
En el Club de Madres, la ayuda se entrega de mujer a mujer
Desde 1908: la entidad solidaria brinda ajuares a embarazadas y bolsas de alimentos; escuchar a quien llega es la premisa.
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El Club de Madres fue creado en 1908 para trabajar en los inquilinatos de inmigrantes, donde abundaban el hacinamiento y la falta de higiene. El puntapié inicial de su tarea fue una campaña destinada a madres para el cuidado de sus bebes.
Hoy, años después, los destinatarios de la entidad siguen siendo los mismos: las madres y sus chicos.
Sin embargo, la actividad actual del Club de Madres cambió. Como cambiaron las necesidades con el correr del tiempo. Ahora, las voluntarias de la institución cosen y tejen ajuares para bebes, ofrecen una bolsa de alimentos y brindan a las madres contención emocional.
La mayoría de las mujeres que llegan a la sede de la institución, en Moreno 1959, están embarazadas. Cuando dan a luz, reciben un ajuar completo, que contiene batitas, ositos, escarpines y una manta, para el recién nacido. Durante el último mes, el Club de Madres entregó 60 ajuares.
Toda la ropita tiene un sello de origen único: está hecho con las manos de las voluntarias.
En el Club de Madres todo se aprovecha. Retazos de tela, pequeños ovillos de lana y cintas de colores se convierten, casi mágicamente, en prendas de lujo.
El otro servicio que brinda la institución es entregar semanalmente bolsas con alimentos básicos a las madres que lo necesitan.
"Las ayudamos hasta donde podemos y las escuchamos, algo que para ellas es fundamental", explicó a La Nación la presidenta del club, María Enriqueta Gallo de Bonelli.
Una enorme mesa de madera es el escenario donde las voluntarias del club conversan con las mujeres que llegan pidiendo ayuda. A los que llaman o se acercan espontáneamente se les da una entrevista "para poder atenderlos con más tranquilidad", dijo Bonelli.
"La asistencia depende de la situación de cada familia -comentó la presidenta-. Hay gente que aunque tiene trabajo debe varios meses de alquiler y necesita ropa de abrigo y algunos alimentos."
Alrededor de la misma mesa, que tantas historias habrá escuchado a lo largo de los años, se sientan las voluntarias para coser y tejer la ropa que luego entregarán.
Jacinta, una mujer de 50 años, dejó a sus siete hijos en La Quiaca y vino a Buenos Aires a buscar trabajo. Pero no lo encontró y debió recurrir al club en busca de ayuda. "La estafaron en una agencia de empleo y va a volverse a Jujuy", explicó Irene García de Morales, haciendo un alto en la charla con Jacinta.
Modelos exclusivos
Madre de seis hijos, Bonelli es una de las "diseñadoras" que tiene la institución. "Cuando estoy en casa, mientras cocino o hago las cosas de la casa, corto modelos en los retazos de tela que nos donan", contó.
Con sus ideas y con las de las demás colaboradoras, las voluntarias producen "en serie". Otras mujeres, que no pueden trasladarse hasta el club, se llevan lana o telas a sus casas y luego entregan las prendas terminadas.
"Una amiga me llamó para colaborar con los inundados. Así fue como vine, y ya no me fui más." La frase, de Eloísa Smith Bunge, bien podría haber sido dicha hace algunos meses, pero es bastante más antigua: la voluntaria comenzó su tarea en el Club de Madres en 1957.
Los 40 años de voluntariado no parecen ser una carga para esta pequeña mujer de 74 años. "El club es como la sucursal de nuestras casas. Acá hay que hacer de todo", dijo Smith Bunge. Y no permitió que La Nación se fuera de la sede sin conocer el ropero que está a su cargo.
Aunque les sobra experiencia, siempre faltan cosas. El Club de Madres no recibe subsidios de ninguna clase y los ingresos son limitados: donaciones de particulares, una cuota anual de 40 pesos que cobran a sus socias y el porcentaje que recaudan de los que realizan cursos, muestras y exposiciones en un gran salón de la centenaria casona.
"En vez de quedarse en sus casas, invito a las mujeres que están solas o las que tienen tiempo libre a que nos ayuden", fueron las palabras de Bonelli. Las donaciones y los colaboradores pueden ofrecerse por el el 952-0783.
"Esto es maravilloso -aseguró Bonelli-. No tendría derecho a quejarme porque como institución somos como una isla dentro de tantas pálidas y no dejamos nunca de crecer."
Tal vez por eso, después de 90 años de trabajo el Club de Madres sigue tan vital como en sus inicios. Porque nunca dejaron de crecer.






