Federico Luppi, el mejor actor en el Festival de San Sebastián
El argentino habló con La Nación de su triunfo por el film "Martín (Hache)", de Adolfo Aristarain.
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"Vos sabés que yo nunca tuve uno de ésos en la mano", contestó Federico Luppi al teléfono, entredormido, cuando lo llamó ayer Adolfo Aristarain desde San Sebastián para avisarle del premio al mejor actor por la película "Martín (Hache)". "Algo agarramos _dijo el director_. Yo hubiera querido que la elección fuese más plena y ganara la película, pero bué." Tal vez ésa fue la respuesta porque, desde su proyección en el festival, la película argentina "Martín (Hache)" siempre fue firme candidata a la Concha de Oro en la muestra de San Sebastián.
Sorprendido entonces por su premio como actor, Luppi recibió ayer a La Nación en su departamento con balcón a la estación de Belgrano R. Y aclaró que, si bien no se debió a una cábala su ausencia en el festival (porque protagoniza en Buenos Aires la obra teatral "El vestidor"), ya dos veces (con las películas "Un lugar en el mundo", de Adolfo Aristarain, y "Sol de otoño", de Eduardo Mignogna), se ilusionó con ese galardón, y nada.
"En estos festivales se da una estructura psicológica, casi te diría omnipotente y pedante, porque cuando todo el mundo te dice que vas a ganar, uno se va a acostar creyendo que va a ser así... y no. Pero ésta me sorprendió. Yo tengo claro que un actor no gana si la película no es buena. Pero así es la vieja historia del poseedor y el desposeído: pan pa´ uno, hambre pa´ otro", dijo.
A los 63 años, Federico Luppi no corre el riesgo de marearse con los premios, pero igual "a uno lo reafirma, porque siempre se necesita la palmadita para demostrar que el trabajo sirve y que algún sentido tiene hacerlo. Los premios son siempre lindos para uno. Y no hay que desdeñarlos porque cuando lo gana otro uno lo envidia", admitió.
De todos modos, más allá del "masajeo para el ego", Luppi no adhiere a las leyes del éxito actuales, con lo cual no se considera "ganador". "Uno ha vivido siempre en una zona del mundo singularmente perdedora. Nosotros corremos contra máquinas muy poderosas. Entonces, este premio no adscribe a una ganancia material ni a un prestigio demasiado grande. Porque fuera de mi frontera, ¿quién es Luppi en Italia, o en Yugoslavia, o en Francia, o en los Estados Unidos? Puede ser que diez personas de cine me conozcan por allá, pero el resto..." Curiosamente, en San Sebastián fue premiada la película "Hombres armados", del americano John Sayles, que cuenta con la actuación de Federico Luppi.
Típicamente argentina
Su personaje en "Martín (Hache)" es Martín Echenique, un hombre divorciado de su mujer, de su familia y de su país, que vive y trabaja en España. Con algunos rasgos típicamente argentinos _rezongón, solitario, "mala leche", egoísta, gruñón_, en el fondo exhibe un agujero tremendo donde no hay afecto.
-¿Es cierto que dudó antes de hacer "Martín (Hache)"?
-Desde el vamos, de la lectura del guión, yo tuve una resistencia muy seria con la película. No por el personaje, que era hermoso; no por el tema, que era realmente atractivo, ni por el guión que era muy coherente, balanceado y bien armado. Sino porque todos sabíamos que nos metíamos en un film donde no bastaba actuar bien.
-Una inversión emocional bastante grande...
-Sí, porque había que meterse con cosas que no son agradables. Una cosa es hablar en términos genéricos de la vida, y otra es hablar concretamente de cuando los años te pasan por encima, las mujeres te dejan, los hijos no te entienden, uno no entiende a los hijos, tu mejor amigo es gay, la droga te jode pero no te importa, el exilio laboral, y la lejanía de toda posibilidad de armar una vida coherente, armónica, sensible y profunda.
Federico Luppi recuerda la escena del restaurante y la discusión que su personaje, Martín, tenía con Hache, interpretado por el joven actor Juan Diego Botto. "Yo veía a mi país como un lugar condenado, saqueado por los chorros y por gente de ideas fascistoides. Claro, esto dicho desde la bronca más que de la lucidez. Y esto lo prueba cuando se quiebra emocionalmente y recuerda los techos de Buenos Aires y hasta extraña el silbido de la calle, algo que no sucede en Madrid."
Viejos conocidos
Esta es la quinta película que Federico Luppi filma bajo la dirección de Adolfo Aristarain. Ya trabajaron en "Tiempo de revancha", "Ultimos días de la víctima", "Un lugar en el mundo" y "La ley de la frontera". Se conocieron hace unos veinte años, en el rodaje de la película "Una mujer", dirigida por Juan José Stagnaro, de la cual Aristarain era asistente. "Y ya somos amigos. Pero es extraño, porque él habla muy poco", aseguró entre risas. Ya casi no hay película de Aristarain que no lo cuente a Luppi. "Lo que hace un director de cine es muy parecido a un acto de canibalismo, en el sentido de que un actor debe ser un medio muy sensible a sus exigencias de autor de la película. "
Una carrera signada por los éxitos
"Que silbo los textos, que los digo como la mona, es absolutamente cierto. Pero es mentira que no vaya a la foniatra. Hace seis meses que estoy en tratamiento. Sí, yo hablo muy rápido. En los próximos dos años, o tres quizá, mi voz va a dar que hablar, será una de las mejores voces que se hayan conocido en el país." Cuando dijo lo que dijo, en 1967, Federico Luppi tenía 33 años, una vida que había comenzado en Ramallo, provincia de Buenos Aires, y era el galán de moda del teleteatro "Cuatro hombres para Eva".
Hoy, treinta años después, este hombre que acaba de ganar el máximo galardón actoral masculino en el prestigioso Festival de Cine de San Sebastián quizá no pueda decir, como entonces, que su voz es una de las mejores del país. Pero sí, aunque él no lo diga, es cierto que es uno de los mejores actores de la Argentina.
Desde aquel 1959 en que llegó a la Capital para estudiar teatro con Hedy Crilla ha pasado mucho tiempo. Su debut como actor en la pieza de Ricardo Halac "Soledad para cuatro". Su actuación en la TV en ciclos como "El amor tiene cara de mujer" y "Cosa juzgada". Su debut en el cine con "Pajarito Gómez", de Rodolfo Kuhn, primer escalón de una carrera con muchos de los mejores títulos de la cinematografía nacional.
Por ejemplo: "El romance del Aniceto y la Francisca" (que le valió el premio al mejor actor de la Asociación de Cronistas Cinematográficos), "Las venganzas de BetoSánchez", "La Patagonia rebelde", "Ultimos días de la víctima", "Tiempo de revancha", "Malayunta" (por la que ganó el premio al mejor actor en el Festival de Nantes, en 1986), "No habrá más penas ni olvido", "Plata dulce", "Un lugar en el mundo", "Sol de otoño" y "Bajo bandera".
Hoy, disfruta de otro premio y de las excelentes críticas y las salas llenas por "El vestidor", que lo devolvió con gloria al mundo del teatro, su otra gran pasión.
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