
Encerrados con la muerte
Era la primera vez que los cinco hermanos Soto iban juntos a un recital; Laura, la menor, falleció en el incendio
1 minuto de lectura'
Estaban muy felices porque iban por primera vez los cinco juntos a un recital. Laura, la más chiquita, cantaba y bailaba de alegría por la calle. Después de tanto insistir, ese mismo día le habían comprado la entrada.
“Pónganla en el medio”, gritaba su hermana protectora mientras le apretaba fuerte la mano. Estaban dispuestos a terminar el año con una fiesta inolvidable.
Pero la euforia que sentían todos los callejeros aquella noche desapareció en menos de un segundo. Una bengala se apoderaba del boliche República Cromagnon y comenzaba a intoxicar cientos de vidas que se esforzaban por escapar del terror. Los 12 años y 117 días de Laurita no soportaron el humo venenoso que inmediatamente penetró su cuerpo.
Resistencia
Laura estaba muerta y ellos cuatro padecían el horror. Ese horror que nadie entiende -aseguran- salvo los que estaban allí dentro. Florencia (24) y Juan Pablo (21) seguían internados en estado crítico y Federico (22) y Lucía (16) no podían dejarse caer.
Mientras se asomaban las primeras sensaciones de ese infierno, tenían que seguir luchando con todas sus fuerzas. Del velatorio y entierro de Laurita, corrían de un hospital a otro para visitar a sus otros hermanos.
La casa había quedado vacía. Y el dolor crecía día a día. Florencia y Juan Pablo fueron recuperándose de a poco. Y aunque hoy, a un año de la tragedia, los cuatro se van acomodando, todavía padecen Cromagnon.
Una nueva vida
Volver a vivir fue todo un trabajo. Después del shock del 30 de diciembre tuvieron que empezar a recomponerse muy de a poco para seguir adelante. Los llantos y la angustia de ese verano parecían definitivos.
Sin embargo, el tratamiento psiquiátrico, las charlas con sobrevivientes y familiares de víctimas, las innumerables visitas de amigos, les fueron dando energías. Pero por sobre todo, después de haber estado “encerrados con la muerte”, agradecen y se obligan a aprovechar esta segunda oportunidad.
“Si estamos vivos tenemos que vivir. No nos podemos quedar en el 30 de diciembre, adentro del boliche, toda la vida”, dice Federico a LANACION.com en el comedor de su casa.
Florencia, con la voz todavía lastimada, cuenta que aprendieron a apreciar cada instante: “Valoramos mucho más la familia, estar juntos, estar vivos. Gracias al amor uno puede seguir. Tenemos que crecer del dolor, no podemos vivir depresivos todo el tiempo”.
Un ángel en el cielo
Los mimos y caricias de Laurita se extrañan. “Cuesta superarlo incluso ahora. A pesar de que seguimos adelante, se siente que está, sabemos que está su espíritu, pero duele la falta física de ella. Abrazarla, ella era muy cariñosa con todos”, cuenta Florencia con los ojos inundados de lágrimas.
Trata de recomponerse y enseguida cuenta que para ellos Laurita es un angelito. “Ella era una guía acá en la tierra y ahora es una guía espiritual en el cielo. Nosotros somos muy creyentes y eso nos ayuda mucho”, señala.
Por otro país
La fortaleza de los chicos sorprende. Todos retomaron sus actividades: estudios, trabajos, deportes, amigos, salidas. Sin embargo, los une un nuevo propósito, el más importante: luchar para que el país cambie. “No nos podemos quedar esperando que una cosa así vuelva a repetirse”, aseguran.
Federico remarca la necesidad de despertar conciencias: “Hace unos meses fui a bailar con mis amigos. El lugar estaba repleto, no cabía ni un alfiler. A pesar de que habían salidas de emergencias habilitadas, había una hilera de bancos a un metro de ellas que obstruía el paso”.
Frente a eso, Federico decidió reclamar. La respuesta fue muy sencilla: del boliche, lo echaron los guardias de seguridad, y en la comisaría, le desestimaron la denuncia.
Están doloridos e indignados. Afirman que Cromagnon representa lo peor de la Argentina. Y contra ello deben pelear: “Esta vez nos tocó a nosotros, pero mañana le puede pasar a otros”, dice Federico.
“La lucha que nosotros hacemos es por justicia por nuestros hermanos, nuestros amigos, pero también la justicia es para todos los que estamos vivos”, concluye.
Notas relacionadas:
1
2Después de los therians, llegó el “Hobby dogging”: de qué se trata la nueva tendencia de pasear a perros imaginarios
- 3
Vuelta a clases: El ciclo lectivo 2026 arranca atravesado por conflictos salariales y déficits de aprendizaje
4Entre dunas y obstáculos artificiales: Una competencia de motos se corre en la misma zona donde hubo accidentes con UTV



