas, de mercaderías y lavado de dinero, según denunció Caviglia y ratificó la familia Echegoyen ante la Justicia.
"Yo ante la droga me paro", habría dicho el aviador. "En esta casa no se habla más de Yabrán", recuerdan haber oído sus hijos.
Echegoyen: ¿fue un suicidio?
Echegoyen tuvo que dejar el cargo en noviembre de 1990. El 13 de diciembre de ese año, el brigadier apareció muerto de un balazo en la cabeza. La Justicia determinó que se trató de suicidio. Pero se reabrió una causa judicial y existen elementos en ella para sospechar de que se trató de un asesinato.
Debido a las investigaciones, Echegoyen realizó reiteradas inspecciones en Edcadassa y terminó de enfrentarse con ex camaradas, especialmente con Crespo y con Juliá.
Yabrán logró ser patrón de los aeropuertos de la mano de la Fuerza Aérea. Es que la institución obró, de entre las tres Fuerzas Armadas, como única aliada de Alfonsín desde 1983. La aeronáutica, la menos dañada luego del juicio de 1985 a los comandantes del gobierno militar (1976-1983), se contraponía al Ejército y a la Armada, que atacaban al alfonsinismo y se sublevaron contra el poder político de la época.
Las dificultades presupuestarios y el plan estratégico de predominar por sobre el Ejército y la Armada llevaron el entonces jefe aeronáutico, Crespo, a proponer a Alfonsín la constitución de negocios paralelos.
Así nacieron depósitos fiscales y transporte de cargas con los que se recaudarían fondos externos al presupuesto nacional. El capitalista sería Yabrán y la Fuerza Aérea prestaría infraestructura y aviones de carga, rememoran hoy fuentes aeronáuticas retiradas.
Es posible que Alfonsín y su ministro de Defensa, Horacio Jaunarena, nunca hayan imaginado que los decretos que firmaron entre 1988 (Intercargo e Interbaires) y 1989 (Edcadassa) darían origen al esquema empresarial que Domingo Cavallo, seis años después (1995), denunciaría como "la mafia enquistada en el poder", comandada por Yabrán.
Esa red societaria comprometía la seguridad aeroportuaria, migratoria, y de otras áreas críticas. Ello aparejaba efectos políticos y económicos nocivos. El conflicto se repotenció cuando la gestión de Menem no pudo disimular que las privatizaciones de los aeropuertos, del correo estatal y de la informatización de los DNI tenían destinatario premeditado: Yabrán.
Hubo que ceder a las presiones En octubre de 1997, Menem debió ceder a las ya intolerables presiones internacionales, especialmente de los Estados Unidos.
La política de alineamiento automático con Washington ingresaba en una emergencia si Yabrán no se desprendía de su imperio; se le ofreció un puente de plata ($ 600 millones) para su salida.
El Presidente, en una compleja operación política, resolvió desandar el camino yabranista: aquellas licitaciones cambiaron de rumbo; el monopolio aeroportuario y postal, que nunca admitió, fue vendido a The Exxel Group. Washington acompañó el movimiento. A Menem le había llegado la hora de aliarse definitivamente al otro imperio.
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