
Fue asesinado el comerciante secuestrado el viernes en Flores
Su cadáver apareció con cuatro tiros en un descampado de Villa Trujuy, en Moreno
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Al empresario Alfredo Horacio Gil la Policía Federal lo buscaba desde el viernes último, luego de que sus familiares denunciaron que una banda de ladrones que los tomó como rehenes, les desvalijó la casa y hasta les comió la cena se lo llevó en su fuga.
Hasta ayer a la tarde las esperanzas de hallar con vida a Gil no habían desaparecido. El fiscal porteño Martín Niklison, a cargo del caso, hizo circular una foto del desaparecido. Y ese acto, pensado como una colaboración, fue el que, al cabo, trajo la certeza de un final trágico.
Dos efectivos de la comisaría 2a. de Moreno vieron la foto y reconocieron en ella el rostro del sujeto desconocido que habían hallado en un zanjón en el que hurgaban inquietos los perros de la calle en una zona de quintas de Villa Trujuy.
A las 17 de ayer, los familiares reconocieron a Gil al ver el cadáver en el hospital de Moreno. Le habían dado cuatro balazos, uno en un brazo, dos en el pecho y el que se cree fue el tiro de gracia, en la cabeza.
Para los investigadores, todo indica que a Gil lo llevaron desde Flores hasta Villa Trujuy directamente para matarlo. Estaba vestido con la misma ropa que llevaba puesta el jueves a la noche, cuando los dos delincuentes le coparon la casa del barrio porteño de Flores durante más de cuatro horas.
Fuentes de la causa confiaron a LA NACION que una vecina de la zona de quintas en la que apareció el cadáver escuchó gritos y, a continuación, disparos, aproximadamente a las 2.45 del viernes, sólo un par de horas después de que los asaltantes escaparon de la casa con el empresario como rehén, luego de haber dejado atada de pies y manos a la esposa de Gil.
Aún no hay noticias del Chevrolet Corsa Wind blanco, de tres puertas, propiedad del empresario asesinado y en el que fue llevado por los delincuentes como cautivo, ni de los bienes que fueron robados por los delincuentes que, entre las 17 y las 23 del jueves último, se apoderaron de 5000 pesos, electrodomésticos y joyas de la familia Gil antes de huir de la casa de la calle Balbastro al 2100, en Flores.
Tampoco hay testigos del homicidio, confiaron las fuentes. Aquella vecina que escuchó voces y tiros vive a la vuelta del lugar donde apareció, en la mañana del 31 de enero último, el cadáver de Gil, de 62 años. No sólo se deduce que no pudo ver lo que ocurría; la propia mujer dijo que ni siquiera se animó a salir a la calle por miedo.
Al borde de un camino
Así las cosas, hasta ahora sólo se sabe que a Gil se lo llevaron de Flores y terminó en una zanja, al borde de un camino, con cuatro balazos.
Según las fuentes, los forenses que revisaron el cadáver concluyeron que Gil pudo haber hecho un ademán para defenderse de un desenlace que, a la luz de lo ya conocido, era inevitable. Es que se presume que el primer disparo que recibió le dio en un brazo, por lo que los investigadores creen que trató de cubrirse el torso o el rostro.
Luego llegarían los balazos mortales: dos en el pecho y el que se piensa que fue el definitivo, en la cabeza.
Desde ahora, la Dirección Departamental de Investigaciones de Mercedes tiene a su cargo la investigación de las circunstancias relacionadas con la ejecución de Gil. Pero no trabajarán solos: ya actúan junto con los detectives del Departamento de Delitos Complejos de la Policía Federal, que investigaba desde la madrugada del viernes último la desaparición de Gil.
Estos detectives, especializados en la investigación de secuestros extorsivos, se hicieron cargo del caso precisamente a raíz de la privación ilegal de la libertad del comerciante.
Pero, según las fuentes, nunca hubo llamadas para pedir rescate, por lo que se temía el peor de los finales. La propia familia había reconocido que Gil no era un hombre de dinero, por lo que no existían motivos objetivos para que fuese objeto de un secuestro.
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