
Extractos de sus escritos
El perito Moreno, un hombre de tres siglos. El regreso del Aconcagua.
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- El perito Moreno, un hombre de tres siglos. “Nada tiene tanta influencia como una visión preclara. Para prueba, la vigencia de viejas fotos y documentos del perito Francisco P. Moreno, que volvieron a la luz en la histórica sesión de la Sociedad Geográfica Real de Londres durante todo este mes, confirman que ese hombre excepcional supo ver a tanta distancia como para ejercer una acción provechosa desde el siglo XIX que se mantiene en el siglo XXI.
“El perito Moreno, un hombre multifacético que fue explorador, naturalista, geógrafo, educador, ecologista, filántropo y hombre de Estado a la vez, conserva todavía, ochenta y cuatro años después de su muerte, un imán indefinible y poderoso, capaz de ejercer una influencia positiva sobre el país que él mismo ayudó a construir, pese a que muchos de sus sueños aún esperan que los argentinos los concreten.
“Ni unos de otros de sus críticos (sectores de izquierda y de derecha) entendían que Moreno era uno de esos grandes liberales del siglo XIX, de aquellos que comprendían que el progreso y la modernización avanzan por encima de las fronteras, pero que estaban imbuidos, a la vez, de un fuerte sentimiento nacionalista.
“En realidad, esa dificultad para entender la necesidad de abrirse al mundo es la que subsistió hasta hoy en la Argentina y que explica, en buena medida, los retrasos y estancamientos sufridos por el país por la falta de adaptación al mundo real. Contra eso luchaba Moreno y también allí su mensaje es válido hasta hoy.” ( La Nación , 20 de abril de 2001)
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- El regreso del Aconcagua. “Voy caminando despacio sobre el piso blanco, cuidándome en cada paso para no correr el riesgo de un resbalón de imprevisible resultados. Camino totalmente solo en la inmensidad de la montaña, en un silencio casi absoluto, porque no hay viento, y aspirando un aire helado y penetrante como nunca he conocido antes. Cada tanto hago una parada, para llenar un poco más los pulmones con ese oxígeno enrarecido, y para llenar los ojos con las imágenes extraordinarias de la alta cordillera. (...)
“Camino solo porque arriba han quedado mis amigos de siempre, José Luis Fonrouge y Alex Outerial... Por mi parte, he decidido que la fatiga ya no me permite seguir más arriba. La falta de aire se nota a cada paso, y mi ritmo de marcha impediría que los demás continúen a la velocidad necesaria para cumplir con las etapas que faltan. (...)
“Así comenzó, entonces, uno de los más extraordinarios momentos que recuerdo de mis caminatas por los Andes. Disfrutando de un día limpio, con la satisfacción de sentirme dueño y responsable absoluto de cada paso, y con la serenidad extraordinaria que brinda una extensión interminable de montañas que se extienden hasta donde alcance la vista. (...)
“Nadie vuelve igual de un viaje de esos lugares de excepción. Nadie puede ser insensible a las enseñanzas que entrega la alta montaña como tampoco puede serlo ante las extremas condiciones del hielo continental. Allí se aprenden lecciones de paciencia, respeto a los que más saben, tolerancia permanente y esfuerzo individual combinado con la necesidad de trabajar en equipo, sea a la hora de cocinar o de armar un campamento como a la de marchar cumpliendo un itinerario a un ritmo previsto”. (De su libro “La Patagonia blanca”)
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