
Estuvimos en el crucero del amor
La Nación compartió una navegación por el río con un alegre contingente de la tercera edad
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En términos exactos, está a años luz de ser un crucero por el Caribe, pero casi podría considerárselo su equivalente a la hora de ponderar las satisfacciones que la experiencia otorga a un grupo tantas veces postergado.
Se trata del viaje en el catamarán Libertad, que, destinado en forma gratuita a jubilados, se hace periódicamente con un recorrido de tres horas.
Parte del puerto de Olivos, frente a la intersección de las calles Corrientes y Vito Dumas, y se desplaza por el Río de la Plata, incursionando después por el río Luján hasta que finalmente -como plato fuerte de la travesía- "enhebra" las diversas islas del Delta.
"Hasta ahora hemos transportado a alrededor de 15.000 jubilados", se enorgullece Carlos Bartoloni, administrador del puerto de Olivos, autor intelectual de la iniciativa poco después de haberse hecho cargo de sus funciones, en 1993.
Ideas y patrocinadores
"Un día concebí la idea, basada simplemente en el deseo de hacer algo por gente que lo merece y que olvidamos más de la cuenta.Y no oculto que me hace feliz poder concretarlo", agregó.
Bartoloni destaca la valiosa colaboración que la idea ha encontrado siempre entre empresarios del norte bonaerense para poder alquilar el catamarán, a un costo de 10 pesos por persona y una suma similar para la provisión de un menú que se sirve durante el viaje.
"La promoción se hace a través de los centros de jubilados, y también nos encargamos de traerlos hasta el muelle en micros", acotó.
El sábado último se llevó a cabo el paseo número 100, de modo que el administrador portuario consideró el momento histórico y sumó el aporte personal de una generosa cantidad de botellas de champagne. E invitó a La Nación , "dejando de lado por primera vez la modalidad de no dar mayor trascendencia a esto, ni siquiera en el nivel periodístico", señaló.
Fiesta a bordo
Así, cronista y fotógrafo nos sumamos a los 220 viajeros (incluidos varios nietos) que, colmando la embarcación, poco después iban a demostrar que no constituyen una clase tan pasiva como se cree.
Pero antes de "vivirlo" desde adentro, dialogamos con muchos de ellos.
El ex colega Enrique González se encargó de reflotar la historia del desaparecido periódico El Combate, de Vicente López, que dirigió hasta 1965; Nemesio Aristimuño nos contó su paso por la sección Informática del Senado de la provincia de Buenos Aires; el singular vate Alberto Villagrán ("poeta de las cosas nuestras", dijo) recordó que hace unos 10 años La Nación publicó su exhortación a "hacer un picnic de poetas en una isla del Delta. Sólo vinieron cuatro -contó- y tuvimos que irnos rápido porque nos comían los mosquitos".
Agua y buen humor
Alguien con buena cantidad de millas náuticas en su haber resultó Lucía Mancini (81), en su cuarta travesía de este tipo.
Ex empleada de la Caja Nacional de Ahorro y Seguro, Lucía hace gala de tal experiencia para "aconsejar" a los primerizos, sobre todo a aquellos que muestran alguna aprensión cuando el catamarán ingresa en el tramo más abierto del río.
"No se preocupen que hay salvavidas para todos", dice, y enseguida agrega una respetable dosis de humor negro: "Bueno, no sé ahora, porque somos demasiados, pero de todas maneras las lanchas de Prefectura pueden estar acá en cinco minutos".
Y Felipe Bonafede relató cómo, cuando hacía la "colimba" en el guardacostas Pueyrredón (entonces buque escuela), en 1951 acompañó la repatriación de los restos de Mercedes de San Martín, Mariano Balcarce y de una de las nietas del Libertador, María Mercedes.
Una hermosa jornada se asoció a los festejos de este particular centenario. Ello, sumado a las reputadas virtudes del espirituoso brut, provocó la rápida generación de un clima que hubieran envidiado en el Titanic. Antes de hundirse, por supuesto.
A mover el esqueleto
El acompañamiento musical estuvo a cargo de los guitarreros y cantores Reinaldo Diodati (60) y Sergio Martínez (52, un sosias del ex delantero de Boca) que, con boleros como La barca, Noche de ronda o Tú me acostumbraste, volvieron a flechar el corazón de los veteranos, mientras que otros se sacudieron al ritmo de la cumbia, y el animoso anfitrión Bartoloni -extraño para el show folklórico, con su llamativa cabellera rubia- brindó un solo de malambo que le sacó lustre a la planchada.
Con diligencia y sonrisas, se las arreglaron para participar del trámite festivo los improvisados encargados del bar: el marinero Pablo Bellerda y sus ayudantes, Carla y Liliana, dándose tiempo para ello mientras servían sandwiches y destapaban botellas a granel.
En fin, nadie desentonó, ni siquiera don Pancho, un septuagenario que después de unas copas porfiadamente propuso un picado futbolero sobre cubierta y que cada tanto preguntaba si "alguien se acordó de traer una petaquita de whisky".
Claudicó en brazos de una rolliza jubilada cuando el dúo atacó con una letra irresistible: "¿Y qué hiciste del amor que me juraste...?".
¡Leven anclas!
Los viajes de jubilados en el catamarán Libertad se concretan a partir de anuncios que realizan los centros de jubilados y generalmente se programan para los fines de semana. Los interesados deben anotarse en un registro, en el que hay que consignar la cantidad de familiares que los acompañarán y, una vez completado un cupo de 122 pasajeros, se dispone la fecha de realización del paseo.
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