
“Es como una nave espacial al pie del glaciar”: el refugio de lujo para aventureros que está escondido en medio de la montaña
Explora El Chaltén está en la Reserva Natural Los Huemules y apuesta por excursiones, relax y gastronomía
8 minutos de lectura'

RESERVA NATURAL LOS HUEMULES, Santa Cruz.- “Estar acá es vivir en un sueño”, dice Mauro Fernández, que es guest experience manager de Explora El Chaltén. Este es un hospedaje de lujo que tiene la dinámica de ser un refugio de montaña visitado por viajeros de todo el mundo, que tienen en claro que la estadía será una aventura en uno de los sitios más remotos y vírgenes de la Patagonia. “Es como una nave espacial a los pies del glaciar”, agrega Fernández.
El complejo se halla frente al Marconi, un azulado paredón de hielo eterno y a 20 kilómetros del Lago del Desierto y la frontera con Chile.
“Una vez que comenzás a explorar, no hay vuelta atrás, todo nos llama a ir más allá”, sostiene Fernández. El espíritu del proyecto es estimular la exploración profunda en distintos niveles de dificultad en un entorno de belleza inigualable. “Nuestro impulso es explorar territorios remotos como un viaje a la conservación”, agrega. Explora está dentro de la Reserva Natural Los Huemules, una tierra prístina de 5500 hectáreas que limita con los Campos de Hielo Sur.
“Son la tercera reserva de agua dulce del planeta”, afirma Fernández. Alrededor de 60 glaciares se extienden en una fortaleza natural de hielo deslumbrante con uno que es icónico, el Perito Moreno, sobre el Lago Argentino. Explora como máximo puede recibir a 40 pasajeros, y está presente en Chile en la Isla de Pascua, Torres del Paine, el desierto de Atacama, y el Parque Nacional Patagonia. En Perú, en el Valle Sagrado. En nuestro país también tiene un lodge en El Calafate.
En El Chaltén está a los pies del cerro Eléctrico y del río homónimo. El 95% del territorio de la reserva es Patagonia salvaje y virgen, la intervención humana es casi imperceptible. “Es un lugar de extrema tranquilidad y descanso”, afirma Fernández.
Desde El Chaltén se tiene que seguir 17 kilómetros hacia el norte bordeando el río de Las Vueltas por camino de ripio. La visión del cerro Fitz Roy concentra todas las miradas. Alrededor de él se presentan como si fuera una dentadura monumental y amenazante, paredones verticales limados por el hielo y el viento, la Aguja Pioncenot de 3000 metros de altura, el Mermoz (2732) y el Saint-Exupéry, de 2558.
Rodeado de un bosque milenario de lengas y ñires, Explora se ve recién en los últimos metros del camino. Descubrir, revelar y conectar son pilares de la experiencia.
“Tolerablemente insignificante”
Desde el primer momento, el de la bienvenida, se hace hincapié en esa palabra. “Alegría por recibir a alguien que llega en el momento oportuno, ese es el significado de bien venir”, sostiene Fernández. Madera y vidrio, estos elementos dominan los ambientes. Un gran salón recibe a los turistas aventureros, también se ven equipos de andinismo y trekking y un mostrador con frutos secos, chocolate, infusiones, frutas y un pizarrón donde se comunican las expediciones programadas para el día y a qué hora.
Una frase de Mark Twain en un cuaderno de notas, que obsequian a los pasajeros, da una señal sobre el lugar y sus consecuencias emocionales: “Un hombre que se rodea de glaciares, poco a poco, llega a sentirse tolerablemente insignificante”.
“Los que vienen, lo hacen para explorar la Patagonia virgen y desconectarse del mundo”, dice Fernández. Nueve guías, dos coordinadoras de exploraciones y un jefe de exploración diseñan las travesías.
Existen 34 alternativas expedicionarias. Estas actividades, que son el motivo central por el que vienen los visitantes, se dividen en tres: exploraciones loged based, viajes nómades y a la Reserva de Conservación Explora. La primera usa el propio lodge como base, la segunda son travesías de 9 a 10 días para los que buscan adentrarse en el secreto y la intimidad de la montaña y la tercera, caminatas por la propia reserva.
“Es normal ver huemules, estamos en su territorio”, dice Fernández. El huemul es un ciervo nativo que se ve de manera exclusiva en los bosques andinos de Chile y la Argentina y está en peligro de extinción. Es considerado un “monumento natural”.
Inicio
Una de las expediciones más celebradas es la que va hasta el Lago del Desierto, el espejo de agua prístino que fue la causa del nacimiento de El Chaltén. En la década del sesenta, estas tierras remotas estuvieron a punto de ocasionar una guerra.
