
En el país hay cada vez más eslavos
Si bien no hay estadísticas, la colectividad ucrania en la Argentina alcanzaría a 350 mil personas
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Regina tiene nueve años y bastantes responsabilidades. Además de tener que acostumbrarse a vivir en un país que no es el suyo, es la "traductora" de Liliya, una compatriota un año mayor que ella.
Ambas niñas son ucranias y vinieron con sus padres a la Argentina hace unos meses. Sin saberlo, forman parte de un fenómeno en alza. Regina y Liliya no son un caso aislado: según informó la Dirección General de Migraciones, en lo que va de este año 58 ucranios y 24 rusos llegaron al país.
Por "problemas informáticos", las estadísticas del organismo son incompletas: aunque la Dirección no supo informar cuántos habían llegado en 1998 ni en 1997, dijeron que 148 eslavos -entre ellos 58 rusos y 39 ucranios- iniciaron sus radicaciones en 1996, mientras que en 1995 lo hicieron 170, divididos en 66 rusos y 48 ucranios.
Si se considera que sólo en los últimos tres meses vino más de la mitad de inmigrantes eslavos que en los años anteriores, todo parece indicar que cada vez son más los que aterrizan para quedarse.
Por su parte, la colectividad ucrania estimó que en los 100 años que cumplió la inmigración, más de 75.000 ucranios llegaron a la Argentina. Ya en 1997, la cantidad de ucranios y sus descendientes oscilaba en los 200.000.
Ni en la embajada de Rusia ni en la de Ucrania tienen registros migratorios. Ante las reiteradas preguntas, en la sede diplomática rusa respondieron: "Llegan no muchos y sólo vienen aquí cuando tienen algún problema".
Contrariamente a las demás fuentes consultadas, la embajada fue el único lugar donde no destacaron el crecimiento migratorio de los últimos tiempos.
Mientras tanto, en la sede diplomática ucrania estimaron que la comunidad es grande: dijeron que unos 350.000 compatriotas y sus familias viven en el país.
Distintas oleadas Aunque experimentó un cambio en los últimos años, la inmigración ucrania no es reciente. A fines del siglo XIX ya había más de 400 inmigrantes de ese territorio. Y en 1997 celebraron el centenario de la llegada de los primeros pioneros establecidos en Apóstoles, Misiones.
Según explicaron, la corriente inmigratoria se puede clasificar en cuatro etapas: la primera, de 1897 a 1914, de inmigrantes agricultores; la segunda, de 1921 a 1939, con grupos familiares; la tercera, de 1946 a 1950, donde los campesinos eran la minoría, ya que el grueso eran obreros, ex combatientes, artesanos y profesionales.
La cuarta etapa comenzó en 1994 y aún continúa. Aunque todavía no hay información sistematizada sobre este cuarto período, se sabe que muchas son personas con un alto grado de preparación técnica, profesional y artística.
Al igual que una decena de niños eslavos, Regina y Liliya son alumnas del Normal Superior N° 3 Bernardino Rivadavia, en San Telmo. Susana Yáñez es su maestra y explicó a La Nacion: "Para las maestras es todo un desafío integrar a estos niños que sólo entienden unas pocas palabras. El primer paso es que se relacionen con los demás para aprender el idioma, porque ésa es la llave que les permitirá aprender todas las otras cosas".
La docente dibujó un perfil de las pequeñas: "Con las limitaciones que el desarraigo les impone, son chicos capaces y se nota que ponen toda su voluntad por adaptarse e integrarse al grupo".
"Ella vino hace tres meses -contó Regina en un áspero castellano, en nombre de Liliya-. Yo, hace nueve." Compañeras de banco y de patria, las niñas son inseparables. "Sé poco idioma y en grado es difícil", reconoció Regina antes de afirmar que les gustaba vivir aquí.
Olga, Dimitri, Ekaterina, Natalya y otros chicos también son parte del clan, aunque estudian en otros grados. A medida que aprenden el idioma, se convierten en voceros de los extranjeros más nuevos.
