El tradicional Tigre Club será un centro cultural en octubre

A todo vapor: un grupo de especialistas restaura el edificio para convertirlo en un nuevo polo de atracción de la zona norte.
A todo vapor: un grupo de especialistas restaura el edificio para convertirlo en un nuevo polo de atracción de la zona norte.
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5 de abril de 1999  

El Tigre Club, situado a orillas del río Luján, resucita entre los escombros de 60 años de abandono. Allí, donde funcionó una de las primeras ruletas del país, se inaugurará un centro cultural.

Y la institución hace así el camino contrario al controvertido proyecto aprobado por el gobierno de Eduardo Duhalde para instalar un casino en terrenos del Parque de la Costa.

Especialistas en restauración trabajan contra reloj con el fin de dejar listo el edificio para octubre, dijeron fuentes de la comuna local.

En el Tigre Club, ubicado en el paseo Victorica, la aristocracia porteña de principios de siglo compartía conversaciones y tés.

A escasos metros de allí estaba el tradicional Tigre Hotel, que sufrió un devastador incendio y fue demolido en 1940. Era el lugar donde veraneaban los presidentes y otros miembros de la alta sociedad.

Confusiones

Muchas veces se confunde el Tigre Hotel con el Tigre Club. Pero el primero ya no existe.

El Club, en cambio, se convertirá en centro cultural como parte del plan de un municipio que apuesta cada vez más al miniturismo. Según las autoridades, cada fin de semana recibe a unos 160.000 visitantes.

A esto se suma que, antes de finales de año, estaría listo un casino en terrenos del Parque de la Costa. La obra fue autorizada por las autoridades bonaerenses la semana última y ya generó duras controversias entre los vecinos y el obispo de San Isidro, Jorge Casaretto.

La reparación del antiguo club ya va por el cuarto año de trabajo: se sacaron capas de pintura hasta llegar al color y textura originales de las paredes, se quitaron una por una las 400.000 piecitas de porcelana pura que cubrían la terraza y, luego de limpiarlas, se están volviendo a colocar.

Un equipo de minuciosos especialistas restauró las pinturas de seda que tapizan las cúpulas y reconstruyó cada centímetro de moldura de las paredes.

También se construyó una estructura de hierro que, escondida sobre el techo, soporta los 1500 kilos de la araña de cristal que pende del salón principal. El equipo encargado de la reconstrucción tiene experiencia en tareas similares realizadas en el Teatro Nacional Cervantes y en la catedral de San Isidro.

Cuando la restauración esté terminada, el Tigre habrá desenterrado de los escombros un capítulo de su belle époque .

Hugo Maciñeiras tiene la delicada tarea de supervisar los trabajos. Dice que es una obra para entender: "Se podría haber hecho de una manera mucho más fácil y barata, pero no es el espíritu. Queremos que quede lo más parecido posible a lo que realmente fue. Por eso lo estamos haciendo con el mayor rigor profesional", dice.

Sobre el cielo raso del edificio hay un bosque de hierro y tensores de acero que sujetan la estructura. También hay sistemas de detección de humo, alarmas y equipos de climatización.

En el próximo milenio, el Tigre Club lucirá muy parecido a lo que fue a principios de siglo, pero con la tecnología de estos tiempos.

El edificio se empezó a construir a fines del siglo pasado y se inauguró con una gran fiesta de caridad el 13 de enero de 1912. Es de estilo italiano, pero sus miradores son un homenaje a la arquitectura francesa de la época.

En ese entonces, se construía al estilo europeo y se usaban los materiales más nobles: los pisos son de roble de Eslavonia; las escaleras, de mármol de Carrara; las arañas, de cristal de Baccarat; hay farolas de bronce trabajado, vitrales en puertas y ventanas y hasta un viejo ascensor de madera a manivela. El edificio fue declarado Monumento Histórico Nacional en 1979.

Espacio de arte

Los planes para cuando la reconstrucción esté terminada son convertirlo en museo y centro cultural. "Estamos en tratativas con el Museo Nacional de Bellas Artes para traer obras, y también queremos hacer exposiciones temporarias", se entusiasma el intendente, Ricardo Ubieto, promotor del proyecto.

A principios de siglo, el Tigre Club era un centro social donde la aristocracia tomaba té y escuchaba orquestas en vivo. Las madres apostaban por el mejor candidato para sus hijas mientras los intelectuales de la época, como Leopoldo Lugones y Alfonsina Storni, se refugiaban en los recreos del Delta.

Dicen que la gloria del club duró lo que un suspiro. En la década del 30, cuando se inauguró el casino de Mar del Plata, se trasladó allí la ruleta que hasta entonces giraba en el club y con ella emigró la vida social.

Después, el club estuvo a merced de Gendarmería Nacional y más tarde lo ocuparon habitantes ilegales, hasta que en 1981 comenzó una etapa de reacondicionamiento precario del edificio. Ahora, todo puede mejorar.

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