
"Escribir me ha salvado de momentos oscuros"
La autora de "La casa de los espíritus" cuenta cómo la historia de Chile cambió su propio destino
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SAN FRANCISCO.- "Escribir me ha salvado de momentos oscuros, me ha permitido volver a evaluar mi vida, verla desde otra perspectiva -dice Isabel Allende-. Todo lo que he escrito ha nacido de alguna pérdida, de algún dolor profundo que he tenido que exorcizar a través de la palabra."
Y han sido varias las pérdidas que ha sufrido esta menuda mujer, de 56 años, que con su cálida mirada y sus brazos en permanente movimiento recibió a La Nación en su oficina de Sausalito, en la bahía de San Francisco.
Primero perdió un país, Chile, bajo la dictadura, y debió aprender a vivir en el exilio. Después fueron algunos amores, que dejaron como recuerdo dos hijos. Y más tarde, la muerte de su hija, Paula, que dio origen a un libro autobiográfico y por el cual todavía le llegan miles de cartas de España, Italia y los Estados Unidos.
En el pueblo de Sausalito, la oficina de la autora de "La casa de los espíritus" (1982), "De amor y de sombra" (1984), "Eva Luna" (1985), "El plan infinito (1991), "Paula" (1994) y "Afrodita" (1997), entre otras obras, ocupa una casa pequeña, junto a otra más grande, que alberga el estudio de su marido norteamericano, William Gordon, abogado. En la biblioteca de la sala principal descansan miles de libros; muchos son ediciones de su propia obra, traducida a 27 idiomas.
El lugar está atestado de souvenirs de diferentes viajes exóticos y de fotografías de familiares y amigos. Muchas de ellas han sido tomadas en Chile, donde aún viven sus padres.
Recuperar el país
La escritora, que nació el 2 de agosto de 1942 en Lima, donde su padre era diplomático, se exilió en Venezuela tras el golpe militar que derrocó a su tío, Salvador Allende, en 1973. Su obras, sin embargo, recorrieron el mundo, porque fueron best-sellers en América latina, Europa, los Estados Unidos y Australia.
"Viajo al menos una vez por año _agrega_, pero ya no es lo mismo que antes del exilio", aclara, mientras juguetea distraídamente con uno de sus grandes aros de origen indígena.
"Cuando escribí La casa de los espíritus , estaba tratando de recuperar el Chile que perdí. Y en cierta forma lo logré. Pero eso tiene su lado malo, porque yo tengo dentro del corazón un Chile congelado en los años setenta, que no tiene nada que ver con el Chile de los noventa", comenta.
"Como yo trabajaba en la tele y mi cara era conocida, cuando estaba en la calle me sentía como en mi propia casa. Tenía una relación natural con mi comunidad. Eso se terminó; nunca más he tenido esa sensación. Y desde el golpe militar me he sentido siempre extranjera en todas partes. Incluso ahora, cuando voy a Chile, no calzo allí tampoco", afirma con cierta resignación, aunque asegura que volverá a su país a morir.
-Al cumplirse 25 años del golpe de Pinochet, ¿cómo cree hubiera sido su vida si los militares no hubiesen tomado el poder?
-Yo estaría en Chile. Sería periodista y estaría feliz. Creo que hubiese tenido una vida mucho más externa. En cambio, la vida del escritor es más interna, más callada. Pienso que Chile habría evolucionado de una manera muy distinta. En aquel momento, mi país no tenía ninguna oportunidad. Estábamos en la mitad de la Guerra Fría y los Estados Unidos no iban a permitir jamás que el experimento chileno resultara, como sucedió en Cuba; estaba condenado al fracaso desde el principio. Ahora lo veo así, pero entonces yo y toda mi generación creíamos que todo era posible. Hoy en día Chile es un país exitista, materialista. Y hay una generación completa que no se enteró de lo que pasó antes y que tampoco quiere saberlo ahora; está en otra cosa.
-¿Qué siente al ver a Augusto Pinochet convertido en senador vitalicio?
-Una especie de resignación. No tengo una carga de odio, como antes. La verdad es que me parece un personaje menor. Muchos me preguntan si no me inspira para escribir una novela. La respuesta es no, porque me parece insignificante.
-Pero muchos lo apoyan...
-Es que hay gente que se tragó entera la píldora del anticomunismo. Hasta hay quienes niegan lo que pasó en Chile. Todavía estamos en una democracia condicionada, el Senado está amarrado. Y hay una amenaza tácita de que, al primero que haga olitas , va a haber otro golpe militar. No creo que eso sea posible, pero la amenaza está.
