
En Tucumán, la ruta 301 es sinónimo de tragedia
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SAN MIGUEL DE TUCUMAN.- En la ruta 301, a lo largo de los 28 kilómetros que separan El Manantial de Famaillá, hay 45 grutas con cruces a la vera del camino. En esa carretera, situada al oeste de esta capital, la muerte es casi una marca registrada. Cada gruta representa un accidente mortal que la gente no quiso que pasara al olvido.
La muerte asecha en la 301. Casi a diario, los vecinos de las ciudades que están a la vera de esta populosa ruta son involuntarios testigos de los accidentes que se repiten cotidianamente.
"Nos convertimos en médicos, porque cada vez que hay un choque tenemos que salir a auxiliar a las víctimas", explicó Marta Carrazana.
La última tragedia ocurrió el domingo 23 de abril por la noche, cuando un hombre murió en un triple choque entre dos autos y un ómnibus con 30 feligreses, en la zona de las Ruinas de Lules. Carrazana tiene una teoría: "A la ruta no se la respeta como ruta. Creen que están en la ciudad. Y eso deriva en terribles muertes".
A pesar de los accidentes, la arteria está en buen estado, aunque es muy angosta: tiene sólo seis metros de ancho y casi no hay banquinas.
No hay señales
Las tragedias van de la mano de la imprudencia, de la mala señalización y de la falta de luz.
"Uno está durmiendo y se escuchan los chirridos, las frenadas y el golpe. Pasa cada dos o tres noches", dijo José Miranda, vecino de La Reducción, una de las ciudades situadas a la vera de la ruta.
Federico Nieva es ciclista y recorre este camino cuatro veces al día, de ida y de vuelta. "Es como jugar a la ruleta rusa -dice-. Sabemos que nos pueden matar en cualquier momento." Los hermanos Eliana y César Ramón coinciden con él. "Nadie respeta la velocidad y hay mucho tránsito", dijeron.
En Ojo de Agua, al lado de la capital, las máquinas viales trabajan para ensanchar la ruta. "Ojalá que hagan eso en todo el tramo", pidió Silvia Florencia Abregú, vecina de San Pablo.
Los carteles indican una velocidad máxima de 40 kilómetros por hora en zonas urbanas y 60 en el resto, pero nadie los respeta.
Camiones, ómnibus, camionetas, autos, tractores, rastras cañeras, motos y bicicletas transitan en ese espacio mínimo, donde una mala maniobra puede derivar en un accidente.
Don Ramón Guzmán, de 68 años, siempre limpia un pequeño altar en la zona de Padilla. Debajo de la cruz está escrito el nombre de su hijo Miguel, muerto hace siete años cuando fue atropellado por un camión. La muerte ya es parte de la ruta 301.
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