
Fernando Savater y el valor de la educación
Carpa blanca: el filósofo español apoyó el reclamo de los maestros y dijo que la escuela debe ser una prioridad del Estado.
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Fernando Savater es, a los 50 años, uno de esos autores que no dejan pasar doce meses sin dar a luz una obra. En la solapa de uno de sus últimos libros, "El valor de educar" (1997), este risueño vasco nacido en San Sebastián es definido como "filósofo, ensayista, narrador, dramaturgo, polemista y catedrático".
A esa lista de oficios habría que agregarle el de "optimista" o, como él prefiere llamarlo, el de "pesimista ilustrado".
"Si lo que nos ofende o preocupa es remediable, debemos poner manos a la obra y, si no lo es, resulta ocioso deplorarlo, porque este mundo carece de libro de reclamaciones", explica Savater en el prólogo de "El valor de educar".
Asiduo visitante de nuestro país -viene a la Argentina al menos una vez por año, para la Feria del Libro o, como en esta ocasión, para el premio Carlos Pellegrini, en el Hipódromo de San Isidro-, el autor de la "Etica para Amador" expuso a La Nación su opinión sobre los vaivenes de la educación.
El escritor se anticipó a la pregunta y puso sobre el tapete el tema de los maestros argentinos que ayunan hace más de ocho meses. "Con el reclamo sensato de la carpa, los docentes piden que se dignifique su figura, pero no sólo en lo salarial: exigen mayor atención social", afirmó.
En su opinión, la desvalorización del maestro no ocurre sólo aquí. "En España se usa la frase pasar más hambre que un maestro de escuela", contó, mientras se acomodaba sus grandes anteojos de carey.
Savater comentó que, hoy, el docente carga con nuevas responsabilidades, como la de enseñar a chicos con problemas de comportamiento. Según él, muchos padres han perdido su autoridad y los pequeños llegan a la escuela sin pautas previas de convivencia.
El costo de la ignorancia
El filósofo español cree que el Estado no debe esperar que sean la familia o el sector privado los que se encarguen de educar. "Bill Clinton, Tony Blair y Lionel Jospin lo entendieron e incluyeron este tema en sus campañas electorales", expresó.
Haciendo gala de su "pesimismo ilustrado", subrayó que la enseñanza exige una alta inversión. "La educación es cara, pero la ignorancia es, en el mediano plazo, mucho más cara que la educación. Las democracias sólo se desarrollan y se mantienen gracias a la enseñanza", afirmó.
"Cuando hablo de ignorancia _aclaró Savater_, me refiero a algo más que la falta de datos: no se trata de no saber cuál es la capital de Ecuador, sino de la incapacidad de leer críticamente la realidad." Es esta habilidad la que marcará el éxito o el fracaso social en el próximo siglo: "La diferencia de clases no estará marcada por la posesión de bienes, sino por la posibilidad de acceder sin intermediarios a las fuentes de la información".
En el epílogo de "El valor de educar", Savater escribe una "Carta abierta a la ministra" (en España, como en nuestro país, esa cartera está a cargo de una mujer). En la misiva, le desea "que no sea usted ministro demasiado tiempo". ¿Por qué ese consejo?, quiso saber La Nación .
"Es bueno variar -contestó, con mirada pícara-. Ya que ningún ciudadano es eterno, no veo por qué un funcionario tendría que serlo."