-Una prima suya, hija del presidente derrocado, es ahora diputada en el Congreso.
-Tiene la herencia de su padre y de la familia Allende. Ella es la única que puede llevar adelante esa bandera. Es un legado pesado, difícil de sacudirse.
-Usted está sumamente orgullosa de haber pertenecido a la primera generación de feministas chilenas. Sin embargo, no parece tener grandes aspiraciones políticas.
-No, me gustaría ser recordada como una abuela fantástica. Una casa, un marido que sepa cocinar, hijos grandes y niños jugando en el jardín conforman mi ideal de vida.
Un espacio para crear
Claro que no le debe faltar un espacio para escribir, una actividad que Allende considera tan apasionante como necesaria. "Cada libro mío es un intento de poner en palabras mi vida, para tratar de entenderla. Busco un mapa para salir del laberinto de la confusión que tengo en determinados momentos", explica.
A pesar de que se niega rotundamente a hablar de la novela que está terminando en estos días, desliza una pista: "La tenía en el corazón hace siete años, cuando se enfermó mi hija. Pensaba escribirla entonces, pero Paula cayó en coma. Y cuando volví a escribir, ya no pude dedicarme a la ficción. Hice una memoria, que es el libro sobre ella, y después publiqué un libro que no es ficción, Afrodita . Pensaba que estaba seca para la novela, aunque ahora volví al género. Pero no pienso decir más...".
-En "Paula" puso en evidencia su particular sensibilidad espiritual. ¿Cree que actualmente la gente busca una nueva espiritualidad?
-Creo, más bien, que hoy hay una especie de saturación del materialismo. Más gente se pierde en los bienes materiales, y parece que hubiera más infelicidad e insatisfacción. Entonces, hay una búsqueda de caminos espirituales alternativos, sobre todo de parte de las mujeres, que no se encuentran cómodas en las religiones tradicionales, todas muy patriarcales. O cambian esas religiones y se adaptan, o irán perdiendo feligreses en favor de otros credos. Yo, personalmente, no soy una persona religiosa, a pesar de que he pasado por todas, hasta el budismo. Pero ninguna me sirve. Entonces he tenido que ir inventando mi propia espiritualidad.
Los Estados Unidos, su nuevo hogar
Mientras vivía en Venezuela, en uno de sus viajes Allende se enamoró de su actual marido, Willy, como ella lo llama. Se casaron y se instalaron en California. Durante los últimos diez años, en su casa de San Rafael, del otro lado de la bahía de San Francisco, Allende ayudó a criar los anteriores hijos de su marido y ahora se ocupa de sus nietos.
"Acá tienes a la gente más rara del mundo. Está lleno de cosas que inspiran -dice con entusiasmo-. Yo vengo de un país muy homogéneo; de Norte a Sur, la gente habla igual, se viste igual, tiene la misma religión. Aquí, en cambio, se encuentran personas de todas las nacionalidades. Todo lo nuevo que hay en el mundo o nace aquí o bien termina aquí."
-¿Qué piensa del caso Monica Lewinsky?
-Me parece que es un escándalo estúpido. Es irracional que el país más poderoso del mundo se preocupe por si hay semen en el vestido de una gorda fea.
-¿Y Clinton?
-No creo que sea un ejemplo de hombre. Yo hubiera querido que esto no pasara, por su mujer y su hija. Además, por una satisfacción mínima puso en riesgo su papel en la historia.
-¿Cuáles son las cosas que más le agradan de su nuevo hogar?
-Este país te ofrece la posibilidad de reinventarte. Te aburres de quien eres hoy y mañana te inventas otra personalidad. Acá no cargan con el pasado como cargamos nosotros.
-¿Y con qué características norteamericanas no se siente tan cómoda?
-No me gusta la falta de sentido de comunidad y de familia. En este individualismo se quedan atrás los débiles, los viejos, los pobres.
-Como ex periodista, ¿qué piensa de los últimos escándalos en la prensa norteamericana, cuando se descubrieron artículos inventados?
-No puedo culparlos demasiado, porque yo hubiera hecho lo mismo (risas). Comprendo que no es ético, pero la tentación de la imaginación es tremenda. Cuando yo era periodista, no me acuerdo, pero seguro que inventé mucho. Por eso, finalmente, me dediqué a escribir ficción.


