
Explotó un depósito de pirotecnia
Ocurrió en tres galpones que adjudican a un sobrino de Menem; para el intendente de Quilmes podría tratarse de un atentado.
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El riesgo de otro gran infierno similar al ocurrido en la ciudad cordobesa de Río IV se instaló ayer en la localidad de Monte Chingolo, partido de Quilmes, al registrarse una sucesión de estallidos de artículos de pirotecnia que se almacenaban en tres galpones situados en el predio del ex Batallón de Arsenales 601 Domingo Viejobueno, en Camino General Belgrano y Los Andes.
Los tres galpones -cuyo propietario es Jacinto Akil, según informó la jefatura departamental de Quilmes- quedaron reducidos a escombros y, milagrosamente, no ocurrió lo mismo con otros contiguos a ellos, sin vinculación con ese tipo de material.
Tampoco hubo víctimas, salvo el cabo Luis Acosta, del comando de patrullas de Quilmes, que sufrió quemaduras leves en un brazo.
Según el intendente de Quilmes, Fernando Geronés, los tres galpones eran alquilados por un sobrino del ex presidente Carlos Menem, que los había alquilado al Ejército Argentino. La pirotecnia era de origen importado, en su gran mayoría de China.
El jefe comunal, perteneciente a la Alianza, dijo al periodismo que "se presume la posibilidad de un atentado, por lo que se ha ordenado una investigación". Geronés precisó también que el peligroso almacenamiento había dado origen a un proceso judicial, que desde octubre último está a cargo del juez federal de La Plata, Ricardo Ferrer.
El magistrado había requerido que la firma Akil retirara la pirotecnia, lo que se concretó sólo parcialmente. Geronés explicó que la cantidad almacenada era tan grande que, aun retirando 500 cajas por día, se necesitarían más de 1000 días para vaciar los depósitos.
Las primeras detonaciones ocurrieron a las 3.30 en un galpón cercano a la calle Coronel Lynch, y fueron seguidas por un incendio, con llamas que llegaron a más de 15 metros de altura.
Aunque en la madrugada los bomberos consideraron controlado el siniestro, a las 10 se produjo la mayor deflagración cuando fueron alcanzados otros dos galpones, pese a estar separados del primero por varios metros.
La explosión fue de tal magnitud que se escuchó hasta más allá de la avenida Mosconi, situada a 20 cuadras del lugar, mientras los techos y ventanas de varias viviendas eran alcanzados por trozos de los elementos que habían explotado.
En un primer momento, los vecinos de la zona creyeron que se trataba de una situación similar a la que atravesaron habitantes de la ciudad cordobesa de Río IV, cuando el 3 de noviembre de 1995 estallaron depósitos de proyectiles de Fabricaciones Militares.
La temible presunción se incrementó al circular la versión de que la explosión de los fuegos de artificio podía alcanzar municiones del antiguo arsenal militar, que permanecían desde hacía muchos años alojadas en silos subterráneos.
Esto fue categóricamente desmentido, pero el pánico se adueñó igual de los pobladores por la existencia de tanques con sustancias químicas de alta volatilidad, por lo que una gran cantidad de vecinos optó por abandonar sus viviendas.
Marciano Tedeschi, con su mujer y sus cinco hijos, fue uno de los que huyeron. "Nunca había escuchado nada igual. Pero lo peor fue cuando me asomé y vi una nube blanca de unos 40 metros de alto, muy parecida al hongo de una bomba atómica", dijo a La Nacion, todavía asustado. La nube, efectivamente, pudo ser observada desde varios kilómetros de distancia.
El segundo incendio obligó el retorno de las autobombas, las ambulancias y otros vehículos de la Cruz Roja y de Defensa Civil.
Los integrantes de estos últimos cuerpos -junto con efectivos de la policía provincial- se dedicaron a controlar o desviar el tránsito. Finalmente, al mediodía, los bomberos anunciaron que el siniestro había quedado dominado y sólo se efectuaban tareas de enfriamiento.
Galpones reciclados
El predio, de casi 80 hectáreas, que en su mayor parte es un terreno baldío, con mucho pastizal, fue comprado en 1998 por la Unión Industrial de Quilmes (UIQ), que montó allí una treintena de galpones en los que las firmas asociadas (la principal es la empresa Daihatsu) desarrollan actividades diversas: fábricas de barras de hierro, laminados y perfiles, papeleras o distribuidoras de jugos.
Además, funciona una planta de Verificación Técnica Vehicular (VTV), concesionada para ese trámite por la municipalidad de Quilmes.
En total, trabajan allí unas 400 personas, pero los domingos -como ayer-sólo permanece personal de un servicio privado de vigilancia.
La UIQ ha intervenido en el tema como denunciante del almacenamiento de pirotecnia, apoyándose en el riesgo que implicaba trabajar allí, en proximidad de un material de esas características.
No obstante, el reclamo tropezó con un documento elevado al juez de la causa por Fabricaciones Militares en el que la dependencia señala que los galpones "cuentan con la habilitación correspondiente". Además, hizo notar que "no hay lugar apto para la reubicación del material".
Lo único que pudo hacer Ferrer fue disponer un allanamiento -cumplido días antes de las elecciones generales de octubre-, que culminó con la colocación de fajas de clausura en la puerta de los tres galpones.
"También se dispuso una custodia del lugar -comentó Ezequiel Frachia, que trabaja en el galpón 29, donde se fabrican máquinas viales-pero la vigilancia se fue diluyendo con el correr de los días."
Escenario de un combate
En la noche del 23 de diciembre de 1975, el Batallón de Arsenales 601 se convirtió en el escenario de un violento combate, cuando cerca de 300 guerrilleros intentaron copar el destacamento militar.
A las 19.45 se produjo el ataque de los subversivos, que habían llegado al lugar en varios camiones y automóviles robados en Wilde y Bernal, y estaban provistos de armas largas y ametralladoras.
La represión contó con el apoyo del Regimiento 3 de Infantería de La Tablada y el Escuadrón de Caballería Blindada 10, ambos dependientes del Cuerpo de Ejército I.
En los primeros momentos, los atacantes lograron copar parte del batallón, pero luego perdieron terreno. A la medianoche, la unidad había sido totalmente recuperada y se efectuaban operativos de rastrillaje por la zona. El combate dejó un saldo de 50 extremistas muertos. También perdieron la vida cuatro militares y dos policías.
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