El sinuoso camino del equipo oncológico reclamado por Caputo antes de su muerte

Se compró en 2015 a una empresa belga pero aún no llegó al país
Se compró en 2015 a una empresa belga pero aún no llegó al país Crédito: O. Kornblihtt
Fabiola Czubaj
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22 de junio de 2018  • 11:33

En el predio del Instituto de Oncología Angel Roffo ya se derribó una de las construcciones sobre la avenida Nazca donde está previsto que funcione el primer Centro de Protonterapia de la región para el tratamiento de algunos tipos de cánceres poco frecuentes. Aún falta trasladar el bioterio para que un equipo de radioterapia externa de muy alto costo que se compró en 2015 y no se pagó hasta este año complete este sinuoso camino que lo traerá desde Bélgica hasta su "búnker" en el barrio de Agronomía.

Hace menos de un mes, el excanciller argentino Dante Caputo reclamó durante una entrevista en Radio Mitre por este equipamiento, que aún no llegó al país. "El aparato que genera el haz de protones, que ataca desde el exterior al tumor, está comprado, lo pagamos, está listo para ser trasladado a la Argentina y ser instalado en un lugar donde brinde servicios a nuestros conciudadanos", sostuvo al aire. "Esto no es para mí. Yo ya estoy jugado, pero ese aparato puede salvar miles de vidas", solía decir en la intimidad, según informó Joaquín Morales Solá en la nota que publicó tras la muerte del ex canciller, hace dos días.

Caputo dijo, también, que el equipo había costado 190 millones de pesos y que se había comprado no en 2015, sino un año antes. "No es un problema de ajuste", lanzó el excanciller. "Resulta que hay varias instituciones, la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), la Universidad de Buenos Aires, el Ministerio de Energía, que no se ponen de acuerdo. Cada uno quiere sacar su tajadita", agregó durante la entrevista del 31 de mayo pasado, de acuerdo con la transcripción que publicó Clarín.

Minutos después, al aire, el jefe de Gabinete, Marcos Peña, pidió aclarar: "El aparato de protones que compró el gobierno anterior recién lo terminamos de pagar y estamos haciendo el búnker [el sitio para instalarlo, que demanda medidas de seguridad especiales]. Hay que poner 1500 millones de pesos para terminar esta obra que dice livianamente que ya está terminada".

También, Peña sostuvo que es "una de las tantas compras irresponsables del gobierno anterior, que hace una compra sin saber cómo lo va a implementar después".

Compromiso

La adquisición fue un compromiso de compra en la que intervino el Ministerio de Planificación, a cargo, entonces, de Julio De Vido. Fue con la empresa belga Ion Beam Applications (IBA) y se firmó hace casi tres años. Según pudo conocer LA NACION, no hubo evaluaciones técnicas ni consultas con el Instituto Nacional del Cáncer para determinar la conveniencia de la iniciativa.

El 21 de septiembre de 2015, IBA anunció que había firmado con la empresa argentina Invap el contrato para instalar "el primer centro de terapia de protones de América latina". El centro, que funcionaría en el Roffo, incluiría no sólo el equipamiento y su mantenimiento, sino también salas de investigación y desarrollo. El costo, según indicó IBA, era de "entre 35 y 40 millones de euros" o entre 385 y 440 millones de pesos al cambio de ese momento.

Sin embargo, en el Informe de Control Interno y Gestión 2011-2015 del Ministerio de Planificación figura la firma de un contrato de adquisición del equipamiento de protonterapia por 930 millones de pesos. "Tratamiento por protones preciso sobre el tumor, lo que reduce los efectos secundarios sobre tejidos adyacentes. Es el único en América latina y el quinto en todo el continente americano", publicó a modo de memoria la cartera a cargo entonces de De Vido en el capítulo sobre "Tecnología de punta en América latina disponible sólo en los centros de medicina nuclear de Argentina".

Nuevo contrato

Caputo quizás desconocía un comunicado de la empresa IBA del 5 de enero de este año sobre una ampliación de "la capacidad de tratamiento en el primer centro de terapia de protones de América latina en la Argentina".

El texto anunciaba la firma de un nuevo contrato con Invap para instalar una sala más de tratamiento en el nuevo centro de la CNEA y la UBA, en el Roffo. "Este nuevo pedido de equipamiento se reservó en el 2017", según detalló la empresa, con un costo de entre 10 y 15 millones de euros, incluido el mantenimiento técnico. Esto es entre 230 y 345 millones de pesos al cambio de enero pasado.

LA NACION pudo conocer que el costo de la construcción del edificio de 4200 metros cuadrados que albergará el equipamiento en el predio del Roffo ubicado en la equina de las avenidas Nazca y San Martín sería unos 240 millones de pesos. Antes, hay que construir un nuevo bioterio en otro sector del instituto y mudar el actual. Esta obra estaba prevista para la segunda quincena del mes pasado, pero aún no comenzó; demoraría cuatro meses.

En tanto, el inicio de obras del centro de protonterapia está programado para agosto/septiembre próximo, con finalización en 2020. En este cronograma, el centro comenzaría a funcionar en 2021/2022. LA NACION intentó comunicarse ayer con Jefatura de Gabinete, pero no obtuvo respuesta.

La terapia de protones o protonterapia "es un tipo de radioterapia que utiliza un haz de protones para irradiar los tumores", se lee en el texto del convenio que firmaron la CNEA y la UBA. "Su principal ventaja respecto de otras terapias es la de localizar una alta dosis de radiación sobre el tumor sin dañar los tejidos adyacentes."

Con evidencia

LA NACION se comunicó con el Instituto Nacional del Cáncer (INC) para conocer la utilidad de esta radioterapia externa de acuerdo con la evidencia científica disponible. Julia Ismael, directora del INC, explicó que la protonterapia está indicada para tumores selares (hipofisarios) y cordomas (tumores pediátricos muy infrecuentes). "Las demás indicaciones son investigacionales", afirmó.

La ventaja del uso de los protones favorece la precisión de la terapia sobre los tumores, el manejo de la intensidad de la dosis y la protección de los tejidos sanos en el paciente, comparado con los fotones y los electrones de la radioterapia más tradicional.

"Actualmente, su uso está completamente aceptado en los melanomas oculares, los cordomas y condrosarcomas de la base del cráneo y los tumores pediátricos", enumeró Ismael, que aclaró que hay otras indicaciones en estudio, como los meningiomas (tumores que rodean las membranas del cerebro o meninges).

Y agregó: "Se trata de una técnica que, a pesar de su gran expansión actual, sigue siendo «confidencial» por la escasez y el costo de los equipos. Por otra parte, son patologías de muy baja incidencia y sus indicaciones puntuales hacen que la población por cubrir tenga que ser muy extensa en territorio. De estima que mínimamente sea América latina", en lugar de la Argentina solamente por la baja cantidad de casos.

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