En 1965 se produjo un enfrentamiento armado entre gendarmes argentinos y carabineros chilenos. La frontera con el país transandino no estaba aún del todo clara y Chile pretendía quedarse con el lago y la tierra que hoy es la Argentina. En 1985, el gobierno nacional dispuso la creación de El Chaltén para fomentar la soberanía. El 12 de octubre de aquel año un temporal de viento asoló el pequeño valle donde se asienta y el acto fundacional se hizo en medio del vendaval. Las montañas avisaron que la vida allí no iba a ser fácil. Nunca lo fue.
Solo había una hostería y trece casas. Los primeros habitantes fueron empleados estatales. Los servicios eran escasos, solo había electricidad doce horas al día. Sin embargo, lo estratégico del enclave, la propia belleza coronada por el Fitz Roy, el encanto del bosque subantártico del Parque Nacional Los Glaciares (el pueblo está dentro de él) hicieron que El Chaltén se transformara en un poblado elegido para buscar una mejor calidad de vida.
En 1994 un jurado internacional falló a favor de la Argentina y el Lago del Desierto finalmente se pudo incluir en nuestra cartografía. Esto provocó la primera oleada de soñadores que se animaron a vivir entre glaciares. “Siempre se pensó en la próxima temporada, nunca en la próxima generación”, dice Maita Barrenechea, creadora de Mai10, una agencia de turismo de lujo pionera en promover destinos remotos y trabajar en su conservación.
Conoce El Chaltén desde los primeros años de su fundación y estuvo desde el inicio del proyecto Explora. “Siempre entendí el posicionamiento como un proceso acumulativo, hecho de relatos, tiempos y miradas diversas”, afirma Barrenechea. Su experiencia de más de cuatro décadas en turismo receptivo la afirma como una de las máximas referentes del área. Es además especialista para Condé Nast Traveller, la principal revista internacional del sector que todos los años elabora una lista de los principales destinos en el mundo.
“En ese contexto, y entendiendo lo que significaba la llegada de Explora, propuse a El Chaltén para la lista Where to Go in 2020”, dice Barrenechea. Desde aquel momento el pueblo está muy bien posicionado. Sin embargo, no hubo una correcta planificación urbana. En 1991 había 41 habitantes y en 2001, 371. Para 2012 más de 1000 y en la actualidad son más de 3000.
“Son ecosistemas de extrema fragilidad que necesitan de protección”, afirma Fernández. Explora consolida la escena con su Reserva Los Huemules. “El Chaltén es un tesoro turístico que corre el riesgo de sobreexplotación”, advierte Barrenechea. “El Chaltén necesita ser pensado como comunidad de montaña”, agrega.
“Muchas veces llegan personas luego de tomar tres aviones o de estar viajando dos o más días. Algunas vienen a la Argentina por primera vez, es una gran responsabilidad”, dice Fernández. La gastronomía juega un rol transcendental, también una biblioteca donde se exhiben libros de crónicas de viaje y de naturaleza. Literatura de exploradores, sobre todo mapas y catálogos de aves. Alrededor de 100 especies se pueden observar en los senderos.
“Es un lugar muy hostil y alejado. Trabajamos con los productos locales pero hacemos una cocina federal”, dice Romina Pozzebon, chef ejecutiva a cargo de la cocina de Explora. Honra esta idea y sus raíces: es misionera, así es que incluye mbeyu en su carta. Sabores guaraníes en tierra tehuelche. También trucha, cordero y verduras de una huerta orgánica de El Calafate. “La idea es que puedan conocer el país desde acá, con nuestros aromas”, afirma Pozzebon. Destaca las frutas finas y de carozo. Su método es sencillo y perfecto: “Cocino con todo lo que esté en su mejor momento”
Se detiene a ver los grandes ventanales donde la naturaleza muestra una coral y decorosa muestra de belleza: el azulado glaciar Marconi, el río Eléctrico, el bosque, las montañas. “Es otra Argentina, parece imposible que a más de 3000 kilómetros está mi tierra roja, Misiones, y continúe siendo la Argentina”, confiesa Pozzebon.
“Acá se trabaja en el lujo de las cosas esenciales”, sostiene Fernández. Sentir el agua correr, asimilar el silencio, contemplar las estrellas y los hielos eternos, sometidos al imperio del viento aullador glacial.
¿Qué es lo que atrae tanto de la Patagonia para que durante todo el año el flujo de visitantes sea alto y constante? “La Patagonia representa una idea que en gran parte del mundo ya no existe: la de una naturaleza vasta y casi intacta, donde la belleza es tan brutal que nos deja en silencio. Cielos abiertos, distancias infinitas, horizontes que mandan”, sostiene Barrenechea.
En un planeta convulsionado donde la calma es una emoción en extinción, como el huemul, este territorio todavía reproduce el eco de los primeros tiempos donde la naturaleza era el eje rector de los días. “Son paisajes extremos que no han sido domesticados del todo. Quedan muy pocos lugares así en el planeta”, concluye Barrenechea.