Aunque con diferentes matices, casi todas las fuentes consultadas apuntaron al profundo cambio político-económico-social que se dio en la zona durante los últimos años como la principal causa de la diáspora.
Ucrania se incorporó a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) en 1922. Pero en 1991, la desaparición de la Unión Soviética como estructura jurídico-política provocó el surgimiento de once repúblicas. Entre ellas está Ucrania, que con 51.300.000 millones de habitantes se convirtió en la segunda más populosa después de Rusia.
En el exterior se calcula que viven 16 millones de ucranios, principalmente en la actual Rusia, Polonia, Estados Unidos, Canadá, Brasil y la Argentina.
"El cambio fue muy significativo y mucha gente quedó desubicada", opinó Juan Dmytrow, referente cultural de la filial San Martín de la Asociación Ucrania de Cultura Prosvita, donde los naturales de ese país y descendientes desarrollan actividades culturales y también aprenden a hablar el idioma. No fueron pocos los que debieron barajar y dar de nuevo. La Argentina fue el lugar que muchos eligieron para empezar otra vez.
"En Ucrania se habla de la Argentina como una tierra de esperanza", confesó Andrés Sazoneis desde una de las mesas del restaurante Rusia, situado en Azcuénaga al 1500. Rodeado de imágenes ampliadas de la Plaza Roja moscovita y de retratos de emperadores y zares, Sazoneis instaló con sus padres, hace dos años, el local de comidas típicas.
Cada noche, el restaurante se convierte en la meca de inmigrantes y turistas. "Los argentinos son muy pacientes y nos enseñan a hablar el castellano, que es muy difícil", dijo el joven.
Como en muchos fenómenos inmigratorios, la decepción está presente. Daniel Telisz, también integrante de Prosvita, protestó: "Allá los sueldos son muy bajos y cuando quieren revalidar sus títulos acá se dan cuenta de que sus conocimientos pertenecen a un sistema que ya no existe. Les hacen creen que van a ganar fortunas y es mentira".
"Los artistas ucranios son apreciados aquí, pero no es raro ver a ingenieros que trabajan de albañiles. Además del desarraigo y del idioma, tienen que luchar contra estas cosas", lamentó Dmytrow.
Si bien no hay una zona donde se concentren, muchos ucranios viven distribuidos por la ciudad, especialmente en Balvanera y la Paternal, en la zona sur (Valentín Alsina, Wilde, Caraza, Berisso) o noroeste del Gran Buenos Aires (San Martín, Vicente López, San Isidro). Otros se radicaron en Misiones, Chaco, Corrientes, Formosa, Mendoza y Córdoba.
Juan Nikongzuk es socio de la Sociedad de Socorro Mutuo, de la colectividad ex soviética. "Antes estaban mal, ahora están peor", sintetizó Nikongzuk, carpintero jubilado. Según contó, la mafia y los problemas económicos hacen que miles de compatriotas opten por el exilio.
Cada domingo, Valentina Birykova instala su puesto de artesanías rusas a unos metros de la esquina de Humberto I y Defensa, en la feria de antigüedades de San Telmo. Matrioshkas (las coloridas muñecas de madera que se guardan unas dentro de otras), prendedores, lapiceras, adornos en madera y en hueso, petacas y otros objetos típicos se exhiben sobre un paño rojo.
En otros puestos se nota también la oferta de buena cantidad de curiosidades de la época comunista, como insignias militares, cascos y antiparras de aviadores rusos y cualquier otra parafernalia que lleve una hoz y un martillo.
Junto con Birykova, un hombre de unos 70 años que atiende el puesto dialogó con La Nacion, pero se negó a dar su nombre. "Recibimos por aduana productos artesanales -dijo en un rudimentario castellano-. Muy poca gente. No hay dinero."
A duras penas explicó que trabajaba en el ejército soviético y que en la Argentina se sentía "muy bien". Y agregó más: "Mejor que allá, mil veces. Allá no hay trabajo, igual que acá, pero acá se puede vivir mejor".
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