
En Las Heras ya nadie junta la basura, ni siquiera el intendente
En un conflicto anterior, el jefe comunal recolectó los residuos
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LAS HERAS.- El hombre que estaba -y aún lo está- encadenado al portón de alambre tejido del corralón municipal de Las Heras se llama Marcos Alsina. El sol del mediodía calentaba un toldo verde que les daba sombra a él y a otras veinte personas. Una pátina de sudor espesa como aceite cubría su rostro, que no había sido afeitado en la última semana. El hombre tiene 56 años, es mecánico de esa repartición desde 1971 y delegado de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) en esa ciudad.
"Esta vez -dijo-, de acá no salen camiones. El carnero del intendente no nos va a arruinar la huelga." Su voz sonó contundente como un portazo.
El intendente, Juan José González, tiene 41 años, es médico y justicialista. En septiembre último hubo, como ahora, un paro de empleados comunales que reclamaban el pago de sueldos atrasados. Los residuos de una semana se acumularon en la calle y en los patios de las casas. Y González salió, junto con su gabinete, a recolectarlos.
Aquella vez, la medida le cayó simpática a la mayoría de los 13.000 habitantes de ese pueblo de casas bajas. No querían vivir entre la pestilencia. Después, el Ejecutivo llegó a un acuerdo con los trabajadores y se levantó la huelga.
Pero el lunes 23 de octubre último los estatales iniciaron otra medida de fuerza. Por el mismo motivo: retraso en el pago de los sueldos. Esta vez, bloquearon la entrada al corralón a fin de que el intendente no pudiera sacar los camiones para recolectar la basura ni las máquinas para cortar el pasto en los espacios verdes.
Así, pues, las plazas y ramblas parecían baldíos y en algunos sectores, especialmente en la periferia, el aire hedía. Además, en el hospital municipal y en el hogar de la tercera edad sólo se atendían los casos de urgencia.
"González no cumplió. Todavía nos debe el medio aguinaldo y nos paga el sueldo en cuotas de 30 o 50 pesos. Así no se puede vivir. Ni siquiera podemos pagar los servicios. A algunos nos cortaron la luz o el teléfono. No vamos a levantar el paro hasta que nos pague hasta el último centavo", dijo Alsina, el encadenado.
Una empleada del hospital, Carmen Aguirre, de 51 años, relató que le cortaron el servicio de energía eléctrica por falta de pago. Fue al municipio para que le abonaran el aguinaldo y, así, poder cumplir con sus deudas. Dijo que el secretario de Salud, Patricio Grenada, le respondió: "Alumbrate con velas, que son más baratas".
No le respondió. Ni pidió dinero para las velas, que tampoco podía pagar.
Teresa Silva, de 53 años, empleada del juzgado de faltas, casi gritó: "Si no hubiera plata, nosotros entenderíamos. Pero González, apenas asumió, se subió el sueldo y creó un montón de secretarías para meter en el gobierno a sus amigos. Y a su mujer". La esposa del intendente, Graciela Muragua, es secretaria de Acción Social, uno de los diez cargos creados.
El concejal de la Alianza Héctor Raso precisó que el intendente anterior, el justicialista Juan Carlos Caló, se había fijado el sueldo en 982 pesos y el actual, en 2450. Para los miembros del Departamento Ejecutivo, los sueldos eran de 916 pesos; González los elevó a 1845. Aclaración: en mayo último, estos salarios se redujeron un 12 por ciento.
Por culpa de los "vagos"
El intendente González recibió a La Nación en su consultorio, al mejor estilo del gobernador Carlos Ruckauf: mostrando una dentadura marfileña. Afirmó que se había retrasado en el pago de los sueldos porque el gobierno provincial le debe a su comuna 300.000 pesos. "Nos van a dar el dinero antes del 31 de diciembre de este año. Así que vamos a pagar todas las deudas", aseguró.
Después, le restó importancia al paro. Dijo, casi con desdén: "Son 15 vagos que no quieren trabajar. Lo que pasa es que traen sindicalistas de afuera. Pero no van a lograr que cambie la forma de gobernar. Y si quiero, los saco con la guardia de infantería".
No eran 15. En lista de adhesiones había 104 nombres de empleados municipales, sobre un total de 291.
También dijo el intendente que no pudo recolectar la basura. Los huelguistas no lo dejaron. "Unos amigos me prestaron camiones para hacerlo y los trabajadores que no adhirieron a la medida de fuerza hicieron el trabajo."
De todas formas -se dijo-, la basura estaba acumulada en algunas esquinas. Y en plazas y ramblas el pasto llegaba a la altura de las rodillas.
"A González se le subió el poder a la cabeza. Tiene que entender que el problema no es del pueblo, porque los empleados estatales no tienen plata para pagar a los comerciantes y se genera un círculo vicioso", dijo el vecino Ricardo Lavín, de 67 años. Gabriel, de 26 años, aseguró: "Al principio la gente estaba contra el paro. Pero ahora cada vez lo quiere menos al intendente. Esto es una mugre y no hay plata en la calle. Y él prometió otra cosa".
Al final, González quiso terminar con la concentración en la entrada del corralón municipal. Y en el atardecer del jueves último, con una orden de desalojo de la fiscalía de Mercedes, llegó la guardia de infantería.
Los huelguistas no se movieron, pero accedieron a que el Ejecutivo sacara las máquinas. "Fue para evitar la violencia. Pero que quede claro: no vamos a levantar el paro hasta que no se nos paguen las deudas", dijo Alsina, aún encadenado al portón del establecimiento municipal.
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