El puente que cambió la vida de la colonia de fruticultores
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VALLE AZUL, Río Negro.- Este lugar mágico es un rincón escondido del Valle Medio rionegrino donde una colonia de fruticultores forjó su camino a fuerza de sacrificio y empeño. Durante más de 40 años, los pobladores de Valle Azul vivieron aislados y ahora un puente que cruza el caudaloso río es sinónimo de esperanza.
Valle Azul creció sobre la margen sur del Río Negro, en las proximidades de la localidad de Chichinales y a pocos kilómetros del Alto Valle, la franja productiva más importante de esta provincia que acompaña a la ruta nacional 22.
"El puente nos cambió la vida, nos quitó la ideología de vivir en medio de una isla", dice Roberto Macca, presidente de la comisión de fomento de este pueblo que tiene 1500 habitantes.
La comunicación sin obstáculos abre expectativas y soluciona problemas tan sencillos de la vida cotidiana como disfrutar de un helado a cualquier hora del día.
Todos los pobladores rurales de Valle Azul esperan el servicio eléctrico y los padres de familia, un aumento en la oferta educativa para que sus hijos no tengan que emigrar.
"Productores que tenían campos improductivos de 2000 o 3000 hectáreas hoy están emparejando para aumentar la superficie bajo riego; otros están plantando nuevas parcelas y varias empresas se posicionan para comprar", explica Macca a La Nación .
Apuesta al crecimiento
Valle Azul cuenta con una superficie de 3000 hectáreas en producción, pero aquí todos apuestan al puente como multiplicador de las inversiones. Macca sostiene que llevar la superficie total bajo riego a un total de entre 5000 y 10.000 hectáreas no es un objetivo imposible de cumplir.
El puente que cruza el río Negro es una estructura de hormigón de 240 metros de largo. La obra, financiada con recursos provinciales, costó más de 3,5 millones de pesos y fue inaugurada el 26 de agosto del año último por el presidente Fernando de la Rúa.
El puente aún no fue bautizado, pero eso es lo que menos importa. Algunos promueven el nombre de Natalio Botana, dueño de una de las primeras estancias y visitante de Valle Azul por temporadas. Otros, en cambio, quieren homenajear a pobladores que dejaron huella, como los primeros maestros, a los que recuerdan con orgullo.
Los chacareros aquí cosechan peras, manzanas y hortalizas. Mover la producción hacia los centros de consumo siempre fue un problema para estos productores que utilizaban los caminos mal mantenidos de la línea sur rionegrina.
El valle se ve azul desde las bardas y así parece que nació el nombre del pueblo. Un desvío apenas señalizado sobre la ruta nacional 22 indica la puerta de entrada de esta porción de tierras ganadas al desierto, un trabajo duro en el que intervinieron colonos franceses.
Durante décadas, una antigua balsa mal mantenida fue el único medio que comunicaba a estos rionegrinos que vivían al otro lado del río, la orilla menos poblada y apenas desarrollada.
Pero este modo de viajar, por fortuna, ya es historia.




